Las familias para los políticos suelen ser motivos de problemas más que de tranquilidad. Que lo diga, si no, George W. Bush. La cumbre de Miami que celebrarán los ministros de comercio de todo el continente, esta semana, tendrá como ruido de fondo la prédica del gobernador de Florida en contra de la apertura del mercado de cítricos, azúcar, legumbres, en definitiva, del sector agrícola del país. Ese gobernador es uno de los hermanos del presidente, Jeb Bush, quien ya advirtió abiertamente que quiere «proteger a las industrias agrícolas de Florida sin vergüenza ninguna». Casi una invitación para países como la Argentina o Brasil para citarlo en sus discusiones con Bob Zoellick, el titular de la negociación desde el lado norteamericano.
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