Habría un principio de entendimiento entre el gobierno y la empresa Aguas Argentinas, sin que haya ningún tipo de reestatización como muchos habían anticipado. Hasta ahora, el duro pleito que obligó a la intervención del mandatario francés, Jacques Chirac («hay que sacar la piedra del zapato») y de su colega argentino Néstor Kirchner («minga con los aumentos que quiere esa privatizada»), se congelaba en tres ítem imposibles de resolver: tarifas,inversiones y la deuda de la empresa. Justamente ese trío de problemas parece zanjarse: el gobierno dispondría, como en otros servicios, un incremento de por lo menos 20% este mes, porcentaje que se repetiría el año próximo. Aunque Aguas pedía más, finalmente aceptaría. En cuanto a las inversiones exigidas por Kirchner, se crearía un segundo fideicomiso-(el primero ya se integra con aportes de la empresa) al cual el propio gobierno aportaría (a tasa de mercado) unos $ 650 millones repartidos en tres años (de modo que comenzarían las obras con urgencia visto el complicado panorama de suministro). Y en cuanto a la deuda que arrastra Aguas, más de 500 millones de dólares a bancos y organismos internacionales, la compañía ensaya una búsqueda para recortar-30% del total a ser consentido por esas entidades. A su vez, aportaría como ampliación accionaria 20% de capital. Para el 50% restante, le reclamaría un préstamo al Estado argentino no en dólares sino en pesos, pero respetando el actual tipo de cambio. Sobre estas bases aproximadas, Roberto Lavagna y Julio De Vido tramitan el acuerdo con los representantes de Aguas Argentinas.
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