31 de mayo 2001 - 00:00

Industriales pagan aquí 28% más por la energía que Brasil

Algunas de las expresiones de política económica del ministro Domingo Cavallo pretenden mejorar la competitividad de la Argentina en la producción de bienes y servicios. Digo algunas pues el impuesto a las operaciones en cuenta corriente encarece claramente el costo argentino, aunque sirva para conseguir que el Estado se haga rápidamente de fondos con los que hacer frente a sus obligaciones. Lamentablemente, es otra vez el sector privado el único que debe seguir haciendo el aporte. Tal vez, con los llamados superpoderes se empiece a recorrer un camino de ajuste del sector público y de algunos privados que hasta ahora han estado ausentes de todos los planes o programas puestos en marcha en nuestro país.

Para indicar sólo algunas de las actividades privadas sobre las cuales se puede intentar un programa de disminución de sus precios, de forma de hacer más competitiva la producción argentina, se resumen seguidamente tres cuestiones que afectan de manera importante en las estructuras de costos e impactan negativamente en el precio final de bienes y servicios.

Considerando los precios del gas y de la energía eléctrica para industrias y de la nafta y el gasoil en la Argentina y en otros países, se aprecia que en todos los casos nuestro país tiene el dudoso privilegio de valores significativamente superiores al resto de los lugares considerados.

El gas natural para uso industrial tiene un precio inferior entre 8% y 49% para países como los Estados Unidos y Chile, respectivamente. Nuestro vecino y socio, que además no produce gas, Brasil, está 11% debajo de la Argentina en el precio del gas para industria.

Si lo que se compara es la energía eléctrica para uso industrial, los precios de Chile y México están 25% y 52% por debajo de los valores que deben pagar las fábricas radicadas en nuestro país. En tanto que los industriales brasileños deben pagar 28% menos
que sus similares argentinos a la hora de afrontar su factura de electricidad.

Costoso privilegio

Por último, pero no menos importante, cuando la comparación es con el precio de los combustibles líquidos que mueven el transporte y también nuestros autos cuando vamos a trabajar o intentamos el ocio; también tenemos el costoso privilegio de estar arriba de todos al momento de sacar nuestra billetera.

Para el caso de la nafta (o gasolina, como se dice en otros lares) nuestros compañeros de la aldea global pueden llenar sus tanques pagando entre 38% y 67% menos cuando lo hacen en Brasil y Estados Unidos, respectivamente.

El más modesto (aunque no en precio) gasoil, tiene para los mexicanos un precio similar al nuestro (en realidad 4% más bajo), en tanto que para nuestros socios brasileños, el viaje les resulta 38% más económico.

Es necesario que el esfuerzo sea repartido con justicia. Para algunos de estos precios
sus niveles tienen un elevado componente impositivo, para otros los oligopolios o los contratos de concesión han producido una fenomenal transferencia de ingresos a favor de las empresas prestadoras

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