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Carlos Felices
(Telecom), Alejandro
Elsztain
(APSA), Eduardo
Elsztain (IRSA),
Clarisa Estol
(Banco Hipotecario),
Jorge Heilpern
(representante ante
los organismos
internacionales de
crédito en
Washington),
Guillermo Stanley
(Banco Macro) y
Pedro Inzuzarri
(Telecom), en el
balcón de Wall St.
abriendo la sesión
de ayer. Fue el
«Argentine Corporate
Day».
En el almuerzo el politólogo Sergio Berensztein y los economistas Walter Molano (BCP Securities) y Gustavo Cañonero (Deutsche Bank), pintaron panoramas bastante diferentes del futuro inmediato. El más optimista fue Molano, quien arriesgó un pronóstico de 8% de crecimiento del PBI en 2007; Cañonero fue un poco más moderado (7%), pero condicionó que aun con superávit fiscal y precios relativos favorables, si no se hacen las inversiones necesarias en energía se complicará mantener el crecimiento. «Esto lo veo difícil con tarifas casi congeladas y ausencia de marco regulatorio». Hacen falta por lo menos 2 a 3 mil millones de dólares hasta 2010 para satisfacer la demanda». Y agregó que la mayor dificultad para que lleguen esas (y otras inversiones) es «la imposibilidad de poder decir qué va a pasar en la Argentina en dos, tres o cuatro años».
Si este pronóstico de Cañonero, que contradecía el optimismo de Elsztain para los próximos 10 o 15 años, sonó como un tiro en la noche, la descripción que hizo Berensztein del Presidente y su visión de la política, tampoco pudo haber hecho sentir cómodos a sus anfitriones. Es que el socio de Poliarquia y director de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad Di Tella, calificó a su gobierno de «raro caso de populismo con políticas fiscales conservadoras». Agregó que, bajo Kirchner la Argentina «puede llegar a ser como Bolivia o Ecuador, con crisis políticas terminales, puede caer en autoritarismos como los de Alberto Fujimori o Hugo Chávez, o puede terminar pareciéndose a la Argentina de 2005 (reelección por amplio margen) o a Brasil de 2006 (un izquierdista pragmático). Es verdad que estamos mejor que todos ellos, pero el fuerte liderazgo del Presidente contrasta con la debilidad del aparato estatal».
Después vino la ronda de preguntas en la que, llamativamente, ninguno de los comensales formuló interrogante alguno (los hombres de prensa tenían vedado hacerlo). Sin embargo, Elsztain, Felices, Estol y Stanley habían conversado largamente con los enviados especiales de la prensa argentina en un encuentro privado. Allí el CEO de IRSA explicó elípticamente (o no tanto), la ausencia de uno de los invitados «estrella» a este road show: el supermercadista Alberto Coto. Fue cuando dijo que no era sencillo pasar de ser una empresa familiar a cotizar en Wall St. «Hay que cambiar el gobierno corporativo incorporando directores independientes, hay que cambiar la contabilidad, hacer balances trimestrales... Si uno nunca cotizó en la Bolsa de Buenos Aires, es muy difícil arrancar en el NYSE», dijo. De todos modos, la presencia de Coto se vinculaba más con la renegociación de su deuda que con la posibilidad de ofrecer parte de su capital en el mercado bursátil. Estol agregó que «cotizar en Bolsa, cuesta cerca de un millón de dólares por año. dependiendo del capital. Obviamente, no es para cualquiera».




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