Fricciones inevitables ya entre Kirchner y Duhalde
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El mar de fondo es obvio y, por supuesto, nadie sabe cómo será el gabinete de Kirchner si obtiene el cargo. Por ejemplo, ¿irá su propia hermana -mujer con virtudes más reconocidas que las del gobernador- a controlar Acción Social o, esa área, se le derivará a la esposa del actual Presidente, Chiche, tan ansiosa en su vocación benéfica por repartir y hacer obra? Para evitar una discusión de ese nivel, su hermana bien podría quedarse en las gateras: Kirchner puede convencerla, conducirla, como dicen que hace con su impetuosa mujer, Cristina, senadora imposible de encuadrar salvo por su esposo. Gran diferencia con Duhalde en esa materia.
La Jefatura de Gabinete no es un cargo que sueñe el duhaldismo, se lo reserva al posible mandatario. Y él, en apariencia, duda entre dos hombres: su más cercano y añejo colaborador, Carlos Alberto Zanini (titular del tribunal de Justicia), y el llegado en los últimos meses, antes duhaldista, el abogado y operador Alberto Fernández (confidente, por apellido, de la esposa del gobernador). Ese cargo, como el área presidencial, seguramente quedará en sus manos, aunque tal vez Duhalde pueda dejar un vigía como José Pampuro (el hombre que más traficó en la interna para las posibilidades de Kirchner).
Los litigios empiezan por los otros ministerios. Si Alfredo Atanasof mudó por distintas áreas -una era Trabajo-, nunca cuestionado por personalidad o hábitos, otros candidatos tropiezan, en cambio, por sus propias cargas. Los más notorios: Aníbal Fernández y Roberto Lavagna. Para el santacruceño, los dos hombres representan opiniones -o intereses-que tal vez no comulguen con sus propuestas. A Fernández se lo observa por su participación en el tema de la venta de Pérez Companc a Petrobrás (avalado por Oscar Vicente, también habitual del gobernador) y por auspiciar proyectos -como el de Gas Natural Comprimido- sin insertarlo en un plan general de energía. Tampoco hay buena empatía entre ambos. Tal vez sea una cuestión menor, pero singularmente Fernández se integra en esta iniciativa con Lavagna, también propulsor del GNC. Para la gente de Kirchner, hay demasiada intimidad del lado económico con las propuestas que hace tiempo impulsa el empresario Vittorio Orsi (quien, en el pasado, estuvo a cargo del área construcciones de Pérez Companc).
En el Sur se entiende que ciertos grupos productivos, hoy fervientes sostenes de Lavagna, tal vez no reúnen los mismos objetivos del actual gobernador.
Avanza como propio de Kirchner, para el gabinete, Carlos Tomada -alguien que supo asesorar a una parte del justicialismo que se asoció en su momento a RaúlAlfonsín-, vinculado a núcleos sindicales y con características razonables para Trabajo. Difícilmente se desprenda por ahora Kirchner de Ginés González García y seguramente convocará a la pareja de Juan Pablo Lohlé (Cancillería, quizá) y Susana Decibe (Educación, aunque para este cargo también se menciona a Osvaldo Devries, un ex grossista) ya que paga por uno y se queda con dos. Conflictos en cierne también habrá con Felipe Solá: hubo más que chisporroteos entre ambos -al santacruceño se le reconoce dificultad para disipar los rencores- y, entre ambos, hay una diferencia económica de magnitud: si Kirchner produce cambios económicos, una de las áreas a las que se lanzará con mayor ahínco es la de pesca, la misma a la cual el gobernador no fue ajeno en otros tiempos. Esto es lo que se afirma en el Sur, aparte de que el modelo Lula -en cuanto al sorpresivo giro desde que llegó al poder- tal vez sea una gestión a imitar.




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