Importaciones y la industria brasileña

Economía

Puede decirse que en la Argentina nos gusta mucho hacer desarrollos conceptuales o afirmaciones generales pero menos explorar críticamente los datos que están detrás de esos conceptos o afirmaciones. A esto se agrega además la manía que tenemos los argentinos de hacer copartícipes -cuando no responsables directos- de nuestro desempeño a «factores externos» o causas originadas en el exterior. Uno de estos clásicos que vuelve una y otra vez es el de la avalancha de productos brasileros inducida desde el Brasil. Esta idea se basa en la asociación de determinados movimientos en los flujos comerciales con el Brasil -en especial aquellos que son 'desfavorables' a nuestra balanza comercial bilateral- con el nivel de actividad interno de Brasil. La última versión difundida es que la desaceleración o recesión industrial en ese país ha generado una presión del lado de la oferta de productos que están ingresando al país y desplazando la producción nacional. Esta idea de que Brasil «nos exporta la recesión» es central en el argumento.

• Daño

Esto estaría causando daño a sectores importantes de la producción, generaría un desbalance comercial para el país y además sería responsable del aparente «amesetamiento» de la actividad económica, al menos la que en el corto plazo se observa en el sector manufacturero.

Mientras que alguno o varios de estos efectos finales (impacto sectorial, aumento general de importaciones provenientes de Brasil, efecto -o derrame- negativo sobre la recuperación de la industria) pueden ser aceptados por la evidencia casual o empírica; ¿dónde está el problema o el error del argumento en general? Está simplemente en el supuesto origen del shock («la recesión brasilera») y en los datos históricos: es relativamente difícil 'demostrar' en la Argentina -con métodos o técnicas econométricas creíbles- que las importaciones provenientes de Brasil son significativamente sensibles a la actividad industrial en dicho país. Más bien lo que domina son los efectos del lado de la demanda agregada de la Argentina: compramos más a Brasil porque estamos comprando más en general.

• Frase

Este resultado (ausencia de efectos de la recesión del otro socio comercial y dependencia fuerte al ciclo propio) fue documentado en trabajos publicados desde hace más de 10 años. La frase que describe este resultado (y que nunca se la escuché decir a ningún brasilero) se resumiría en: «¡Es tu demanda agregada, estúpido!».

Tal vez no sea para tanto. En verdad, los datos recientes dicen que estamos comprando a Brasil a una velocidad mayor a la que le compramos al resto del mudo.

El gráfico adjunto muestra el cociente entre las importaciones del Brasil y las importaciones totales de la Argentina desde mediados de 1998 hasta mayo de este año. Si las condiciones macroeconómicas que determinan la demanda agregada fueran el único determinante de las compras al Brasil y los elementos estructurales del intercambio bilateral (aquellos que tardan en modificarse y son independientes del ciclo) no cambiaran, este cociente debería permanecer relativamente estable. En cambio, vemos que ha venido subiendo en los últimos años. Primero subió en 2000 y, más recientemente, con la recuperación de la actividad, desde un nivel de 20%-25% que ha sido un escalón alcanzado en la segunda mitad de los '90 a un nivel que se insinúa superior a 30%. Todavía no sabemos o podemos decir que este «salto» observado sea permanente. Tampoco esto indica, necesariamente, nada malo ni preocupante. Después de todo, ¿qué se supone que va a ocasionar un Mercosur exitoso, si no este mismo proceso? Del otro lado, esta afirmación no implica que no nos llame a indagar que hay detrás de aumentos de corto plazo, pero sostenidos, como los observados en el gráfico.

• Antecedentes

¿Existen antecedentes históricos de este tipo de suba de participación de Brasil en las importaciones totales, cuando en el agregado la economía argentina se ha «cerrado» (reducido importaciones) considerablemente? La respuesta es positiva y hay que ir a buscarla -como hubiera sido de esperar- en la primera mitad de los '80, cuando el Mercosur no existía. En aquel momento, cuando la economía se ajustó a la devaluación, el default y la crisis financiera (en medio de una reversión de signo y magnitud del balance comercial de casi 7 mil millones de dólares corrientes) las importaciones provenientes de Brasil se empezaron a recuperar más rápidamente que las importaciones totales, evidenciando desvío de comercio y un mayor déficit «estructural» (al observado en los '70) provocado por importaciones de insumos intermedios. Así, el cociente ilustrado en el gráfico, que había estado oscilando alrededor de 10% en los '70, saltó a 18% en 1984. Tal vez ahora esté sucediendo algo similar, salvando las distancias y merced a la mayor facilidad de intercambio.

Finalmente, yendo a la pregunta central: ¿se explican estas mayores importaciones del Brasil por una caída en el producto industrial brasileño? La respuesta a este último interrogante es negativa: la actividad industrial brasilera no determina las importaciones que hace la Argentina desde Brasil, excepto a través de impactos muy transitorios y no significativos. A esto se llega utilizando datos del intercambio entre la Argentina y Brasil para el período de referencia del gráfico (1998-2003), el índice de actividad de la Argentina y el tipo de cambio real bilateral (que aún hoy permanece favorable a la Argentina en 20% respecto del punto de partida), para luego examinar el efecto del índice de producción industrial de Brasil. Tampoco aparece evidencia que indique que la suba en el cociente que se ilustra en la Figura sea causada por el nivel (o la variación) de la actividad industrial en Brasil.

La conclusión de que no es la recesión en Brasil lo que determina primordialmente los flujos comerciales no implica que no existan efectos sectoriales, ni tampoco «derrames macroeconómicos» que limitan la suba de nuestro nivel de actividad. Es cierta la presión «percibida» por sectores puntuales y también es cierto que la apreciación del tipo de cambio bilateral nos ha restado espacio para la sustitución de importaciones.

Aun así, ¿qué explica lo observado en el gráfico? Ciertamente algo nuestro, no de los «otros». En todo caso, si existiera algo para preocuparse, la respuesta la tendríamos que buscar en las fuentes de nuestra propia competitividad relativa.

(*) Economista jefe de FIEL

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