Las fantasías de un director, a escena
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Periodista: ¿Qué le dejó este ciclo?
Vivi Tellas: Con Veronese ya cerramos el segundo año, con seis producciones muy diferentes. Lo que yo hago es plantearle al director la propuesta como un intento de teatro documental. Con el tiempo fueron surgiendo varias preguntas en relación a esta idea: qué es la biografía, cuáles son los límites de lo biográfico en general. Los directores que participaron, Analía Couceyro, Luciano Suardi, Beatriz Catani, Stefan Käegi, Mariana Obersztern y ahora Veronese tienen un mundo propio y una estética particular y cada uno incorporó la idea a su propio camino. Tuvieron total libertad de trabajar con quienes quisieran, actores, bailarines o gente común. Stefan Käegi, por ejemplo, convocó a un grupo de gente con sus respectivas mascotas (un perro, una iguana, una tortuga, varios conejos) su obra casi parecía un congreso más que un espectáculo teatral.
P.: ¿Y qué persona viva eligió Veronese?
V. T.: Se eligió a sí mismo. Partió de la idea de que sus fantasías tienen entidad y que se las puede considerar algo real y documentable. La fantasía que eligió representar tiene que ver con el miedo a que su hija muera. Ese fue el punto de partida y a medida que fue trabajando empezó a escribir la obra junto a Luis Cano.
V.T.: Veronese tiene mucho que decir sobre el tema, para él todo es Biodrama. El defiende la idea de que todo lo que se le ocurre respecto de la ficción también participa de su vida. Sí, es una actitud rebelde frente a este marco de trabajo, pero la verdad es que me parece muy atractiva.
V.T.: Sí, tengo una fantasía muy extrema, la de tomar la vida de alguien y llevar a esa misma persona a escena con su familia, sus compañeros de trabajo... sin actores. Ahora hice un experimento bastante privado, lo estoy mostrando de a poco porque me da vergüenza. Es una obra que hice con mi mamá y mi tía, en la que ellas cuentan la historia de sus vidas que obviamente también es la historia de mi vida. Por ahora sólo lo estoy mostrando a algunos amigos que se acercan a mi estudio, porque da mucho pudor. Parte de esta investigación está ligada al tema de la repetición, un rasgo teatral por excelencia pero que aparece naturalmente en la gente. Los actores tienen una técnica para repetir sus escenas y hacer que eso resulte siempre fresco y nuevo. Pero a mí lo que me interesa es la teatralidad natural que aparece en la repetición o en la mentira, otro mecanismo muy teatral. La gente miente y disimula o hace de cuenta que está pasando otra cosa.
Entonces, empecé a buscar en mi mamá y en mi tía las cosas que ellas repiten y las que no, las mentiras familiares... Es notable, mamá se pone a llorar cada vez que cuenta un determinado episodio y mi tía, en todos los ensayos, cuenta una historia siempre de la misma forma.
P.: ¿Se sale indemne de una experiencia así?
V.T.: Tiene algo de terapéutico. Un día vi esto como si estuviese curando a mi mamá de algún dolor y a mí también.
P.: ¿Tiene algún nombre esta experiencia?
V.T.: Se llama «Mi mamá y mi tía. Teatro de familia».
P.: ¿Para qué otras cosas sirve el ciclo Biodrama?
V.T.: Si Biodrama sigue algunos años más creo que va a generar una especie de mapa de vida de las personas que viven en la Argentina. En todas las obras que pasaron por el ciclo hubo un momento histórico que los directores tuvieron que hacer entrar porque afectaba la historia personal del personaje que habían elegido. Por otro lado ya se va viendo como las vidas chiquitas van armando la historia de un lugar, que además ha sido atravesada por una mirada poética.
P.: ¿Tiene algún otro proyectode dirección en el plano extra familiar?
V.T.: Este proyecto con mi familia me absorbió totalmente, pero ahora estoy preparando una obra, «Las relaciones de Clara» de Dea Loher, que se estrenará dentro del Ciclo de teatro semimontado que organiza el Instituto Goethe en noviembre. Le pedí a Alberto Migré que hiciera un radioteatro con el texto y en la escena quien escucha ese radioteatro, es Carolina Fal.




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