28 de febrero 2008 - 00:00

Lecciones sobre bancos de Italia para Moreno

Italia, se sabe, no pasa por un momento de gran esplendor. El «modelo italiano», basado en financiar a las pequeñas y medianas empresas de la península para vender productos elaborados en los países que formaron parte del dominio soviético, tuvo un largo e irremediable desgaste. Las economías que giraban en la órbita de Moscú ganaron competitividad y, en consecuencia, a los italianos ya no les resulta tan sencillo colocar sus exportaciones. Más allá de esa realidad, la apuesta de Roma y Milán persiste: los centros de pensamiento empresarial creen que hay que seguir multiplicando el crédito para que las empresas tengan dónde fondearse a largo y mediano plazo, ya que ése es el único camino para seguir desarrollando productos exportables. El principal problema de esta estrategia es que, junto con la crisis financiera que se desató en Estados Unidos, las tasas de interés que se pagan en Italia están empezando a complicar seriamente las cosas. La temperatura se elevó hasta tal punto que se realizó una extensa reunión de banqueros en Roma, en la que se analizaron los caminos posibles para salir de este momento de crisis. Tal vez sirva también para la Argentina.

¿Cuál es la situación? Hace un año las empresas eran financiadas por los bancos con tasas de interés en euros que iban desde un mínimo de 4% anual hasta un máximo de 12%, pero las tensiones de los últimos meses hicieron que ahora la banda de porcentajes oscile entre 5% y 13%, al tiempo que la inflación de Italia ronda 2,4% anual. Y el encarecimiento del dinero no castigó únicamente a las empresas. Hace un año las familias pagaban tasas que estaban entre 5% y 12% anual, mientras que en este momento los porcentajes piso ya se ubican en 6% anual y, en algunas entidades, llegan a mínimos de 7% y máximos de 14%.

  • Camino a seguir

  • ¿Cuál es el riesgo del encarecimiento de los porcentajes? Que suceda lo mismo que en los Estados Unidos, o sea que la cuota del préstamo que se adeuda sea tan alta que el tomador del dinero termine renunciando a la operación, convirtiéndose en moroso o en incobrable, trabando toda la operatoria financiera y poniendo en serio peligro la salud de los bancos. Frente a eso, Gianfranco Torriero, director general de la Asociación Bancaria Italiana (ABI), planteó: «El camino que seguirán los bancos italianos será aplicar con más ahínco la regulación del acuerdo de Basilea II». Simple: hacer que las entidades que prestan el dinero se metan todavía más en las empresas que solicitan fondos.

    -¿De qué modo se realiza esa mayor penetración sobre el solicitante del crédito?

    -La solución -precisó Torriero-es vigilar más a la empresa tomadora. Revisar concienzudamente su balance contable, ver si trabaja en un sector dinámico, evaluar no sólo a la compañía en sí misma, sino también sus proyectos.

    -Y eso, en Italia, lo definen únicamente los bancos, o también se requerirá algún tipo de influencia del gobierno en cuanto a las líneas de crédito que deben ser desarrolladas o no.

    -Todo, afirman, se decide de manera técnica. Un banco, por ejemplo, elige financiar a la agricultura, otro a la industria y así sucesivamente. El Estado no interviene en absoluto.

    -¿Siempre actuaron los bancos de manera tan independiente del Estado?

    -Hasta 1982 la banca italiana era controlada por el Estado, pero luego, al entrar Italia a Europa y necesitarse más eficiencia, el sistema tuvo que cambiar por completo. En 1980 Italia tenía 1.070 bancos y hoy hay 793. La privatización de la banca italiana fue casi total. En 1993, 72% de la banca era pública, mientras que hoy la participación pública no llega a 1%. Del total de bancos que hay en la actualidad, apenas 10% son filiales de bancos extranjeros.

    -En la Argentina tenemos un secretario de Comercio Interior, llamado Guillermo Moreno, que se reúne con los bancos y les dice a qué costo tienen que prestar el dinero.

    -En la Italia actual -dice Torriero-un secretario como Moreno no es posible. Es más, el Banco Central Europeo decide, como orientación, una baja o una suba de tasas en toda la Comunidad, pero a pesar de ello los bancos no son obligados a seguir esa línea. El crédito no funciona así. Si se siguieran ese tipo de decisiones habría calma en el corto plazo, pero muchas complicaciones en un tiempo no muy lejano. La única verdad es analizar al tomador del dinero, medir el riesgo, definir el costo administrativo, la ganancia que espera el banco y dedicarse a hacer negocios. No hay otra forma. El acuerdo de Basilea II rige los sistemas financieros de los 27 países que integran la Unión Europea.

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