Desafío dos: Moreno

Economía

• Expuso Guillermo Moreno como economista ante el Senado, habló de la inflación del pasado y de lo baja -para él, el INDEC es científicamente perfecto- que está ahora. Como si diera un examen ante una mesa oficialista. Felices de los que creen y no van al supermercado.

• Atacó a quienes lo señalaron como mentiroso hace 48 horas: Alieto Guadagni y Javier González Fraga; a uno lo acusó de haber destruido la Secretaría de Comercio por razones ideológicas (en tiempos del peronismo, obvio) y, del otro, dijo que trabaja de consultor: "el que sabe sabe; el que no es consultor", fue su frase feliz.

• Aseguró que los costos los tiene que hacer el Estado (amenazó a los sojeros diciendo que los estaba analizando) y que su Secretaría ocupauna de las funciones más importantes del gobierno. "Si controlamos los costos, podemos determinar las ganancias en las empresas y si hay rentabilidad desmesurada". Extraño en un peronista de barrio tanta inclinación por la metodología del control soviético.

• Confesó su inquietud para que "me bajen la tasa de interés". Mensaje a los bancos, que la suben -presuntamente- por voracidad, como si no hubiera inflación ni desconfianza. ¿Empezará a citar banqueros para fijar la tasa? Lo hace, claro, para que las empresas se financien en el país al mismo costo que en el exterior. Parece ignorar que las empresas no consiguen crédito en ninguno de los dos lados. No hubo muchas preguntas: lo dejaron hablar solo, como si tuviera razón.

Guillermo Moreno fue el protagonista ayer de la última reunión de comisiones en el Senado, donde se debatió la ratificación de las retenciones móviles. Al final de una larga explicación sobre las razones de la inflación en la Argentina, la forma en que se miden los precios y una denuncia de la oposición por haber llegado al Senado acompañado de guardaespaldas, el secretario de Comercio Interior terminó advirtiéndoles a los productores que está estudiando la «estructura de costo del complejo sojero». Toda una amenaza proviniendo del hombre que decide cuánto vale la leche, la carne y el resto de los productos que venden en góndolas. Es decir, el funcionario quiere sentarse a analizar cuánto le cuesta al campo producir la soja para, a partir de allí, fijar un nivel de rentabilidad que para el gobierno no sea extraordinario. Difícil cuando los precios varían dramáticamente de una provincia a otra.

Tal como sucedió en Diputados, el último día de los debates de las comisiones de Agricultura y Presupuesto y Hacienda del Senado estuvo dominado por funcionarios oficiales. La mañana arrancó con el equipo de la Secretaría de Agricultura, liderado por Javier de Urquiza. Hubo allí un repaso de la necesidad de implantar las retenciones móviles y análisis del impacto que producen en cada sector de producción. Para entonces, Morenoya había llegado al Salón Azul del Senado y ocupado su lugar. Ese primer tramo terminó con un cuarto intermedio. Muchos pensaron que Moreno no volvería al salón, enojado por la denuncia del radical Gerardo Morales por haber hecho ingresar a la reunión a uno de los piqueteros que generaron los disturbios en el INDEC contra los funcionarios desplazados allí.

Pero no fue así. A la vuelta del cuarto intermedio, el secretario de Comercio Interior comenzó su larga explicación. Todo fue precedido por una clase de economía que bien podría haberse escuchado en alguna universidad pública durante los años 70. Más tarde comenzaron las acusaciones. A los productores comenzó diciéndoles que los datos que dan a conocer «no son precisos, a veces a propósito».

No parecía ser el tema del día, pero igual se tomó su tiempo para defender la veracidad de los índices que elabora el INDEC: «Las estadísticas oficiales dan la certeza de los datos y lo demás son presunciones que se vuelcan en función de quienes les paguen». Así trató de mentirosas a las consultoras que dan datos inflacionarios que, en muchos casos, triplican los suyos.

Y hubo también definiciones de política económica preocupantes: «Los costos los tiene que hacer el Estado», dijo.

Fue el momento en que, para defender su estilode lucha contra la inflación, atacó a Alieto Guadagni y al ex presidente del Banco Central Javier González Fraga, que el miércoles habían sido las voces más críticas contra el gobierno en las audiencias del Senado.

Tomando en cuenta que Moreno reivindica la función del Estado de «hacer costos», a Guadagni le imputó «haber destruido la Secretaría de Comercio durante el gobierno de Carlos Menem; ese era el único ámbito donde había cien expertos capaces de hacer costos», dijo. «Eso fue ideológico, sin duda». Los senadores, incluidos los del propio kirchnerismo, lo seguían asombrados. Obviamente, acto seguido reivindicó al gobierno de Néstor Kirchner por haber reconstruido la Secretaría de Comercio Interior.

A González Fraga lo recordó como el «titular del Banco Central durante una de las hiperinflaciones que tuvo el país». «Ahora trabaja como consultor», explicó, entre risas: «El que sabe, sabe; y el que no es consultor».

Pocos entendieron su explicación sobre las tasas de interés. Como quien habla de una cuestión personal, dijo: «Necesito que me baje la tasa de interés a nivel internacional para que las empresas se financien aquí al mismo costo que en el exterior, por eso es necesario bajar la inflación». No explicó Moreno por qué, si la inflación está controlada, como él mismo expresó que había conseguido, las tasas siguen disparándose en el país. Hubo tiempo también para alabar la inexistencia actual de déficit fiscal y el logro de tener un «superávit comercial de más de 10 mil millones de dólares, lo que hace a nuestra economía sustentable en materia de comercio externo».

Si los tamberos esperaban alguna solución para sus problemas de costos, Moreno ayer los decepcionó. Cuando habló de la leche, explicó que gracias a que las empresas lecheras pagan $ 0,95 el litro a los tamberos, «pueden colocar el sachet de leche a 1,90». Si no hubiera retenciones, el valor al productor estaría en $ 1,50, explicó. Todo terminó con una advertencia: «El sector agropecuario goza de una gran rentabilidad, hay que evitar construir una clase que se acostumbre a vivir de rentas, como sucedió a principios del siglo pasado en la Argentina».

Dejá tu comentario