2 de mayo 2003 - 00:00

Fricciones inevitables ya entre Kirchner y Duhalde

Le cayó pésimo al santacruceño la frase: Kirchner al gobierno, Duhalde al poder. No le sienta la comparación con el '74: aunque él haya sido adicto -como todos los cercanos a las formaciones especiales- al dentista de Giles, hoy no se asemeja y critica su felpudismo partidario, naturalmente jamás aceptará que el actual Presidente sea Juan Perón. Si hasta lo ha descalificado a Duhalde en exceso, en el pasado claro (lo trató de «mafioso») y consintió asociarse al proyecto común bajo la dudosa ética de «si enfrentamos la mafia del menemismo, sólo podemos vencerla con la mafia del duhaldismo».

De ahí que, por más amablemente que hable varias veces por día con Eduardo Duhalde, ninguna gracia le hace que le armen su futuro gabinete -para el caso que gane-, tarea entusiasta y apresurada del aparato bonaerense (también se abalanzan sobre el gobierno de Buenos Aires). Curioso: ya habían retirado los bártulos de sus oficinas y, desde el lunes, volvieron presurosos a las mismas oficinas reclamando más cargos y despachos.

El patagónico, acostumbrado a caminar sobre el hielo sin caerse, observa que ese entrenamiento quizá no le sirva para confrontar con los duchos prebendarios del duhaldismo. De ahí que en Santa Cruz, en el reposo del exitismo por su segundo puesto -que considera ya primero para el 18 de mayo- se plantea otra realidad: no conceder ni un espacio a los sedientos bonaerenses a partir del 25 de mayo si alcanza el poder. A pesar, claro, de que también pretende que ninguna jugada equivocada lo convierta en Juan, el breve.

Hay una coincidencia implícita con Duhalde desde antes: compartir responsabilidades hasta el 10 de diciembre, fecha en que iniciará otra administración. Ese plazo fijo también supone otro objetivo: si todo va bien hasta entonces, desde el Estado apoyar y encerrar al duhaldismo en Buenos Aires y conseguir, a cambio, el respaldo de este sector para que su ciclo en el Ejecutivo se prolongue por otros 4 años. No es lo que piensan muchos bonaerenses, quienes descuentan su dominio de la provincia y aspiran para su jefe el regreso al poder en 2007. Todos, claro, con la lógica triunfalista del político: comerse al chancho antes de cazarlo.

• Cuestiones personales

Difícil conciliábulo, entonces, donde participan cuestiones de tipo personal en apariencia desagradables. A Néstor no le gustó que Hilda Chiche Duhalde lo tratara de «Néstor» en la conferencia de prensa del domingo, como si fuera su ahijado -el mismo tratamiento le reservó a Scioli, «Daniel», quien sí disfruta por esa protección-, ya que tanto él como ella rondan la misma edad. Pequeñeces, sin duda, pero que los kilómetros de distancia en ocasiones agrandan. Tampoco en Lomas agradó una frase del candidato: «Yo no le debo nada a nadie». Allí la corte brama: ¿acaso piensa que en La Matanza obtuvo 12% de diferencia sobre Carlos Menem por su carismático liderazgo? ¿Cree que ganó en Jujuy y en Formosa por su propia influencia o por los fondos que la Rosada le envió a esas administraciones?

El mar de fondo es obvio y, por supuesto, nadie sabe cómo será el gabinete de Kirchner si obtiene el cargo. Por ejemplo, ¿irá su propia hermana -mujer con virtudes más reconocidas que las del gobernador- a controlar Acción Social o, esa área, se le derivará a la esposa del actual Presidente, Chiche, tan ansiosa en su vocación benéfica por repartir y hacer obra? Para evitar una discusión de ese nivel, su hermana bien podría quedarse en las gateras: Kirchner puede convencerla, conducirla, como dicen que hace con su impetuosa mujer, Cristina, senadora imposible de encuadrar salvo por su esposo. Gran diferencia con Duhalde en esa materia.

La Jefatura de Gabinete no es un cargo que sueñe el duhaldismo, se lo reserva al posible mandatario. Y él, en apariencia, duda entre dos hombres: su más cercano y añejo colaborador, Carlos Alberto Zanini (titular del tribunal de Justicia), y el llegado en los últimos meses, antes duhaldista, el abogado y operador Alberto Fernández (confidente, por apellido, de la esposa del gobernador). Ese cargo, como el área presidencial, seguramente quedará en sus manos, aunque tal vez Duhalde pueda dejar un vigía como José Pampuro (el hombre que más traficó en la interna para las posibilidades de Kirchner).

Los litigios empiezan por los otros ministerios. Si Alfredo Atanasof mudó por distintas áreas -una era Trabajo-, nunca cuestionado por personalidad o hábitos, otros candidatos tropiezan, en cambio, por sus propias cargas. Los más notorios: Aníbal Fernández y Roberto Lavagna. Para el santacruceño, los dos hombres representan opiniones -o intereses-que tal vez no comulguen con sus propuestas. A Fernández se lo observa por su participación en el tema de la venta de Pérez Companc a Petrobrás (avalado por Oscar Vicente, también habitual del gobernador) y por auspiciar proyectos -como el de Gas Natural Comprimido- sin insertarlo en un plan general de energía. Tampoco hay buena empatía entre ambos. Tal vez sea
una cuestión menor, pero singularmente Fernández se integra en esta iniciativa con Lavagna, también propulsor del GNC. Para la gente de Kirchner, hay demasiada intimidad del lado económico con las propuestas que hace tiempo impulsa el empresario Vittorio Orsi (quien, en el pasado, estuvo a cargo del área construcciones de Pérez Companc).

En el Sur se entiende que ciertos grupos productivos, hoy fervientes sostenes de Lavagna, tal vez no reúnen los mismos objetivos del actual gobernador.

Avanza como propio de Kirchner, para el gabinete, Carlos Tomada -alguien que supo asesorar a una parte del justicialismo que se asoció en su momento a RaúlAlfonsín-, vinculado a núcleos sindicales y con características razonables para Trabajo. Difícilmente se desprenda por ahora Kirchner de Ginés González García y seguramente convocará a la pareja de Juan Pablo Lohlé (Cancillería, quizá) y Susana Decibe (Educación, aunque para este cargo también se menciona a Osvaldo Devries, un ex grossista) ya que paga por uno y se queda con dos. Conflictos en cierne también habrá con Felipe Solá: hubo más que chisporroteos entre ambos -al santacruceño se le reconoce dificultad para disipar los rencores- y, entre ambos, hay una diferencia económica de magnitud: si Kirchner produce cambios económicos, una de las áreas a las que se lanzará con mayor ahínco es la de pesca, la misma a la cual el gobernador no fue ajeno en otros tiempos. Esto es lo que se afirma en el Sur, aparte de que el modelo Lula -en cuanto al sorpresivo giro desde que llegó al poder- tal vez sea una gestión a imitar.

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