4 de enero 2002 - 00:00

La devaluación alarma a las empresas de servicios

Las empresas de telecomunicaciones nucleadas en Cicomra fueron las primeras en expresar públicamente su preocupación sobre el trascendido de una fuerte devaluación, aunque el estado de ánimo es el mismo en las compañías energéticas, petroleras y de aviación, y en general en todas aquellas que están endeudadas en dólares, especialmente cuando se trata de préstamos acordados en el exterior.

Ayer, el presidente Eduardo Duhalde, habría tratado de calmar estas reacciones y para eso se comunicó telefónicamente con el jefe de Estado español, José María Aznar, y Jorge Remes Lenicov habría hecho lo mismo con su par español. Sin embargo, los antecedentes no son auspiciosos: con mucha diplomacia, el canciller español, Josep Piqué, estuvo la semana pasada en Buenos Aires y sugirió el interés de su gobierno de que se respete la seguridad jurídica de los contratos.

•Preocupados

Cicomra nuclea a unas 100 empresas, entre las que se encuentran las operadoras históricas, Telefónica y Telecom, las de telefonía celular, Unifón, Personal, CTI y Movicom, las entrantes al mercado desde la desregulación, como AT&T y Techtel, las de informática, como IBM y Hewlett Packard, y las proveedoras principales de todas esas compañías.

Luis Perazo
de Telecom, dijo en nombre de Cicomra que la entidad, aunque no tiene información cierta y sólo conoce trascendidos periodísticos, «está fuertemente preocupada ante la posibilidad de que se tomen medidas unilaterales».

«Somos conscientes de que tenemos que ayudar ante la crisis del país», dijo Perazo, pero «creemos que lo que puede resolver problemas para algunos sectores, puede complicar mucho a otros, y que esto tendría que ser advertido por el gobierno».

En opinión de Cicomra, el sector de las telecomunicaciones e informática se vería seriamente afectado porque en total las empresas tienen
actualmente una deuda que ronda los 10.000 millones de dólares con entidades del exterior, para las cuales no servirán las eventuales garantías o medidas que tome el Estado argentino.


Según la entidad, «se están planteando medidas aisladas, sueltas, que no permiten una salida ordenada de la convertibilidad». Perazo agregó que «sabemos que las medidas nos van a afectar y no hay nadie con quién hablar».

En este aspecto, la otra gran alarma empresaria proviene de que en el gobierno faltan designaciones clave como todas las secretarías que dependían del Ministerio de Infraestructura: Comunicaciones, Energía, Transporte y Obras Públicas. En apariencia, todavía no está definido si esas áreas dependerán del Ministerio de Producción o si volverá a haber una cartera de Infraestructura.

La falta de funcionarios que conozcan los problemas de cada área puede llegar a ser «dramática», según las empresas. El ejemplo más claro es qué ocurriría con el trasporte de pasajeros y de carga si con la devaluación se produce el traslado aunque sea parcial a los precios del gasoil.

•Combustibles

De todas formas, con respecto a los precios de los combustibles, las empresas petroleras coincidieron ayer en que no se puede decir qué se hará «hasta que no se conozcan todas las medidas y cómo se ve afectado el negocio en forma global». En este sentido, para una empresa como Repsol-YPF que es productora y refinadora de crudo y de gas, la ecuación económica depende del nivel de la devaluación y si se imponen retenciones a las exportaciones de hidrocarburos. Para las otras petroleras refinadoras, la situación sería más complicada porque el negocio pasa por el mercado interno casi exclusivamente.

Dentro del área de los servicios, un sector que se considera al borde de la quiebra con una devaluación es el de la aviación. Las dos principales empresas, Aerolíneas Argentinas y LAPA están en convocatoria de acreedores, tienen que afrontar en dólares sus principales gastos: las cuotas de leasing de los aviones, los seguros y los combustibles, y además están operando con un margen muy estrecho de rentabilidad por la recesión y por la guerra de tarifas que se inició cuando Aerolíneas fue adquirida por el grupo español Marsans con una estrategia de recuperación del mercado perdido durante el conflicto de la empresa.

•Balances

Otra fuerte preocupación empresaria es que los balances darían resultado negativo porque se expresan en pesos con lo cual el endeudamiento, aun en las empresas con menos créditos, tendría una suba de 40%. Con balances negativos, imposibilidad de cumplir por ahora con las obligaciones contraídas con bancos extranjeros por la prohibición de remesar divisas y operando en un país en default, las compañías temen que se les corten los créditos y se caiga la confianza de los accionistas.

Hay empresas privatizadas en las que llegó a evaluarse que una pesificación unilateral y compulsiva de las tarifas sin una contrapartida que mantenga la ecuación económica de los contratos, podría llevarlas a retirarse de la Argentina y a iniciar juicio por violación al tratado de protección de inversiones que la Argentina tiene firmado con la mayoría de los países desarrollados.

Hay otras en cambio, que contarían con cierto aval de las casas matrices para respaldar por unos meses o un año la operatoria en la Argentina. No obstante, el criterio más generalizado es que las filiales locales sean autosuficientes.

Otro de los grandes temores empresarios es que la devaluación, tal como prevén varios economistas, desate una fuerte inflación por lo menos en los primeros meses, y que las tarifas queden muy desfasadas si son congeladas por 90 días.

Por todos estos temas para los que no hay respuesta hasta ahora, en algunas empresas llegó a hablarse ayer de que el Estado debería hacerse cargo de parte de la deuda privada, o salir de alguna manera a sostener a las empresas, porque tampoco parece factible que los servicios públicos vuelvan a reestatizarse. En suma, un debate complicado que parece de otra época y que deja abiertos serios interrogantes.

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