Liberalismo no es ajuste, populismo sí lo es
-
Las tasas se desploman en el mercado, pero el costo de los préstamos personales sube en términos reales
-
Chau plazo fijo: así operan los principales bancos hoy, lunes 27 de abril
• Contradicción en términos
Hecho el mea culpa sobre el uso de la palabra ajuste por parte de los economistas, queda claro que hay dos sentidos del término. Uno referido a corregir desequilibrios, y otro referido a empeorar la calidad de vida de la gente. Ahora bien, en este último sentido, liberalismo y ajuste son claramente antónimos. Es decir, lo exactamente opuesto, por definición.
Piénsese en lo que quiere decir liberalismo. Liberalismo viene de libertad, así que implica que la gente es libre de perseguir sus sueños, sin ser coaccionada por terceros. En el ámbito de la economía, esa libertad es la que genera los incentivos para emprender, producir más y aumentar la riqueza.
La libertad está íntimamente relacionada con la propiedad privada. Y cuando la propiedad privada se respeta, los empresarios se lanzan a invertir, crear negocios y empresas que ofrecen bienes y servicios. Si éstos satisfacen las necesidades de los consumidores, los empresarios están creando riqueza.
Por si esto fuera poco, como efecto colateral, aumenta la demanda de trabajadores. Finalmente, mayor producción y mayor demanda de empleo aumenta los salarios en términos reales.
Lo que digo no es solo un cuento de hadas o una mera gimnasia mental. De acuerdo con la última publicación del Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage, los países más libres del mundo tienen un PBI per cápita 7,5 veces mayor al de los países considerados "reprimidos", categoría en la que Argentina estuvo hasta hace poco.
Uno podría argumentar que el PBI per cápita es una medida no del todo indicativa del bienestar de una sociedad y que, por tanto, la relación no es tan poderosa.
Sin embargo, la libertad económica no solo está correlacionada con el PBI per cápita, sino también con el Índice de Desarrollo Humano, de la ONU (los países más libres tienen un promedio de 0,93 puntos vs. Un 0,57 de los países reprimidos).
Además, siguiendo el estudio de esta fundación, los países que más medidas toman para incrementar la libertad de crear y emprender de sus ciudadanos, bajando impuestos, trabas y distorsiones, son los que terminan creciendo más rápido, algo que se relaciona directamente con la caída de la pobreza.
Vistos estos datos: ¿cómo se puede hablar de liberalismo como sinónimo de ajuste? La libertad económica es todo lo contrario a ajustar a los trabajadores.
Es el ingrediente necesario para aumentar la iniciativa empresarial, fomentar el crecimiento económico, aumentar los salarios y reducir la pobreza.
• Ajuste es el populismo
Habiendo dejado claro que liberalismo no tiene nada que ver con "ajuste", en el sentido de reducir el salario de los trabajadores, veamos qué es lo que verdaderamente causa eso.
Es acá donde nos encontramos con otra cosa muy distinta: el populismo.
A fines del a década del '80, dos académicos de prestigio internacional recopilaron numerosas experiencias de países latinoamericanos, para un estudio que llamaron "El Populismo Macroeconómico en América Latina".
Para Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, el populismo macroeconómico, mediante el uso de "políticas fiscales y crediticias expansivas (...) destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso" al tiempo que "menosprecia los riesgos de la inflación y el financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado".
Léase, políticas insostenibles que, a mediano o largo plazo, generan distorsiones tales que alejan la inversión y eliminan los incentivos para invertir, producir y crecer. Los datos recopilados por los autores y el equipo que comandaron son contundentes.


El populismo destaca el corto plazo por encima del largo. Así, lleva adelante políticas totalmente desaconsejadas, como el déficit fiscal, la inflación, el control de precios, el aumento de las regulaciones... Todo eso puede generar una ilusión de bienestar en un primer momento, como se observa en los gráficos anteriores, pero el final es cantado.
Para Edwards y Dornbusch, una fase inevitable del populismo macroeconómico es la de la estabilización ortodoxa, donde la realidad sale a la luz, el salario real cae, la inflación salta y la economía entra en recesión.
Obviamente, si la estabilización es exitosa, y el populismo se abandona, el país vuelve a crecer.
La Argentina de los últimos años es un caso claro de populismo. Es que si bien hubo años de "crecimiento a tasas chinas", dado que éstos estuvieron impulsados por expansionismo fiscal y monetario, llegó un día que la nafta se acabó y hubo que reconocer la realidad.
Tras años de alta inflación, déficit fiscal creciente, controles precios, de tarifas y del tipo de cambio, la inviabilidad de "el modelo" quedó expuesta. Obviamente, los salarios cayeron y los trabajadores se vieron ajustados.
¿Pero quién tuvo la culpa? ¿El que "prendió la luz y levantó la alfombra", o el que venía intentando fracasadamente ocultar la realidad?

En 2014, cuando aún gobernaba el kirchnerismo, el salario real llegó a caer 8,9% anual. En 2016, con el nuevo gobierno en funciones, éste volvió a caer, hasta 10,8%.
El ajuste contra los trabajadores no es responsabilidad del liberalismo, sino del populismo. Allí donde los países son más libres, la economía crece más y el ingreso de las personas es el más elevado de todos.
Pero donde rige el populismo, los salarios crecen a corto plazo, pero a costa de desplomarse a mediano-largo, producto de la inflación, el consumo de capital y la fuga de la inversión. Por una vez, pongamos las cosas en su lugar. Liberalismo no es ajuste, populismo sí lo es.




Dejá tu comentario