25 de julio 2003 - 00:00

Kirchner bien con empresarios de EEUU, pero sigue la cautela

Cayó bien Néstor Kirchner en el Council of the Americas. Se mostró respetuoso y amigable, casi un contraste con su reciente aparición europea. Sin embargo, más allá de sus invocaciones a favor de las inversiones, la seguridad jurídica, el cumplimiento de los contratos firmados y por firmar, todavía impera cierta «caution»: está claro que sueña con un destino capitalista para la Argentina, pero nadie parece convencido de que los caminos que emprendió terminen en ese destino. La declaración más importante que formuló -«no vamos a reestatizar las privatizadas»- tuvo buen impacto, pero en el año 2003 cuesta entender que haya tenido que hacer esa confesión sobre la propiedad privada. Algo erróneo nublaba su figura, al menos desde Nueva York, para que alguien pensara y él hiciera la correspondiente corrección, de que en el país no se van a producir expropiaciones. Apenas auditorías, con facultades delegadas por el Congreso. Fue positiva, sin embargo, la cita con el grupo que lidera David Rockefeller y pilotea William Rhodes, del Citibank, un complemento de su breve entrevista anterior con el presidente George Bush. Más cuando, para endulzar los oídos de los empresarios de ese origen, Kirchner los distinguió del capitalismo estatal de Europa (unos arriesgan, para el mandatario; los otros más bien hacen negocios, utilizaron «atajos» en la década de 1990). Discutible afirmación por lo genérico, más cuando países como España y Gran Bretaña representan -política y comercialmente- casi lo mismo que los Estados Unidos, algunas de cuyas empresas tampoco se han destacado por la transparencia. Pero Kirchner piensa que esa forma de diferenciar le permitirá atraer inversiones. Sobre la evasión dijo, a pedido de una cerealera, que «se irá caso por caso, según lo que decida la Justicia».

Néstor Kirchner eligió ayer dos argumentos para debutar ante los principales representantes de empresas de origen norteamericano. El Presidente alabó en un almuerzo en Nueva York a las compañías de ese país, que no tomaron «atajos» como las europeas para acceder a las empresas privatizadas en los '90. Aclaró que no es su intención iniciar un proceso de reestatización de la venta y licitación de servicios públicos durante el gobierno de Carlos Menem, pero insistió en que habrá una revisión de todos los contratos de los servicios públicos «sin distinción». Dijo, además, que el futuro de los negocios en la Argentina es para las empresas que quieran «ganar dinero» pero respetando «la ética».

Más allá de estos anuncios y advertencias, lo que quedó en claro en el debut de Kirchner ante empresarios norteamericanos, en su presentación de ayer al mediodía en un almuerzo en el Consejo de las Américas, es que en la visión del presidente argentino merecen esos capitales más respeto que los europeos. Luego del encuentro del Consejo, un colaborador directo que participa de la gira interpretó ante este diario aun más la visión presidencial: «Kirchner cree que las empresas norteamericanas asumen riesgos y no son prebendarias, mientras que las europeas eligen un estado protector que asuma las pérdidas. Esto quedó en claro ayer en la reunión de Nueva York». Un «cavallismo» que hubiera criticado en Menem.

El de ayer fue el tercer encuentro que el Presidente protagonizó con empresarios extranjeros luego de las reuniones con representantes de las compañías francesas en París y españolas en Madrid, la semana pasada. Si, además, se tiene en cuenta el frío discurso que dio en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires el jueves 10 de julio, el de ayer ante los empresarios norteamericanos fue el mensaje más amistoso y entusiasta de todos los que protagonizó el jefe de Estado argentino con representantes de compañías de cualquier origen desde que llegó a la presidencia, el 25 de mayo pasado.

Kirchner
llegó algo alterado a la sede del Consejo de las Américas, por la demora que tuvo que vivir para que el vuelo que lo llevaba de Washington a Nueva York pudiera concretarse debido a la lluvia. Sólo a media mañana, el Tango 01 pudo abandonar la base Andrews de la capital norteamericana, con lo que la llegada a Nueva York se realizó casi al mediodía, lo que derivó en la suspensión de la visita a «The New York Times», pactada para las 11. Kirchner fue directamente a la sede del Consejo, donde ya prácticamente todas las mesas estaban ocupadas por los empresarios y delegados de las compañías. La mala cara inicial, fruto de las demoras, hizo especular a algunos de los colaboradores presidenciales sobre algún malhumor en el momento de dar el discurso.

Nada de eso pasó y casi mágicamente el rostro de Kirchner se transformó para agradecer «la confianza que aún mantienen muchos de ustedes en la Argentina». En ese tono, habló y contestó preguntas durante una hora y media. Primero fue directamente a la presentación formal de su discurso: «Vengo a decirles que el gobierno argentino tiene la firme decisión de llevar adelante una verdadera revolución que nos permita vivir en un país normal». Continuó explayándose el argentino, explicando que para él «un país normal es un país previsible, con reglas claras, donde además las reglas sean respetadas y no haya esquemas de impunidad que realmente desalientan inversiones en el país». En ese punto, comenzaron los primeros susurros por parte de varios representantes de bancos norteamericanos que vivieron en carne propia la salida de la convertibilidad y la pesificación asimétrica, que todavía no logra resolver la Argentina.

Volvió, como había hecho una semana antes en Europa, a culpar al Fondo Monetario Internacional (FMI) «y sus políticas de ajustes» de gran parte de los males que llevaron a la recesión económica desde el '98 y a la crisis terminal de fines de 2001.

•Revisión

Fue, minutos después, al tema álgido de las privatizaciones. Dijo, mirando el auditorio, que durante su gobierno no está en los planes «reestatizar las empresas de servicios públicos» porque eso iría en contra de su visión de «construir un país confiable y previsible». Kirchner mencionó inmediatamente su decisión de revisar los contratos de las empresas privatizadas uno a uno porque «queremos llevar adelante el proceso de revisión de las concesiones de servicios públicos para hacer en adelante que el sistema funcione de modo tal que las empresas ganen, lo que todos queremos que ocurra, pero que también ganen los que reciben los servicios con la mejor calidad».

Mencionó después, veladamente, la situación que deben esperar los acreedores privados de la deuda argentina caída en default. Dijo que la Argentina «quiere cumplir con sus compromisos» pero debe elaborar «un plan sustentable que permita primero el desarrollo» ya que «no puede significar que cumplir con los pagos lleve a la postergación de las necesidades del país, donde todavía hay habitantes bajo la línea de pobreza y donde la desocupación sigue siendo un flagelo».

Para terminar la primera parte del la reunión, la del discurso directo, Kirchner reiteró que todas las empresas que quieran invertir en el país «pueden contar con la seguridad jurídica necesaria» y con «reglas claras que todos vamos a respetar», y volvió sobre el principio: «Queremos que las empresas ganen plata».

Vinieron luego las preguntas, donde a la voz de
Kirchner se le sumó en algunos momentos la del ministro de Economía, Roberto Lavagna, que para no opacar al Presidente sólo dio precisiones técnicas.

Si bien se esperaba una embestida más dura, sólo hubo una breve intervención de los representantes de
los bancos norteamericanos a través de Brian O'Neill, director de inversiones en América latina del JP Morgan Chase. Más que una pregunta, el banquero dijo que «es importante para la Argentina poner en marcha el sistema financiero y la salud de la banca comercial es importante para la economía» y que «se trata de un sector rezagado».

En realidad, la pregunta vino después y se concentraba en las compensaciones.
Kirchner asintió y dejó contestar a Lavagna, que dio datos sobre el aumento en los créditos de las últimas semanas y habló de que este capítulo es uno de los más importantes en las negociaciones con el FMI y que sólo después habría definiciones sobre «otras cuestiones», sin mencionar las compensaciones.

Vino luego otra pregunta sobre la crisis. Allí
Kirchner se explayó acerca de su teoría sobre la convertibilidad. Para el Presidente, «el 1 a 1 fue una ilusión óptica de los gobiernos, de la sociedad argentina y del FMI» ya que «para mantener ese 1 a 1 tuvimos que consumir el ingreso obtenido por la venta de las empresas privatizadas y algún superávit que se logró en la primera parte de la década del '90". Hubo una tercera pregunta sobre la crisis, que le permitió volver a embestir contra el FMI: «La Argentina pagó cara su irrealidad».

Llegó otra pregunta que mezcló nuevamente el tema de las privatizaciones con la «legalidad», lo que llevó a Kirchner a aumentar su apuesta a favor de las compañías de EE.UU. y en contra de las europeas. «Muchos empresarios norteamericanos que ustedes conocen se vieron perjudicados por este proceso privatizador, donde teniendo posibilidades de acceder a las empresas argentinas, por distintas circunstancias no entendibles por muchos se tomaron atajos o siempre quedaron grandes dudas sobre la claridad de los procedimientos.»

Para que se entienda de qué estaba hablando, Kirchner culminó el mensaje afirmando que «el combate a la corrupción es una tarea central para nosotros».

Entre otros empresarios, llegaron hasta el Consejo de las Américas el presidente de ese ámbito, el octogenario
David Rockefeller, William Rhodes, ex Citigroup; Robert Tanzola por General Motors (que se quejó por los retrasos en la devolución del IVA), Héctor Marsili, de Cargill; Jorge Bermúdez, de Citigroup International; Michael Tangney, de Colgate Palmolive; Jesse Tyson, de Exxon Mobile; Paul Hogan, de Fleet-Boston Financial; Joseph Brandt, de AES Corporation (dueña de distribuidoras y generadoras eléctricas); Charles Herington, de America on Line, y Rafael de la Vega, de Bellsouth. Además, estuvieron algunos enviados de Microsoft, IBM, Texaco, Kodak, Ford y Cisco.

Por el lado argentino, estuvieron el jefe de Gabinete,
Aníbal Fernández; Lavagna; el canciller Rafael Bielsa; el titular de la SIDE, Sergio Acevedo; el embajador ante las Naciones Unidas, Arnoldo Listre, y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño.

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