¿Desayuno cordial? El embajador de Estados Unidos, Lino Gutiérrez, protagonizó ayer el primer desayuno de trabajo de ejecutivos de empresas de su país con funcionarios del gobierno, tradición que viene de anteriores representantes diplomáticos. El embajador cerró el encuentro destacando la «cordialidad» del mismo; sin embargo, una versión indica que el café y las medialunas se le atragantaron a más de uno. Es que el invitado principal fue el ministro Roberto Lavagna, verdadero especialista en destratar a empresarios. Entre otros, conformaron su audiencia los presidentes de Movicom, Wal-Mart, Procter & Gamble, Cargill y altos gerentes de General Motors, Esso SAPA y Coca-Cola. Los dos momentos más complicados fueron cuando el hombre de la cadena de supermercados hizo hincapié en la «competencia desleal» que le planteaban a las grandes cadenas minoristas los comercios que trabajaban todo en negro, sin pagar impuestos y evadiendo cargas sociales. En sentido inverso, habría aducido, las grandes superficies hacen una gran contribución al fisco, esfuerzo que no sería correspondido desde el gobierno para combatir esa competencia desleal. Lavagna tomó debida nota de lo dicho por el empresario, y prometió aplicarse al asunto. Por su parte el hombre de la petrolera volvió a cargar -tal como viene haciendo el sector desde hace año y medio- contra la expansión del mercado de GNC (gas natural licuado) que -dijo- «está matando el negocio de las naftas». Afirmó el ejecutivo que la caída de la venta de nafta ronda ya 50% de los niveles históricos, lo que implica que las refinerías instaladas en el país tienen inactiva buena parte de su capacidad instalada. «Esto nos obliga a exportar los excedentes a valores marginales», se quejó el petrolero. Con su habitual rispidez, Lavagna respondió sin dejar lugar a esperanza o debate algunos: «Eso no va a cambiar porque el uso del gas en vehículos es una política fundamental de este gobierno». El ministro luego habría tenido expresiones irónicas hacia «algunos empresarios» (evitó generalizar), y el embajador Gutiérrez -diplomático al fin- cerró las dos horas de desayuno (en el hotel Four Seasons) con un salomónico «Fue un encuentro muy cordial». Habrá otros.
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