Kirchner bien con empresarios de EEUU, pero sigue la cautela
Cayó bien Néstor Kirchner en el Council of the Americas. Se mostró respetuoso y amigable, casi un contraste con su reciente aparición europea. Sin embargo, más allá de sus invocaciones a favor de las inversiones, la seguridad jurídica, el cumplimiento de los contratos firmados y por firmar, todavía impera cierta «caution»: está claro que sueña con un destino capitalista para la Argentina, pero nadie parece convencido de que los caminos que emprendió terminen en ese destino. La declaración más importante que formuló -«no vamos a reestatizar las privatizadas»- tuvo buen impacto, pero en el año 2003 cuesta entender que haya tenido que hacer esa confesión sobre la propiedad privada. Algo erróneo nublaba su figura, al menos desde Nueva York, para que alguien pensara y él hiciera la correspondiente corrección, de que en el país no se van a producir expropiaciones. Apenas auditorías, con facultades delegadas por el Congreso. Fue positiva, sin embargo, la cita con el grupo que lidera David Rockefeller y pilotea William Rhodes, del Citibank, un complemento de su breve entrevista anterior con el presidente George Bush. Más cuando, para endulzar los oídos de los empresarios de ese origen, Kirchner los distinguió del capitalismo estatal de Europa (unos arriesgan, para el mandatario; los otros más bien hacen negocios, utilizaron «atajos» en la década de 1990). Discutible afirmación por lo genérico, más cuando países como España y Gran Bretaña representan -política y comercialmente- casi lo mismo que los Estados Unidos, algunas de cuyas empresas tampoco se han destacado por la transparencia. Pero Kirchner piensa que esa forma de diferenciar le permitirá atraer inversiones. Sobre la evasión dijo, a pedido de una cerealera, que «se irá caso por caso, según lo que decida la Justicia».
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Kirchner llegó algo alterado a la sede del Consejo de las Américas, por la demora que tuvo que vivir para que el vuelo que lo llevaba de Washington a Nueva York pudiera concretarse debido a la lluvia. Sólo a media mañana, el Tango 01 pudo abandonar la base Andrews de la capital norteamericana, con lo que la llegada a Nueva York se realizó casi al mediodía, lo que derivó en la suspensión de la visita a «The New York Times», pactada para las 11. Kirchner fue directamente a la sede del Consejo, donde ya prácticamente todas las mesas estaban ocupadas por los empresarios y delegados de las compañías. La mala cara inicial, fruto de las demoras, hizo especular a algunos de los colaboradores presidenciales sobre algún malhumor en el momento de dar el discurso.
Volvió, como había hecho una semana antes en Europa, a culpar al Fondo Monetario Internacional (FMI) «y sus políticas de ajustes» de gran parte de los males que llevaron a la recesión económica desde el '98 y a la crisis terminal de fines de 2001.
•Revisión
Para terminar la primera parte del la reunión, la del discurso directo, Kirchner reiteró que todas las empresas que quieran invertir en el país «pueden contar con la seguridad jurídica necesaria» y con «reglas claras que todos vamos a respetar», y volvió sobre el principio: «Queremos que las empresas ganen plata».
Vinieron luego las preguntas, donde a la voz de Kirchner se le sumó en algunos momentos la del ministro de Economía, Roberto Lavagna, que para no opacar al Presidente sólo dio precisiones técnicas.
Si bien se esperaba una embestida más dura, sólo hubo una breve intervención de los representantes de los bancos norteamericanos a través de Brian O'Neill, director de inversiones en América latina del JP Morgan Chase. Más que una pregunta, el banquero dijo que «es importante para la Argentina poner en marcha el sistema financiero y la salud de la banca comercial es importante para la economía» y que «se trata de un sector rezagado».
En realidad, la pregunta vino después y se concentraba en las compensaciones. Kirchner asintió y dejó contestar a Lavagna, que dio datos sobre el aumento en los créditos de las últimas semanas y habló de que este capítulo es uno de los más importantes en las negociaciones con el FMI y que sólo después habría definiciones sobre «otras cuestiones», sin mencionar las compensaciones.
Vino luego otra pregunta sobre la crisis. Allí Kirchner se explayó acerca de su teoría sobre la convertibilidad. Para el Presidente, «el 1 a 1 fue una ilusión óptica de los gobiernos, de la sociedad argentina y del FMI» ya que «para mantener ese 1 a 1 tuvimos que consumir el ingreso obtenido por la venta de las empresas privatizadas y algún superávit que se logró en la primera parte de la década del '90". Hubo una tercera pregunta sobre la crisis, que le permitió volver a embestir contra el FMI: «La Argentina pagó cara su irrealidad».
Llegó otra pregunta que mezcló nuevamente el tema de las privatizaciones con la «legalidad», lo que llevó a Kirchner a aumentar su apuesta a favor de las compañías de EE.UU. y en contra de las europeas. «Muchos empresarios norteamericanos que ustedes conocen se vieron perjudicados por este proceso privatizador, donde teniendo posibilidades de acceder a las empresas argentinas, por distintas circunstancias no entendibles por muchos se tomaron atajos o siempre quedaron grandes dudas sobre la claridad de los procedimientos.»
Para que se entienda de qué estaba hablando, Kirchner culminó el mensaje afirmando que «el combate a la corrupción es una tarea central para nosotros».
Entre otros empresarios, llegaron hasta el Consejo de las Américas el presidente de ese ámbito, el octogenario David Rockefeller, William Rhodes, ex Citigroup; Robert Tanzola por General Motors (que se quejó por los retrasos en la devolución del IVA), Héctor Marsili, de Cargill; Jorge Bermúdez, de Citigroup International; Michael Tangney, de Colgate Palmolive; Jesse Tyson, de Exxon Mobile; Paul Hogan, de Fleet-Boston Financial; Joseph Brandt, de AES Corporation (dueña de distribuidoras y generadoras eléctricas); Charles Herington, de America on Line, y Rafael de la Vega, de Bellsouth. Además, estuvieron algunos enviados de Microsoft, IBM, Texaco, Kodak, Ford y Cisco.
Por el lado argentino, estuvieron el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; Lavagna; el canciller Rafael Bielsa; el titular de la SIDE, Sergio Acevedo; el embajador ante las Naciones Unidas, Arnoldo Listre, y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño.




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