22 de febrero 2002 - 00:00

La paridad con el dólar hoy se debería fijar entre $ 1,51 y 1,80

¿Es posible que una nueva ley de convertibilidad tenga éxito en la Argentina? ¿A qué valor se debería establecer el dólar? Sorprendió el presidente Eduardo Duhalde al señalar que no descartaba la posibilidad de aplicar nuevamente la Ley de Convertibilidad con otra relación entre el peso y el dólar. Y, lógicamente, miles de preguntas surgieron.

En primer lugar, está el debate técnico: convertibilidad, ¿a cuánto? Hace tiempo que los economistas vienen analizando este tipo de alternativas. La cuenta es sencilla: el gobierno debería establecer una convertibilidad de manera tal que haya respaldo total en dólares al pasivo monetario del Banco Central, esto es, la base monetaria o, lo que es igual, el circulante en poder del público y los encajes que tienen depositados los Bancos en la entidad central.

Haciendo números: las reservas en dólares que actualmente tiene el Banco Central suman u$s 13.627 millones. A su vez, cuando se suman los 12.460 millones de billetes y monedas en pesos circulando y los $ 8.172 millones de encajes, se llega a que el pasivo monetario del Banco Central asciende a $ 20.632 millones. Concretamente, entonces, hay que aplicar una convertibilidad a un cambio tal que las reservas por u$s 13.627 millones respalden en 100% ese pasivo. De allí surge que el tipo de cambio debería estar en, por lo menos, $ 1,51. Cuando se multiplica el total de reservas por $ 1,51, se llega a un valor en pesos de $ 20.632 millones, igual a la base monetaria.

•irculante

Sin embargo, si se quisieran realizar las cosas con seriedad, tampoco alcanzaría con un dólar a $ 1,51. Sucede que dentro del circulante hay que contabilizar unos 3.900 millones que circulan en bonos moneda (1.900 millones en LECOP y 2.000 millones en papeles provinciales). Contablemente, no entran dentro del pasivo del Central, porque es pasivo de los gobiernos provinciales y del Estado, pero forma parte del circulante actual. Haciendo nuevamente números: si se incluyen estos bonos, la base monetaria trepa a $ 24.532 millones. Para que los u$s 13.627 millones alcancen para cubrir ese monto, el tipo de cambio de una nueva convertibilidad debería ser, como mínimo, $ 1,8. Como mínimo porque el gobierno y el Banco Central podrían decidir un tipo de cambio más elevado para quedarse con reservas excedentes en caso de tener que asistir eventualmente al sistema financiero.

¿Por qué no convertibilidad 1 a 1?


Porque con el stock actual de reservas sólo se respaldaría 66% de la base monetaria, lo cual volvería inviable la esencia de este esquema que obliga a que por cada peso circulando haya un dólar de respaldo. El cambio no puede ser menor a $ 1,51 (por cada $ 1,5 circulando habrá un dólar de respaldo), a menos que se reciba ayuda externa. Esta última opción no está del todo descartada, e incluso, algunos economistas ya comenzaron a realizar juegos académicos para evaluar si es posible volver al 1 a 1. Una vez superada la fase técnica, la pregunta es si es éste el momento adecuado para volver a un esquema de convertibilidad, como el que rigió en la Argentina desde abril de 1991 hasta el 7 de enero pasado y como actualmente mantienen 8 países del mundo.

•Poco sensato

Quizá la opinión dejada a este diario por Carlos Pérez, economista de Fundación Capital, sea la más ilustrativa para responder. Para Pérez, no sería sensato aplicar hoy un esquema de convertibilidad cuando aún no se resolvió el tema del sistema financiero, tampoco se resolvió en cuánto se va a defaultear la deuda, aún no está terminada la pesificación ni se sabe cuál es la relación entre el gobierno nacional y las provincias. «Si se pone un ancla como la convertibilidad ahora, te lo van a llevar puesto» y se arruinaría así un instrumento de política que todavía está disponible y serviría para estabilizar la Argentina.

El punto entonces es buscar el momento oportuno y no continuar arruinando los instrumentos económicos con que se cuentan. En definitiva, las políticas económicas no son buenas ni malas en sí mismas. Son sólo un instrumento que, aplicado en forma prudente y en el momento oportuno, pueden llevar al éxito. De lo contrario, pueden dejar consecuencias costosas y desagradables.

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