23 de abril 2003 - 00:00

Insólito: ¿FMI negociará con candidatos?

El próximo lunes, cuando todavía se esté discutiendo el resultado de la elección del domingo, llegará a Buenos Aires la misión del Fondo Monetario Internacional encargada de monitorear y renegociar las metas fijadas para la Argentina para el primer trimestre del año en materia monetaria y política. La visita de estos técnicos se prolongará a lo largo de dos semanas ya que tienen previsto volver a Washington el 12 de mayo.

El examen sería una rutina más si no fuera porque el país estará en pleno proceso de formación de su próximo gobierno. Esta incertidumbre, propia de los sistemas de doble vuelta, le otorga de por sí un color y una tensión especial al viaje de estos técnicos. Pero hay otra peculiaridad que volverá a la visita del Fondo Monetario Internacional casi insólita: es la decisión de Eduardo Duhalde de que los funcionarios de ese organismo discutan el futuro de la economía nacional con los equipos de especialistas que ofrezca cada uno de los candidatos o con el ministro de Economía que tenga «in péctore» el futuro mandatario.

La decisión puede resultar superficial, casi frívola. En rigor, el único caso en el que la operación resultaría razonable es el de un triunfo de Néstor Kirchner o, por lo menos, el de su intervención en una segunda vuelta. Entonces sí, la contraparte de los emisarios del FMI sería Roberto Lavagna, ya que como Kirchner mismo anticipó, seguiría al frente del Ministerio de Economía. Así de artificial, la metodología que piensa adoptar el Poder Ejecutivo podría ser impugnada por los propios candidatos invitados a sentarse a la mesa.

Sin embargo, si no lo fuera, el país estaría ante una experiencia casi insólita. Sobre todo si el suspenso sobre el resultado de la elección se prolonga hasta el 18 de mayo, fecha en que está citado el eventual ballottage. En tal caso, estaríamos ante un experimento impensado. Dos candidatos abocados a seducir al electorado con sus propuestas económicas pero impedidos de salirse del rígido carril impuesto por la representación del Fondo, convertida en una especie de « fiscal» de campaña.

El otro problema que introduce-la intervención de los técnicos del organismo multilateral en plena campaña es el de la filtración de información. ¿Qué sucedería si, por ejemplo, se resuelve llevar adelante un aumento impositivo, un candidato lo admite en la mesa discreta de los hombres de Washington y la información trasciende? ¿Podría ser una especie de «cajón de Herminio»? Tanto desde el Fondo Monetario como desde el Tesoro de los Estados Unidos se les anticipa a funcionarios del gobierno o candidatos a ocupar cargos en Economía que la negociación de un acuerdo más ambicioso con la Argentina, prevista para agosto, será severísima y prolongada. Por primera vez los técnicos internacionales pretenden hablar en serio de deuda, actualización de tarifas, compensación al sistema financiero y reforma del mismo, etc. Es decir, la «agenda maldita» a la que Duhalde y su gente no quisieron ni acercarse.

Estas escenas, más o menos verosímiles, indican en rigor una realidad conocida desde hace tiempo: la animadversión del gobierno de Eduardo Duhalde hacia cualquier interlocutor que le exija racionalidad económica si ésta significa pagar algún costo político. Esta fobia lleva a los funcionarios del duhaldismo a gritar «¡referí!, ¡referí!» y señalar el reloj ni bien se realice la elección del próximo domingo, tirando a los equipos de campaña de los candidatos o del vencedor la compleja negociación fiscal (la monetaria seguirá en manos del titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, quien se mantendrá en el cargo más allá del 25 de mayo). Esta pasión por la irresponsabilidad (en el sentido literal de la palabra) hará que Duhalde caiga casi en la situación surrealista de que un gobierno que se va se cuida de pagar costos electorales.

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