11 de abril 2002 - 00:00

Gobernadores PJ piden fondos por apoyo al FMI

Los gobernadores peronistas plantearán el peor escenario que podía imaginarse en el umbral de un acuerdo con el FMI: condicionarán en una cumbre en Olivos con Eduardo Duhalde, que esta noche viaja a Costa Rica, el apoyo al plan que reclaman los delegados del organismo que visitan el país a que Nación les cumpla con la regularización de los envíos de fondos.

El vocero de esa posición será el salteño Juan Carlos Romero, según decidieron ayer esos mandatarios en una reunión en la sede porteña del Consejo Federal de Inversiones, y tiene un límite no dicho. Todos admiten que es imposible abandonar al gobierno en este tramo de la discusión del acuerdo, pero eso no será gratis, ni aun ante un gobierno de su mismo partido.

Se quejarán de que Nación puede insistir en no cumplir con el piso de coparticipación de marzo (prometido por Duhalde), en el atraso de envíos de la coparticipación de la ley del cheque. El cuadro de la caída de la actividad, de la recaudación y sentirse marginados de las retenciones (tributo no coparticipable que usa Nación para financiarse) lo consideran los gobernadores algo inaceptable si es que Duhalde sufre la presión del FMI de un apoyo explícito de las provincias. Estas retenciones obsesionan a algunos gobernadores. «¿Las protestas por las retenciones pueden golpear a un gobierno?», preguntó a sus colegas Carlos Reutemann. «Acá, un gobernador cae sólo si se dispara el dólar», le respondió un gobernador de la Pampa Húmeda.

Esto lo vivió ayer el gobierno, cuando se vio sometido a la máxima presión de los delegados del FMI que visitan el país encabezados por el indio Anoop Singh. En el almuerzo que le sirvió Jorge Remes Lenicov junto con su equipo, el emisario de Washington repitió con esa crudeza que permiten los diálogos a puertas cerradas un pliego de condiciones al gobierno argentino que los anfitriones interpretaron como en el borde de la irracionalidad.

«No les creemos y por eso les pedimos pruebas de conducta»,
sentó doctrina Singh apenas empezó el almuerzo. «¿Qué pruebas?», pidió Remes mirando a su staff como indicándoles que debían escuchar bien lo que venía.

«Miren -dijo Singh cuidando que lo entendieran sus traductores, tiene dos-, a ustedes los funcionarios les creemos, sabemos que hacen el esfuerzo y entienden la situación. Pero todos los días escuchamos voces contrarias al programa, y con la fama que se han hecho ustedes les tenemos que pedir pruebas de que toda la dirigencia va apoyar el programa. Esas pruebas -indicó como en un relato de 'Las mil y una noches'- son dos.» Y enumeró.

• Prueba 1: que el Congreso vote los tres proyectos que considera clave el FMI. Primero, el pacto fiscal con las provincias, (que se trataba anoche en Diputados y que demoraba una querella entre Economía y la gobernación de Córdoba). Segundo, los proyectos de Ley de Quiebras y derogación del delito de subversión económica. «Eso está», le respondió la mesa que integraban, además de Remes, Mario Blejer, los secretarios Jorge Todesca, Lisandro Barry y el subsecretario de Relaciones con las Provincias, Juan Carlos Pezoa.

• Prueba 2: que las provincias se sujeten a un seguimiento mensual de sus economías en el cumplimiento del pacto fiscal, que las obliga este año a reducir el déficit de 2001 (que fue de $ 5.000 millones) en 60%. Mensual quiere decir un control de caja según un mecanismo que las autoridades se comprometieron a estudiar para el fin de semana previo a la partida de Singh de regreso a Washington (viaja junto a Remes, que va a la cumbre del FMI). ¿Y si una provincia no cumple?, respuesta implacable: «El programa se cae».

Como el almuerzo era para un repaso de la agenda («marcamos la cancha», ilustró por la noche Remes a sus allegados), se puso toda la bijouterie sobre la mesa:

• Rescate de bonos. El indio Singh confirmó que desde la firma del acuerdo, que será nomás en la primera semana de mayo, habrá disponible un financiamiento alternativo de cerca de $ 2.000 millones para pagar el cese de la emisión de bonos provinciales hacia futuro. Se habló y mucho, aunque sin final para el debate, sobre qué hacer con los bonos que ya están en circulación. Singh pidió que se le elimine la posibilidad de pagar impuestos nacionales con los patacones, una herramienta para licuar ese papel ya amenazado por la inflación. Remes negó esa posibilidad: hay 1,5 millón de argentinos que usan patacones y, si no se pueden pagar impuestos, ninguna empresa los va a recibir.

• Cayó sobre la mesa otro demonio que también fue aplastado por Remes: derogar el pacto Nación-Buenos Aires que permitió la emisión misma de los patacones. Esa posibilidad se había hablado en la mañana de ayer en un aparte del gabinete por sugerencia nada menos que de
Carlos Ruckauf, hoy canciller y ayer firmante con Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo de la autorización para imprimir, en aquel entonces, el equivalente de una masa salarial, unos $ 460 millones. Eduardo Duhalde, al escuchar esa propuesta, la consideró un atentado a su heredero Felipe Solá. Previendo que éste reaccionase ante ese debate, lo llamó por teléfono para desmentir esa posibilidad.

• Singh insistió en que Economía le prepare para antes de su partida un estudio técnico sobre cómo se van a recuperar los bonos provinciales. «Tenemos que asegurarnos -fue el argumento del indio- de que este año van a tener superávit primario y de que el año que viene ese superávit va a crecer.» «Va a crecer», aseguró Remes acodado en la mesa mientras sorbía de a poco su vaso de Mirinda. «Es el seguro de que van a empezar a pagar la deuda, ¿no?», le respondió el indio.

• El indio se entusiasmó con tanta cortesía y avanzó en audacia sobre el final: «¿Y si les piden a las provincias que firmen un segundo pacto fiscal que asegure el cumplimiento del primero?». Remes, con aire de entendido, estuvo casi irónico: «Por favor, mi querido Anoop, ¿sabe lo que costó que firmasen este pacto? ¿Sabe lo que pasaría si los sentamos a discutir otro pacto? Podemos atrasar el reloj dos años, porque, además, y esto lo sabemos bien acá, este pacto es bastante equitativo y costó muchísimo sacarlo. Imposible, imposible».

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