La inflación de agosto fue más alta que la esperada por el mercado. El aumento del IPC en un 7% mensual, con una variación interanual del 78,5%, impacta de lleno contra el poder adquisitivo de los argentinos. Y, por consiguiente, tiene efectos negativos en el consumo, componente preponderante en el PBI. Este escenario, conjugado con otros factores como las restricciones a las importaciones y una mayor austeridad fiscal para cumplir con la meta pautada con el FMI por parte del Gobierno, hace prever a los analistas que la actividad económica tenderá a desacelerarse en la segunda mitad del año.
Inflación: advierten que la actividad sufrirá el impacto en el segundo semestre
La aceleración inflacionaria de los últimos meses erosiona el poder adquisitivo e impactará en el consumo, principal componente del PBI. Además, se le suman otros factores, como la restricción a importaciones y un menor impulso fiscal.
De acuerdo a los últimos datos oficiales disponibles, la economía presentó en el primer semestre un crecimiento del 6,3% en la comparación interanual. Un panorama que, de todas formas, tenderá a cambiar a partir de julio (INDEC publicará el EMAE de ese mes el próximo lunes 26).
Al respecto, desde Ieral señalaron que el EMAE mostró un crecimiento interanual de 7,5% para el segundo trimestre de 2022. “Por su parte, la recaudación de impuestos asociados al mercado interno (Indice Ieral) mostró una variación de 6,7 % interanual en términos reales para el promedio de abril a junio. No hay datos de EMAE para julio y agosto, pero el Índice de Ieral adelanta una variación interanual de 2,6% para el tercer trimestre, una marcada desaceleración de 4,1 puntos porcentuales respecto del guarismo del segundo trimestre”, señaló un informe firmado por Jorge Vasconcelos y Agustín Cavallo.
“Por detrás de la desaceleración del nivel de actividad del tercer trimestre hay que contabilizar la aceleración inflacionaria del último período, que afectó el poder adquisitivo de la demanda agregada y, en forma convergente, las crecientes dificultades para el abastecimiento de partes y piezas de origen importado, que han frenado la actividad en diversas cadenas de valor. A estos vectores se agrega, a partir de agosto, el impacto restrictivo sobre el crédito a empresas que ha comenzado a generar el endurecimiento de la política monetaria”, concluyó el informe.
Análisis
En tanto, tal como analizó el jefe de Research de Ecolatina Santiago Manoukian, se estima un avance negativo en términos desestacionalizados en la actividad para el segundo semestre. “Las perspectivas del último tramo del año estarán teñidas por un mayor impacto de la aceleración inflacionaria sobre los ingresos (principalmente de cuentapropistas, informales y sectores más dependientes de transferencias del Estado), un ajuste de tarifas de servicios públicos que restará ingreso disponible, un encarecimiento del crédito al consumo y la inversión por el ajuste en las tasas y un menor impulso fiscal por la necesidad de acelerar la consolidación fiscal”, remarcó.
El efecto de la pérdida de poder adquisitivo en el consumo, aseguró por su parte el economista Sergio Chouza, impactará en la evolución de la actividad. “Como componente preponderante del PBI en Argentina, lo que pase con el consumo privado va a signar el ritmo de desaceleración en esta última parte del año”, remarcó el director de la consultor Sarandí, aunque aclaró: “Por ahora, no se ven indicadores que sean unívocos, que marquen un desplome”.
Algo similar planteó la consultora LCG al analizar la variación del EMAE del primer semestre, en el que adelantó que para la segunda mitad del año, “erosión de los salarios mediante, el freno de la actividad comience a hacerse más palpable”.




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