Roberto Lavagna regaló una revelación muy importante a los sindicalistas que, presididos por Armando Cavalieri, lo invitaron a almorzar el martes pasado. Dijo que necesita conceder una suba de salarios ahora, para que resulte más tolerable un pago en efectivo a acreedores antes de diciembre. Confirmó, además, en el encuentro, un anticipo de este diario: el gobierno está buscando «tercerizar» a través del Fondo Monetario ese pago para atenuar críticas de la izquierda. Por otra parte, trascendió otro anuncio inminente que hará el gobierno: se eliminará el IVA a más de 15 productos de la canasta básica y se lo bajará en otros. Será mediante un proyecto de ley a enviar al Congreso. Paralelamente, debutó ayer el Consejo del Salario con pocos avances. Era previsible: la poco útil reunión de empresarios y sindicalistas dejó sólo como saldo la idea de aumentar el salario mínimo a $ 450. El sindicalismo apareció mutilado, excluyendo a Susana Rueda e incorporando a Luis Barrionuevo a la mesa, pero que puso excusas para ausentarse. Por último, Lavagna, para cerrar con el FMI, alentará subir las tarifas.
«Mi plan es homologar el aumento de salarios que se disponga ahora y, en diciembre, integrar a los sueldos los $ 50 no remunerativos que ya dimos; tal vez agregar otros $ 50. Tengo que hacerlo para poder mejorar la oferta de los bonistas con un pago en efectivo y para aumentar las tarifas de servicios públicos antes de enero. La falla del transformador que produjo el corte del lunes pasado fue por falta de mantenimiento, y eso se debe a la falta de inversión». El que dio a conocer estas novedades fue Roberto Lavagna; y los depositarios de sus secretos, un grupo de sindicalistas con los que almorzó el martes en el Sindicato de Empleados de Comercio. Las revelaciones del primer párrafo fueron las más importantes, pero no las únicas de las que regaló Lavagna a sus anfitriones. El ministro de Economía había llegado a una casa amiga. No sólo porque su titular, el mercantil Armando Cavalieri, es uno de sus admiradores y fue quien en enero de 2003 lo postuló como candidato a presidente, en detrimento de Néstor Kirchner, cuya postulación entonces no remontaba vuelo. El santacruceño recuerda ese gesto de vez en cuando. Tanta es la confianza con el gremialista que no estaba claro si la visita a su casa estaba en conocimiento del Presidente. Pero había otros interlocutores de Lavagna en el universo gremial, como Oscar Lescano, Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Vicente Mastrocola y Juan Manuel Palacios.
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Es lógico, la reunión de Lavagna con los gremialistas tenía el cometido inmediato de preparar la sesión del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil que se realizó ayer. El ministro expuso sus criterios en torno a ese tema. «Yo estoy dispuesto a homologar $ 400, pero si ustedes consiguen que los empresarios otorguen un aumento más generoso, yo lo firmo; consigan ustedes ese número», desafió, para pedir después: «Lo más importante es que sea por consenso. Nada de disidencias, porque no podemos firmar el aumento por decreto». Una prevención pensada en homenaje al monitoreo del Fondo Monetario Internacional. Los gremialistas, astutos, le hicieron ver que la depresión salarial favorece la evasión. Sonó más fuerte la voz de Cavalieri: «Con los descuentos, un mínimo de $ 400 termina siendo una invitación a pagar en negro un salario de $ 300, que además se incrementa con el Plan Jefas y Jefes de Hogar», explicó el titular de los empleados de comercio, un sector donde la pirámide salarial es baja. «Eso sí es malo -se enojó el ministro-; esa evasión es pésima. Por eso, como ustedes saben, mi plan es que haya un seguro de desempleo administrado por las organizaciones sindicales para terminar con los planes Jefas y Jefes de Hogar y con el clientelismo de los piqueteros.»
A los capitostes de la CGT se les iluminaron los ojos, pero enseguida martillaron sobre la incoherencia de la propuesta: «Si quieren terminar con los piqueteros y no jugar a la carrera salarial, ¿por qué invitaron al Consejo a la CTA, que va a ir a sentarse allí con (Luis) D'Elía?», le preguntaron al ministro. Respuesta descarnada: «Yo no fui el de la idea de invitar a la CTA. No la hubiera convocado. Pero hubo errores en todo el trámite. En realidad, Kirchner pensó que se trataba de un Consejo Económico y Social, como el Diálogo Argentino que impulsó Duhalde. (Carlos) Tomada no se ocupó de hacerle ver que se trataba de convocar a un organismo que tiene influencia sobre todos los salarios de la economía. Cuando se lo hicieron ver, ya era tarde».
Cavalieri y el resto de los gremialistas congregados en Empleados de Comercio machacaron sobre el error. «Si nos ponen en la mesa a un gremialista como De Gennaro, que pide más de $ 700, ¿cómo hacemos para plantarnos en $ 450? ¿Te diste cuenta de que ustedes provocaron esto?» «Sí, pero es un aumento imposible, porque produciría un colapso en casi todas las provincias. Sólo un delirante como (Claudio) Lozano puede proponer un aumento semejante, a partir de una teoría económica que en cuatro meses nos haría terminar en la hiperinflación», se enojó Lavagna. Fue entonces cuando desarrolló su estrategia de aumentos de sueldos hasta diciembre. «Tengo que aprobar los incrementos antes de pagarles a los bonistas y de que aumentemos las tarifas», insistió, abrazándose al criterio general de un gobierno temeroso porque la oposición -sobre todo, la de Elisa Carrió- le reproche medidas sobre cuya antipatía el discurso oficial carga las tintas desde muy temprano (si se tiene en cuenta a Lavagna, desde que era ministro con Eduardo Duhalde). Aclaró, aun así, que «Kirchner todavía no tiene convicción total sobre el aumento de tarifas. Ayer (por el lunes), iba a firmar la mejora estacional en el precio de la luz y, como se produjo el corte, dijo: '¿Nos bajaron la palanca? Ahora no firmo nada'. Después le explicamos que no había sido así, y ahora esperamos que apruebe» (ayer se publicó la autorización en el Boletín Oficial).
Ya que no habría un salariazo, los sindicalistas insinuaron otras medidas, como una baja de los impuestos al consumo. Y mientras corrían las mollejas y las tiras de asado, también se detuvieronen algunos reclamos particulares. Fue el caso de Martínez (UOCRA), quien lamentó que no se está realizando toda la obra pública que se había anunciado en un primer momento. «¿Cómo que no se está realizando? ¿Cuántas viviendas se están construyendo?», inquirió Lavagna. «4.000», contestó el titular de los albañiles, de inmediato. Le dio la oportunidad al ministro para que despunte su conflicto preferido: «Entonces, quejate con Julio De Vido, porque en el Banco Nación yo puse la plata para que se hagan 20.000 viviendas», y Kirchner cree que se está realizando 80% de ese monto.
A pesar de que, en general, los gremialistas están cada día más retirados de la política pura, todos los presentes entienden el juego y quisieron novedades. «¿Convertirme en diputado? ¿Por la Capital? Ni loco», contestó Lavagna a una curiosidad de la mesa. Siguió: «¿A quién se le ocurre cambiar el Ministerio de Economía por una banca? Muchachos, no jodan...»Y si alguien quería saber más sobre el futuro -o deducir alguna estrategia personal del ministro en el campo político-, en la sede de Cavalieri quedó un pronóstico: «Este año va bien. Y el que viene lo pasamos cómodos. La economía no nos traerá problemas. Me sobra plata».
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