17 de junio 2024 - 00:00

La inflación le da la primera alegría del año a la FED: antes y después, Wall Street continúa batiendo récords (pero solo sube un puñado de papeles)

Mejoró la marcha de los precios pero, por supuesto, el problema no se esfumó. Mantener por más tiempo las tasas donde las dejó la última suba, en julio del año pasado, es la receta que mejor le sienta a Powell. A Wall Street ya se le pasó el susto de abril. Y no hay esquirlas crediticias.

Wall Street no necesita que caigan las tasas para alcanzar nuevas cumbres.

Wall Street no necesita que caigan las tasas para alcanzar nuevas cumbres.

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La paciencia de Jay Powell recogió esta semana su primera recompensa efectiva. Tuvo que esperar hasta ver los registros de mayo, pero valió la pena. Abril ya había exhibido una tenue mejora con respecto al fuerte salto de los precios de enero a marzo, aunque sus números tampoco eran satisfactorios. Si la FED lo rotuló como un progreso fue por conveniencia más que por una verdadera convicción. Simplemente, no está dispuesta a cambiar el dial de la política monetaria de 5,50% (el último retoque de tasas sucedió once meses atrás) aun cuando la data le sea transitoriamente esquiva. La información mes a mes es volátil. Prestarles demasiada atención a sus vaivenes puede inducir a error. Por eso, Powell ignoró el crescendo del primer trimestre, lo cual tampoco es elegante (y debió maquillarse en el discurso oficial). Mayo, por fin, le arrima la coartada perfecta. Y le da la razón.

La inflación, podría decirse a simple vista, se desvaneció. Los precios al consumidor -el índice general- no sufrió variación. Los mayoristas cayeron 0,2%. También retrocedieron los precios de importación (-0,4%) y los de exportación (-0,6%). La merma de los valores de la energía ayudó sobremanera. Y el anuncio sorpresivo de la OPEP plus de moderar sus recortes de producción quita de escena un escenario de pronta recuperación. La inflación, por supuesto, no se esfumó. Subsiste si al promedio minorista se le quita el 16% de las observaciones extremas (+0,1%) o si se toma la medición sin energía ni alimentos (+0,2%). O el valor central que divide todas las variaciones de los precios al consumidor en dos muestras de igual tamaño, la mediana, que aumentó 0,2%. Todas estas mediciones, sin embargo, son las menores de los últimos seis meses. Esto sí es un progreso que no se puede discutir.

Powell abogó por no sobre-reaccionar ante la virulencia imprevista de la inflación a comienzos de año. Y el bimestre abril-mayo confirma que no fue por capricho. Tampoco va a exagerar ahora la relevancia de una descompresión puntual. Mantener por más tiempo las tasas donde las dejó la última suba, en julio del año pasado, es la receta que mejor le sienta. La inflación, dijo Powell en la conferencia de prensa tras la reunión de la semana pasada, es todavía demasiado alta como para ejecutar ya la baja de tasas que anticipa el mapa de puntos. Más informes como el de mayo servirían para desbrozar el camino. O quizás un shock real. “Nuestro plan no es esperar a que las cosas se rompan y después tratar de arreglarlas”. Los 272 mil empleos netos creados en mayo -o los 249 mil en promedio de los últimos tres meses- no sugieren anemia o falta de hierro. Wall Street rompe récord tras récord, antes y después de conocer los números de inflación. Ya se le pasó el susto de abril. Y no hay esquirlas crediticias.

¿Una sola suba de tasas en lo que resta del año?

La FED elevó un par de décimas sus proyecciones de inflación para 2024 (a 2,6%) y su estimación de la tasa de interés de equilibrio de largo plazo (a 3%). La mediana de su nuevo mapa de puntos -que compila las opiniones de 19 gobernadores y presidentes de distrito (incluyendo la del propio Powell)- contempla ahora una única rebaja de tasas en lo que resta del año. Y ya no tres como en su versión de marzo. Pero la varianza es grande. Quien dice una puede decir dos. Siete voluntades abogan por un único recorte y ocho lo hacen por dos. Si la mediana es solo una intervención es porque los cuatro funcionarios restantes prefieren no tocar nada en 2024.

Arrancar las bajas este año es la posición que prevalece por alta diferencia (15 a 4). Pero, ¿cuándo? Lo que define no es el calendario sino la data. O mejor dicho la acumulación de data. Y esa necesidad de traspasar primero un umbral crítico de evidencia le da más chances a septiembre que a julio. La elección presidencial, el 5 de noviembre, a su vez, tiende a favorecer a noviembre y, sobre todo, al 18 de diciembre para estrenar la podadora. Pero, vale tenerlo presente, si el cariz de los indicadores no se modifica de forma sustancial, las bajas se correrán a 2025.

Wall Street no necesita que caigan las tasas para alcanzar nuevas cumbres. Basta seguir las pizarras para comprobarlo. Trazó récords antes de la reunión de la FED (y de conocer la suerte de la inflación) y también los superó después. En todo caso, la merma de las tasas largas le allana el paso. Pero la procesión va por dentro. La participación se encogió a un mínimo. Solo avanza un puñado de papeles. La volatilidad está dormida como agua de pozo. Y, sin embargo, la acción promedio se hunde. El Russell 2000, la canasta de compañías pequeñas, 1% en la semana y más de 4% el último mes. Por eso no hay euforia y si una preocupación en ascenso por la falta ostensible de una adecuada circulación.

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