Dicen que el hombre es el único animal capaz de cometer una y otra vez el mismo error. Al 27 de octubre, el S&P500 perdía 42,18% en el año. En las seis ruedas posteriores el índice salió disparado hacia arriba, y al 4 de noviembre se recuperaba 18,47%, por lo que muchos comenzaron a hablar de un rally y que los malos tiempos habían quedado definitivamente atrás. Pero las siguientes 12 ruedas demostraron dolorosamente su equivocación, y al 20 de noviembre el S&P500 desandaba 25,18%, bajando el acumulado anual a -48,76%. De la mano de una serie de noticias (que mencionamos oportunamente), las cinco ruedas siguientes vieron otra vez al S&P500 empinarse un impresionante 19,11% y a los parlanchines de todo tipo, color y nacionalidad insistir con su cantilena de un rally y el final del malhumor (esto es, al domingo pasado). No sabemos qué pasará hoy y mucho menos en las ruedas siguientes, pero la brutal baja de ayer (el Dow retrocedió 7,7%, cerrando en 8.149,09 puntos y el S&P500 se desbarrancó 8,93%) sugiere que acabamos de ver el que tal vez sea el mejor ejemplo de una "trampa de osos" (para atrapar a los "alcistas") de la historia, suponiendo que esto existe. En cuanto a las noticias, es claro que Hillary Clinton poco tuvo que ver con el desplome accionario, la huida hacia los treasuries (la tasa a 10 años cerró en 2,673% y a dos en 0,882%) o el derrumbe de los commodities (el petróleo quedó en u$s 49,29). Más importantes fueron la desaceleración de la economía china (si no aumenta más de 7% no puede absorber el crecimiento natural de su población), el "ruido" en torno a algunos hedge funds "pesados" o la confirmación de que la recesión norteamericana arrancó hace un año y sería la más larga desde la crisis del 30. En realidad, las justificaciones puntuales no importan demasiado, lo importante es que prima la desconfianza.
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