Este informe se demoró unas horas a la espera de las novedades vinculadas con la situación del ministerio de Economía. Finalmente se confirmó la salida de Roberto Lavagna y su sustitución por Felisa Miceli, hasta ahora a cargo de la presidencia del Banco Nación. La agenda que aguarda a la nueva ministro es bien cargada, ya que el recambio ministerial llega cuando comenzamos a enfrentarnos a una etapa más difícil del ciclo económico.
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La economía ingresa en su cuarto año de recuperación pero todavía la tasa de desempleo (sin computar el plan jefes y jefas) se sitúa en el 14 %, en un contexto de marcadas presiones inflacionarias y con una tasa de inversión que, si bien ha alcanzado 19,5 puntos del PIB (a precios constantes), todavía es insuficiente para garantizar un ritmo de crecimiento elevado de aquí en más. Todo esto en un contexto externo que ya no se presenta tan promisorio como en los últimos 24 meses.
El gobierno necesita definir un plan financiero para enfrentar los pesados vencimientos de 2006 y 2007. Debe optar, o bien por buscar un acuerdo con el FMI, o bien recurrir a una parte de las reservas del Banco Central, para evitar una sangría fiscal y fuerte iliquidez en la plaza local. En la segunda opción, debería modificar la carta orgánica del Banco Central, para lo cual se requieren alianzas en el Congreso, con legisladores que seguramente aspirarán a reformas en otros frentes (política tributaria, prioridad de gasto público, etc) antes que prestar consentimiento a esa propuesta. De un modo u otro, no parece recomendable que la incertidumbre sobre el plan financiero se extienda más allá del primer trimestre de 2006.
En lo que hace a los temas de la agenda, debe reconocerse que las presiones inflacionarias afectan de un modo u otro el clima de negocios. En Brasil, dónde el sector público todavía se encuentra en terreno deficitario, la muy elevada tasa de interés y la rápida apreciación del real han impactado negativamente sobre el humor empresarial. En la Argentina, la ascendente tasa de inflación genera preocupación por la evolución de los costos. Hasta que no se encuentre un punto de inflexión, las empresas se verán expuestas a presiones de diversa índole, mientras se discute acerca de su responsabilidad en este fenómeno.
Las presiones inflacionarias también afectan los propósitos de mejoría en la distribución del ingreso, dada la elevada informalidad en el mercado laboral y las dificultades de los sectores de menores ingresos para “efenderse”en ese contexto.
En opinión del Ieral, debido a que la economía ya no cuenta con significativa capacidad ociosa, es conveniente trabajar en ambos lados de la “oja de la tijera” tanto por el lado de la demanda como de la oferta. Una economía con tasa de desempleo del 14 % y casi 40 % de la población bajo la línea de pobreza requiere que se acierte en las dosis adecuadas en ambos frentes. Después de un 2005 en el que la política fiscal, monetaria y de ingresos han estimulado significativamente la demanda, para 2006 se impone un enfoque más cauteloso y planificado. Por caso, el Ieral ha propuesto la elaboración de presupuestos plurianuales, de modo de coordinar las expectativas de los agentes económicos en diferentes dimensiones: evolución del gasto y de la obra pública, política tributaria, necesidades de financiamiento del estado, etc. No se necesita llevar la economía a terreno recesivo, pero si buscar un avance más gradual, para que sea más armónico con la evolución de la oferta. Particularmente, la política de ingresos no puede plantearse al margen de los criterios de productividad, mientras que las diversas instituciones que regulan el mercado de trabajo no pueden funcionar sin tener en cuenta el equilibrio general. Los mecanismos para introducir la máxima competencia en los mercados de bienes y servicios son un complemento de aquellos instrumentos y no pueden sustituirlos. Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea sobre datos de EPH, Cuentas Nacionales, Encuesta Industrial Mensual, Pesquisa Industrial Mensual Al respecto, como se puede apreciar en el cuadro adjunto, en 2005 la creación de empleo ha avanzado a muy buen ritmo, pero es evidente que cada vez se requiere más esfuerzo financiero de parte de las empresas para seguir creando empleos a buen ritmo. Mientras en 2003 la creación de puestos de trabajo tuvo como contrapartida una inversión de 25.000 dólares por cada nuevo empleo, en 2005 Ieral estima que se han requerido 97.500 dólares por cada nuevo empleo. De 2006 en adelante, el requerimiento de 2005 será un piso. La magnitud de estas cifras hace que las empresas ya no puedan seguir creando empleo al ritmo anterior sólo recurriendo a la liquidez de la caja. Se necesitará mayor disponibilidad de financiamiento de largo plazo y más incentivos tributarios para la inversión y para la contratación de personal “n blanco” al tiempo que deberá sostenerse la tasa de ahorro nacional en un elevado andarivel. Esta exigente demanda de recursos para seguir creando empleos a buen ritmo es la que justifica también la necesidad de una afiatada coordinación entre las inversiones del sector público y del sector privado (en capital físico y humano), para un eficaz uso de los recursos estatales, que en definitiva provienen de los contribuyentes.
El aprovisionamiento de servicios de infraestructura en esta etapa cobra cada vez más importancia. Se ha señalado en anteriores informes cómo la incertidumbre energética ya ha comenzado a afectar decisiones de inversión.
A su vez, dada la limitada dimensión del mercado argentino, conviene subrayar la importancia de lograr más nitidez en el esquema de inserción de la economía argentina en la economía mundial, como forma de atraer un volumen más ambicioso de inversiones, tanto de origen local como extranjero.
Los cambios en el gabinete parecen indicar un mayor involucramiento presidencial en el día a día de la gestión económica. Esto puede interpretarse de modo positivo, en el sentido que las modificaciones que demande la marcha de los acontecimientos no demoren más allá de los detalles técnicos de implementación. Pero también es cierto que el tipo de problemas que enfrenta la economía argentina hace necesario encuadrar las medidas de coyuntura en un esquema de mediano y largo plazo. En este sentido, la mayor ejecutividad en el día a día deberá verse como una sucesión de decisiones consistentes con un sendero de crecimiento sostenido.