Inversión productiva es superior a costo de mejorar la oferta
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¿Por qué un fracaso? Cada punto de deuda que quede afuera de la aceptación significa 1.000 millones de dólares. En otras palabras, 80% de aceptación significa 20.000 millones de dólares de juicios. Por eso debemos desear 85% o más.
• Necesidad
¿Se han puesto las autoridades a pensar con mentalidad de inversor productivo? Evidentemente no. Un inversor productivo no invertirá en nuestro país ya que no tiene idea ni antecedentes de cómo puede vivir un país con 20.000 millones de dólares de juicios. A esto debemos agregar los potenciales juicios de las empresas que se sintieron afectadas por la pesificación.
La Argentina necesita para salir de este perfil en el que hemos caído una verdadera avalancha de inversiones productivas. Pero esa avalancha debe ser de nuevas industrias que se instalen. No compras de existentes.
Algunos economistas sostienen que con el crecimiento actual en poco más de un año estaremos en 1998. Tomando como cierto que llegaremos en el próximo año a 1998 debemos recordar que en ese momento el resto del mundo estará en 2006. En otras palabras, nada más y nada menos que ocho años atrás. Pero aún hay números más impactantes. Si tomamos el PBI per cápita actualizado estaremos casi 30 años atrás.
En estos últimos 8 años el mundo se ha caracterizado por un fuerte incremento de la productividad. En nuestro país, si tomamos como ejemplo las importaciones que inundaron la góndola en la época del 1 a 1, para el año 2006 estaremos en las mismas condiciones que en los '90. Nuestra inflación neta más el aumento de productividad en el mundo hacen que el 1 a 3 sea igual al 1 a 1 de los '90. La devaluación del dólar no incidirá en la góndola.
Los nuevos inversores productivos son los únicos que podrán hacer disminuir drásticamente el nivel de desocupación, incrementar fuertemente los ingresos fiscales y, en definitiva, serán los únicos que ayudarán a salir de esta espantosa crisis social.
• Ignorancia
El gobierno parece no estar consciente de que los ahorristas desparramados en el mundo son potenciales compradores de productos de origen argentino y muchos de ellos también accionistas de empresas que podrían participar de nuestro desarrollo productivo. Si el gobierno no se da cuenta de que atrás de cada ahorrista que se considere estafado hay un potencial cliente, es que no entiende el funcionamiento de la economía real. Los cientos de miles de ahorristas representan muchos millones de personas que están conscientes de la actitud que está teniendo el gobierno argentino.
Hemos visto, en los últimos meses, cómo inversiones españolas fueron destinadas a otros países en la región o cómo en los últimos días una empresa de origen estadounidense decidió retirarse de la Argentina por presión de la asamblea de accionistas en su país. En lugar de disculpas, las autoridades deberían modificar su oferta de canje para que esos ahorristas no se sientan tratados con crueldad. Cuando el representante de la República Argentina pide disculpas en Italia y, renglón seguido, acusa a los bancos que promovieron esas inversiones de no haber avisado a sus clientes de los riesgos que corrían, debería con la misma vara acusar al Ministerio de Economía argentino, a casi todos los bancos establecidos en nuestro país y a otros integrantes del mundo financiero local que auspiciaban la compra de títulos públicos argentinos.
Evidentemente quienes asesoraron el canje de deuda miraron exclusivamente con ojos de inversor financiero de 24 horas (overnight) y no de inversor productivo de 10 años. No cabe duda de que manteniendo esta oferta de canje argentina recibirá inversiones productivas, pero de lo que tampoco cabe duda es que la tasa de retorno que calcularán esos inversores harán que más que productivas sean especulativas. Y esto lo paga en forma directa la población.
No podremos salir de la crisis a la que nos sometieron los políticos, sin el ingreso de nuevos inversores productivos. Aquí quiero llamar la atención. La mayoría de los inversores productivos que ya están instalados en el país apoyan este esquema de canje de deuda, y a que saben que en estas condiciones no ingresarán nuevos inversores de su tipo. De esta forma mantienen cautiva su participación en el mercado. Por eso será conveniente que al menos el señor Presidente decida escuchar a los potenciales inversores productivos que aún no están instalados en el país. Por otro lado, las inversiones productivas que necesita nuestro país deberían estar orientadas al comercio exterior, ya que las que vengan para el mercado local sólo lograrán sacarles porciones de comercialización a las ya instaladas, con todo lo que ello trae aparejado.
Si no hubiera más de 85% de aceptación de la actual propuesta mejorando la oferta del canje realmente estaremos beneficiando directamente a nuestra población. Ya pasaron las horas de discursos agresivos a los tenedores de deuda. Es el momento de pensar en nuestra población con casi 50% de pobres, 20% de indigentes y con un retroceso de infraestructura de casi 8 años. Necesitamos que nuevos inversores productivos ingresen a nuestro mercado.
El cálculo es tan simple que resulta casi elemental. La Argentina propuso pagar en los próximos años a los nuevos papeles provenientes del canje un promedio de 1.300 millones de dólares de interés. Duplicando esa cifra se podría asegurar que la Argentina tendría casi 100% de aceptación del canje de deuda y, en consecuencia, no habría juicios. Sin juicios se abre la posibilidad de sólidos y convenientes proyectos productivos.
Si uno habla de duplicar la cifra después del 25 de febrero si no hay buena aceptación, parece un valor astronómico, pero se debe analizar que duplicar la cifra significa que por esos 1.300 millones de dólares anuales adicionales se recibirán inversiones para la economía real en condiciones favorables para nuestra población en varias veces esa cifra. El señor Presidente debería dialogar con inversores productivos que no estén instalados en el país sobre las condiciones de ingreso a nuestra economía y ahí se convencerá de que si quiere beneficiar a la población deberá mejorar fuertemente su oferta de canje si corresponde. Caso contrario veremos un limitado ingreso de capitales productivos, que llegan en condiciones desventajosas para el grueso de la población.
Simplificando la ecuación, ofreciendo una cifra más razonable en el canje, recibiremos por año varias veces esa cifra de incremento en inversiones productivas. Como dato en base a promedios de distintos sectores de la economía real, podemos decir que por cada 1.000 millones de dólares que ingresan de nuevas inversiones productivas se crean 15.000 puestos de trabajo y se incrementan los ingresos fiscales en casi 200 millones de dólares anuales.
La eventual nueva oferta de canje no debería instrumentarse con mentalidad financiera (tratemos de pagar lo menos posible), sino con mentalidad de producción hacia la economía real (busquemos las condiciones para que llegue una avalancha de nuevas inversiones productivas dirigidas esencialmente al comercio exterior). Cargados de juicios estas inversiones no llegarán.
(*) Consejero empresarial -Presidente de CADEC SA.




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