28 de julio 2003 - 00:00

Krueger, de misión en fragata Libertad

Krueger, de misión en fragata Libertad
Washington - Anne Krueger visitó ayer la fragata Libertad, anclada en el puerto de Baltimore. La imagen de la polémica funcionaria, número dos del Fondo Monetario Internacional, a bordo del buque escuela de la Armada, tendrá tantas interpretaciones como intereses tengan los que la analicen.

Alguno, por caso, podría pensar que Krueger tasó la histórica embarcación por si la tiene que embargar ante la falta de pago; los más racionales verán un acercamiento del FMI a la Argentina. No faltarán los audaces que interpreten el acto como un apoyo al gobierno contra las Fuerzas Armadas o viceversa, de acuerdo con el lado del que se lo mire. La realidad es que fue el ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien invitó a los directores del cuestionado organismo. Hay que recordar que Krueger hasta hace poco defendía una reforma al FMI que hizo reaccionar a todos en su contra: país que no pague, debía declararse en quiebra como si fuera una empresa.

Quizá Krueger y otros miembros del FMI y funcionarios argentinos olvidaron ese proyecto durante la amena visita guiada por los interiores del buque argentino.

La invitación a la nave intenta lograr el mejor clima antes de la llegada de John Dodsworth a Buenos Aires, quien encabezará una comitiva de trece funcionarios del FMI para alcanzar un acuerdo de mediano plazo.

A bordo de la nave estuvieron ayer, por el lado argentino, el embajador en los Estados Unidos, José Octavio Bordón; el jefe de Operaciones Navales de la Armada, almirante Eduardo Avilés; y el capitán de la nave, Andrés de Vicenzo.

Por el FMI, además de la vicedirectora gerente, participaron el director de Asuntos Occidentales, Anoop Singh; el vocero Thomas Dawson y su esposa; el director argentino Guillermo Zocccali; y Sitdhart Tiwary, principal asesor de Horst Köhler, titular del FMI.

Los funcionarios fueron llevados hasta la Bahía de Nápoli en una moderna lancha de la academia naval de los Estados Unidos. Los directivos del FMI fieles a su convicción de que todo se mide por su eficiencia declararon que se llevaron la mejor impresión por el «excelente estado de la nave y el comportamiento de la tripulación». Jamás preguntaron cuánto vale ni cuánto gasta.

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