La política conduce a la economía y no al revés: deuda, FMI y la negativa a un ajuste

Economía

El Presidente realizó un balance de las medidas adoptadas en la pandemia. Criticó duramente el endeudamiento ejecutado por el expresidente Macri. El acuerdo del FMI irá al Congreso.

El Presidente ofreció ayer varios ambiciosos registros en el plano discursivo, pero sólo uno en términos de la audiencia que eligió para su mensaje. El titular del Ejecutivo les habló a sus votantes, los que lo acompañaron en la elección de fines de 2015, y aquellos que potencialmente podrían acompañar al Gobierno en las próximas elecciones. No hubo mensajes para el mercado. Tampoco para el sector más politizado del campo, ni del empresariado habituado a promover el vademécum temático de Juntos por el Cambio. Al margen de la mención a los proyectos de reformas a la Justicia y las criticas a la oposición, el Presidente pareció querer recuperar el rol de conductor de los principales temas económicos, a los que, dejó en claro, debe guiarlos la política. Es la economía conducida por la gestión política y no al revés. Tratándose de un año electoral, el Presidente propuso un derrotero que tiene como premisa respetar las prioridades, de abajo hacia arriba, abordar la problemática de las tarifas dolarizadas, ponerle un freno a la escalada inflacionaria, promover la política energética, premiar los procesos de valor agregado en el mundo agropecuario y sobre todo, devolverle al salario el rol que perdió en los últimos años. Suena ambicioso y lo es, sobre todo teniendo presente que la pandemia aún no dejó de pegar donde más duele. A favor, los registros de los últimos dos meses muestran una economía que ya tracciona más actividad que los meses sin pandemia del 2019. La industria en niveles superiores al último tramo de Cambiemos, y el comercio en vías de recuperación. La construcción, por otro lado, se alza como la gran esperanza, una maquinaria que promueva una recomposición en materia de empleo y permee rápido a los sectores más postergados.

El Presidente destacó la gestión del ministro Guzmán, sus logros, anunció que instruyó “para que se inicie una querella criminal para determinar quiénes han sido los partícipes de la mayor administración fraudulenta y malversación de caudales que nuestra memoria recuerda”. “No hay más lugar para ajustes recesivos”, señaló Fernández en un mensaje que arrancó aplausos y que, quizás, haya llegado a oídos de Kristalina Georgieva, la titular del FMI.

Fernández se refirió a la unidad nacional, la posibilidad de un país sin grieta, la profunda idea de políticas de Estado que contengan a la ciencia y tecnología como vehículo para la producción, olvidadas en la gestión anterior. Sin embargo, es cierto que también, Alberto Fernández recuperó ayer parte de aquello que lo hizo llegar a la presidencia, las principales ideas económicas y, por ende, sociales, que prometieron devolverle una mejor calidad de vida a millones de argentinos, basado en una mejora en el empleo, el poder adquisitivo, y la tan ansiada movilidad social ascendente. En ese universo, dos ejes marcaron el comienzo del gobierno de Fernández y ayer volvieron a ser convocados: por un lado, la asistencia social y la relevancia del Estado como garante de la dignidad en términos alimentarios de millones de familias. Por otro, la tan necesaria revisión de los desmanejos financieros de la gestión macrista, cuyo epicentro fue el préstamo del FMI. Anunció además que se investigará a funcionarios de la administración anterior por “administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos”. Y recordó que el flamante presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Mauricio Claver-Carone (quien fuera director del Fondo Monetario Internacional en representación de la administración de Donald Trump), empujó la concesión del préstamo de u$s55.000 millones a la administración de Cambiemos “para favorecer al entonces presidente Macri en la búsqueda de su reelección”. En lo que fue el punto alto de su discurso, Fernández señaló: “Endeudar al país de ese modo, permitir que los recursos que ingresaron solo hayan posibilitado la más asombrosa fuga de divisas que nuestra historia registra y que la toma de semejante crédito haya sido resuelta entre gallos y media noche, sin intervenciones jurídicas y técnicas previas, con total irresponsabilidad y a espaldas de este Congreso Nacional, no puede ser visto de otro modo que no sea una administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos como nunca antes habíamos registrado”.

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