Se podría decir que hasta las dos de la tarde el mercado se movió del lado ganador y que fue ahí cuando sobrevino la baja que llevó al Promedio Industrial a los 10.441,11 puntos que marcó al sonar la campana de cierre. Se "podría", porque la idea de que una suba de 0,3% -como la que alcanzó el Dow en su mejor momento refleja un mercado ganador es sin duda una exageración, especialmente cuando el resultado final marcó un retroceso de 0,9%, prácticamente en lo peor de la sesión. En realidad no es demasiado lo que cambió respecto de lo visto el lunes. Atenazado, por debajo entre una nueva merma del petróleo (quedó en u$s 63,9 por barril, luego de que el gobierno anunciara su predisposición a liberar parte de sus reservas de fuel oil -hasta ahora se liberaban gasolina y crudo-) y por encima con el anuncio de las pérdidas multimillonarias de British Petroleum (es la primera petrolera en cuantificar públicamente sus pérdidas tras los últimos huracanes lo que contribuyó a que el sector energético perdiera ayer 3%), es fácil entrever razones que explican el leve sesgo alcista de la mañana. Si bien, pasada la una y media de la tarde la tasa de 10 años -que arrancó en baja y cerró casi sin cambios en 4,375%, comenzó a estabilizarse, de todas formas los posteriores comentarios de Richard Fisher el presidente de la Reserva de Dallas y famoso por "irse de boca" a principios de junio -cuando sugirió exactamente lo contrario-, se vinculan con el arranque del malhumor inversor, ya que alarmó bastante la idea de que la inflación se encuentre cercana al límite máximo de tolerancia de la Fed y que no muestre signos de abatimiento. Claro que esto no explica todo.
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