28 de julio 2003 - 00:00

La Bolsa sólo se adelanta, si sabe

La Bolsa sólo se adelanta, si sabe
La teoría del «adelanto» tiene muchas pruebas históricas contundentes en el mundo como para haberse tejido una casi leyenda sobre esto. Y es la condición por la que no solamente se la reconoce como termómetro, midiendo temperaturas políticas y económicas ante la sociedad, sino como barómetro, gestando movimientos que no se comprenden en el presente, pero que alcanzan justificación en el futuro inmediato. Ciertas condiciones deben darse, sin embargo, para que ello pueda funcionar debidamente y no solamente como una mecánica repetitiva y fallida. Lo que ha pasado últimamente, lo más fresco con la visita de Kirchner a Bush, no pasa por adelanto académico, sino más por una apuesta a que surgiera de allí alguna señal, capaz de mover al entusiasmo al ambiente. No se dio, todo volvió donde estaba, alguno demasiado «jugado» estará lamiendo heridas. Pero, cuando hay cuestiones dando vuelta, de cierto peso, y llegan filtraciones desde cualquier ángulo, o usina de versiones confiables. O, directamente, alguna utilización de «información confidencial», el esquema de adelantarse alcanza su plenitud.

Cualquier chequeo informal sobre diversos sectores y fuentes productivas o financieras llevará al interesado casi a la misma conclusión: hay preocupación. Porque no se sabe hacia dónde va la economía, salpicada de medidas inconexas, sin plan homogéneo, sin nuevos incentivos. Esa mancomunión, que podría denominarse «desorientación», es lo que priva actualmente y que no puede generar energía vital, para sostener un ritmo creciente. La Bolsa acusa la ausencia de datos para poder obrar. Parece.

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