¿Qué puede ser peor que una tormenta? La tensa espera que le precede. Para los que esperaban un cambio drástico de comportamiento entre los inversores (i.e., a la suba), no les queda entonces más que seguir aguardando a ver si finalmente las cosas se dan como suponían. Los números de la víspera, sin embargo, no hablan de nada más que un lento declinar de los humores, reflejado en 0,1% que cedió el Promedio Industrial al cerrar en 10.686,44 puntos, o incluso en 0,65% perdido por el NASDAQ. Es cierto que de la mano del anuncio que las ventas al menudeo del mes pasado (superiores a las estimadas por los analistas), del desplome del petróleo a u$s 56,98 por barril ( mínimo desde el 30 de junio), de la noticia que Johnson & Johnson se avenía a adquirir Guidant (en u$s 21.500 millones) y del informe de la inflación mayorista de octubre, el Dow alcanzó minutos después de mediodía a tocar el máximo de los últimos ocho meses. Pero parece que la suba no tenía "entidad", o al menos esto es lo que sugiere la línea argumental que culpa a las proyecciones de ventas que hizo la firma Target del desplome del sector minorista. En la misma línea, otros apuntaron sus cañones al sector financiero (bancos y aseguradoras), muy golpeado por el comportamiento anormal de la curva de tasas de interés, y aunque se lo niegue, las declaraciones del nominado sucesor de Alan Greenspan, Ben Bernanke, quien ante el Congreso se limitó a verbalizar lo que ya se sabía de él. Si en el NYSE y en el NYMEX se vendieron ayer dos "butacas" en más de u$s 3 millones (récords), no fue reflejo de lo bursátil, sino por el cambio de las estructuras intermediarias.
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