Mercedes D'Alessandro: "Esta pandemia nos mostró que hay una economía invisible, que es la economía de los cuidados"

Economía

En diálogo con Ámbito, la economista destacó las medidas adoptadas por el Gobierno para mitigar el impacto del coronavirus en la economía de los argentinos y argentinas.

Además de la desigualdad estructural en la que el país está inmerso, si hay algo que evidenció la cuarentena decretada para frenar el avance del coronavirus fue el colapso del sistema de cuidados, una arquitectura sostenida fundamentalmente por mujeres, que durante mucho tiempo fue silenciada o considerada como algo indiscutible. Para la Directora Nacional de Economía, Igualdad y Género, Mercedes D`Alessandro, esas dinámicas "hoy están sobre la mesa", al tiempo que asume el desafió de "darles una respuesta".

En diálogo con Ámbito, la economista ponderó las medidas adoptadas por el Gobierno nacional para mitigar el impacto del Covid-19 en la economía, especialmente el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), el cual constituye a su entender "una herramienta valiosísima". Asimismo, consideró que, de aprobarse el impuesto a las grandes fortunas, se podrían realizar "varias rondas" de este beneficio, como también "construir viviendas o planes de inclusión financiera".

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La directora nacional de Economía, Igualdad y Género, Mercedes D`Alessandro, junto al Ministro de Economía, Martín Guzmán, durante la presentación del informe “Las brechas de género en la Argentina”.

La directora nacional de Economía, Igualdad y Género, Mercedes D`Alessandro, junto al Ministro de Economía, Martín Guzmán, durante la presentación del informe “Las brechas de género en la Argentina”.

Periodista: Entiendo que el acuerdo de confidencialidad imposibilita hablar sobre la renegociación de la deuda externa, pero, ¿qué pasa con las deudas domésticas, con la deuda con las mujeres, que fue, de hecho, una de las consignas del 8 de marzo?

Mercedes D'Alessandro: “La deuda es con las mujeres” es una frase de cabecera. El día del lanzamiento de la Dirección, que fue el 9 de marzo en el marco de paro internacional de mujeres, presentamos un informe donde están los indicadores de las brechas de género, exhaustivo y actualizado a los últimos datos disponibles. Este documento de alguna manera para nosotras era darle un marco de institucionalidad y decir que el Estado hoy es un Estado que se comprometió con cerrar estas brechas. A veces lo que más vemos es la violencia de género porque es uno de los grandes temas de la sociedad, pero la agenda económica es subyacente a todos estos planteos y de hecho los atraviesa, y era importante tomar nota de esa dimensión, medirla, identificarla, cuantificarla y exponerla. Entablamos una conversación muy fluida con todos los secretarios y secretarias que forman parte del Ministerio de Economía para que sea una agenda transversal y que cuando hablemos de finanzas que también se hable de inclusión financiera y la perspectiva de género esté presente. De alguna manera todo esto es una cuestión que estaba pendiente y que si bien en las calles estaba presente el debate y fue una de las consignas de la marcha, no estaba en el Estado o por lo menos no estaba organizado con un hilo, y de hecho la Dirección de Economía Igualdad y Género es la primera que hay en este Ministerio y también es pionera en la región. Para nosotras eso es un paso en empezar a saldar esa deuda con las mujeres. No es la solución, sino que inicia una conversación que estaba ausente.

P.: Entonces en esto estaban cuando llegó la pandemia, ¿sos de las que cree en un nuevo orden mundial a raíz del coronavirus?

M. D.: Trato de vivir las cosas con optimismo crítico, Y creo que tenemos una gran oportunidad de atender problemas y transformarlos de una manera más estructural porque la urgencia de la pandemia nos puso enfrente de situaciones que, para abordar, hay que ir a la raíz del problema, y un poco más lejos de lo que podríamos haber ido en condiciones normales. Un ejemplo muy claro es lo que pasó con el IFE, el cual abordó un problema de emergencia y sacó a la luz una desigualdad estructural gigantesca, que no es que no la sabíamos, pero la puso sobre la mesa. Son doce millones de personas que se anotaron y ocho millones y medio cumplieron las condiciones que eran muy claras, como ser informal, tener bajos ingresos, no tener bienes personales, no comprar dólares, no haber viajado. Ante esto el Estado actuó muy rápidamente con una transferencia gigantesca, un programa muy grande para lo que es la historia argentina incluso, equivalente en lo que fue en su momento la AUH, aunque esto es transitorio y la AUH un derecho adquirido. Pero su implementación en la pandemia también nos puso sobre la mesa otras situaciones, una de ellas es que la mitad de esas personas no tiene cuenta bancaria, y que muchas de ellas tenían y no sabían cómo usarla, que hay que mejorar las prácticas sobre el retiro de efectivo, que a determinados lugares no se puede llegar porque la gente no tiene internet para anotarse. Tuvimos la posibilidad de actuar ante la emergencia, llegamos a casi siete millones de personas hasta ahora y estamos tratando de pagar al resto por esta falta de digitalización. Por otro lado tenemos una base enorme de datos que nos va a permitir repensar, rediseñar, hacer políticas focalizadas y llegar a lugares donde el Estado no llegaba, eso es una herramienta valiosísima. De hecho ya estamos analizando todos los pedacitos o segmentos del IFE para ver qué podemos hacer en los jóvenes, que son más de un cuarto de los beneficiarios y son los precarizados y tienen niveles altísimos de pobreza e indigencia ver cuáles son los planes a largo plazo para eso y para los sectores más vulnerables. Le pusimos luz encima y ahora el siguiente paso es ver qué hacemos con eso, con los distintos grupos.

P.: En ese sentido, ¿cómo es el porcentaje de varones y mujeres que solicitaron el IFE?

M. D.: El IFE salió bastante parejo en ese sentido y eso es otro factor a destacar. En general cuando se aborda la informalidad a veces es difícil porque hay muchas mujeres que no se sienten trabajadoras y esto de alguna manera borró con ese concepto. Uno de los espacios a los que queríamos llegar era al de las casas de trabajo particulares, ahí conseguimos que más de 500 mil empleadas domésticas accedan al IFE. Para nosotras era fundamental llegar a ellas, porque en Argentina la principal ocupación de las mujeres hoy es ser empleadas domésticas, entonces sí o sí había que llegar a ese lugar de la informalidad. Más del 70% de las trabajadoras domésticas trabajan en la informalidad y tienen el salario más bajo de la economía, ganan en promedio 8.160 pesos. También llegamos a un sector que son las trabajadoras de los hogares particulares, las denominadas amas de casa, que en muchas estadísticas se consideran como inactivas. En el diseño de la política nosotras insistimos para que se tomara el criterio de la AUH, es decir que en un hogar la asignación la recibe una mujer. Es decir que, si dos personas se presentan en un hogar para recibir el IFE, el beneficio se le otorga a la mujer.

P.: ¿No puede pensarse en una continuidad del IFE después de la pandemia? Porque justamente la cuarentena puso en evidencia la importancia de las tareas realizadas al interior del hogar…

M. D.: Coincido en que esta pandemia nos mostró que hay una economía invisible, que es la economía de los cuidados, la cual el feminismo viene queriendo mostrar y evidenciar hace muchísimo tiempo. La cuarentena logró una suerte de experimento en el cual la mayor parte de la población está en su casa, enfrentándose a la realización de todas las tareas domésticas y de cuidados que tienen los hogares. Entiendo que esto va a llevar a que haya una mejor redistribución de estas tareas por la necesidad misma de cómo se dan las dinámicas familiares. Además, como las escuelas están cerradas y los niños y niñas están en los hogares es mucho más notoria la necesidad que hay de que, si mañana se levantara la cuarentena, muchísimas familias no podrían salir a trabajar porque deberían quedarse al cuidado de sus chicos. El hecho de que la escuela y todo el sistema de cuidados a su alrededor estén cerrados, como el club, el comedor, el jardín materno paternal, el geriátrico, evidencia que hay una cuestión a resolver ahí, que es la crisis de cuidados. Las mujeres mayoritariamente realizan las tareas de cuidado y las tareas domésticas y como ganan menos, en una familia tipo es la que se tiene que quedar al cuidado de sus hijos. Si alguien debe volver a trabajar ya sabemos quién va a ser, ¿no? Las cuentas son sencillas. Eso hoy está sobre la mesa, y es un desafío muy grande dar respuesta.

P.: En caso de aprobarse el impuesto a las grandes fortunas, ¿cómo se puede canalizarse en políticas públicas concretas?

M. D.: Si algo se destapó, como dijo Alberto Fernández el otro día, es la desigualdad en la que estamos. Hay un pequeño grupo de personas que concentran una gran cantidad de los ingresos y hoy estamos frente a una situación en la cual las proyecciones mundiales nos muestran algo preocupante. Estamos haciendo desde el Estado esfuerzos muy grandes por contener a las personas más vulnerables, y tenemos que pensar en un esfuerzo de las personas que más ganan frente a esto. En este sentido el impuesto a las grandes fortunas está en esa lógica y no es una idea que haya nacido en la Argentina. Lo importante es cómo vamos a salir de la mano de la solidaridad de esta crisis, crisis en el sentido de que se han roto mecanismos clásicos que nosotros tenemos como economistas, como sociólogos y politólogos, y que no van a volver a funcionar como funcionaban antes, entonces tenemos que dar un debate acorde a la situación en la que todas y todos estamos haciendo un esfuerzo gigantesco, y si hay personas que tienen la posibilidad de que ese esfuerzo se materialice en una cantidad de dinero esto puede servir para rondas de IFE, para hacer viviendas, o un plan de inclusión financiera. Hay muchas opciones y planes para lo que se viene.

P.: ¿Considerás que el feminismo nos dio herramientas para identificar la precarización de las mujeres en la pandemia?

M. D.: Sí, y no solamente herramientas sino que hoy tenemos un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y esta Dirección y otra similares en otros ministerios. Empezaron a aparecer estos pequeños espacios que cuentan con un respaldo del feminismo. Yo estoy acá por mis capacidades técnicas e intelectuales pero también porque soy parte de un movimiento que me llevó hasta este lugar. Ese movimiento también habilitó este espacio y le dio el respaldo para que se creara en el Gobierno. Las mujeres estamos empoderadas con herramientas que vinimos construyendo en los últimos años y dándonos nosotras mismas los espacios en las calles, las asambleas, las universidades y las redes sociales. Por ejemplo el espacio Mujeres Gobernando, donde somos 225 funcionarias en un chat, para mí es fundamental, y no me imagino cómo podría haber sido mi gestión en este contexto sin ese chat por la cantidad de información que fluye, la cantidad de networking y de soluciones específicas que tenemos a la distancia de un mensaje de texto y una llamada. Esas son herramientas que las aprendimos en la militancia feminista. Todo eso que hoy podemos nombrar tiene que ver con la construcción que vinimos realizando en los últimos años.

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