«Hay que buscar nuevas alternativas para darles a todos aquellos productores que tienen que ofrecer su producto una transparencia en el manejo del negocio del ganado», sostuvo ayer el ministro del Interior, Aníbal Fernández, al proponer un «mercado electrónico de la carne» como solución a los problemas que atraviesa por estos días el comercio de ese sector por la suba de precios.
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El Mercado de Liniers siguió en el centro de la escena luego de que el Presidente llamara «pícaro» al sector de consignatarios que tienen la concesión del predio de Mataderos.
No obstante, alguna señal de conciliación pareció tender ayer el ministro Fernández, al descartar que esté pensando en intervenir ese predio de manera inminente. De todas formas, su propuesta para buscar «alternativas», como los «mercados electrónicos», fue escuchada como una señal de que se descomprime la presión desde el gobierno, aunque la idea no sea viable.
Fernández justificó su propuesta en que «la incidencia del Mercado de Liniers, que es muy chica, seguirá generando el precio para 100% del mercado». «Eso no está bien y entonces hay una necesidad de nuevas alternativas, como mercados electrónicos», propuso el ministro.
Lo que Fernández no advirtió es que los mismos consignatarios que el gobierno acusa de manipular los precios ya intentaron, a principios de los 90, implementar un sistema electrónico para el comercio de ganado en pie. Pero se encontraron con una cuestión cultural que impidió su puesta en práctica. El comprador está acostumbrado a elegir los animales subido a un caballo o bien confía la elección en muy pocas personas (el consignatario suele ser una de ellas) y quiere ver, tocar y comparar antes de comprar el ejemplar. El frigorífico de consumo adquiere lotes de acuerdo con el precio y a la demanda. La compra en el mercado concentrador suele ser más económica que en el mercado electrónico por una cuestión de ahorro de fletes. Aun en países ganaderos más pequeños que la Argentina, como Gran Bretaña o Canadá, el mercado electrónico suele ser más oneroso. El frigorífico o faenador adquiere la hacienda vía electrónica pero debe cargar a su cuenta el traslado de la hacienda desde lugares diversos. En el mercado de concentración, el comprador sólo corre con el costo del traslado de los animales que adquirió.
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