Salvo alguna insospechada genialidad -una magia en que no puede confiar ningún país, menos al borde del abismo como el nuestro-, nadie (serio) cree que un solo hombre, con el diploma de «ministro de Economía», pueda superar la impresionante «herencia» que dejará Eduardo Duhalde el 25 de mayo. Ayer dimos en la tercera nota de esta serie una lista de 54 problemas graves que acosarán desde el 26 de mayo a quien haya asumido la primera magistratura el día anterior. Es tan cierto esto como el hecho de que en la política argentina se piensa primero en llegar, en engrosar el currículum, en cómo lo felicitarán familiares y amigos, la foto en diarios y revistas, algunos clientes para el poscargo. Luego en qué hacer y si uno es capaz de hacerlo. La única excepción a esto debe ser -de ahí su fama y respeto de la gente- el santafesino Carlos Reutemann. En esta cuarta nota comenzamos a analizar los posibles ministros de los candidatos a presidente. Carlos Menem, a medida que se acrecientan sus probabilidades de ganar la elección y porque hasta las encuestas fraguadas en su contra le adjudican una mayoría de gente que cree que será presidente, puede darse el lujo de designar canciller entre 10 hombres y ministro de Economía entre 11. Algunos son deseados por el público neutral (un Reutemann por lo menos canciller), otros se postulan para áreas específicas. La mayoría pelea la designación como un sueño, aunque no todos estén calificados para el desafío que viene. No es malo tener muchas alternativas de colaboradores porque, en definitiva, eso favorece la calidad en las designaciones. Sí es malo, en cambio, que independientemente de sus lógicos esfuerzos políticos hoy por triunfar, los candidatos a presidente no tengan coordinados o ampliados sus postulantes, porque entre el 27 de abril y el 25 de mayo habrá menos de un mes. Algunos tienen uno o máximo dos hombres y es poco. Otros tienen los equipos de siempre (Ricardo López Murphy, por caso). Otros, caso Menem, tienen de sobra pero sin coordinación.
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