Tal vez el mejor consejo que se puede dar en estos días es no adelantarse y no sacar demasiadas conclusiones sobre lo que pueden significar para el futuro los efectos del huracán, la suba del petróleo o cualquier otro dato de la realidad. Es que no sólo el mercado financiero parece mostrarse desorientado estos días, sino también la totalidad de la sociedad norteamericana. En esto, la reunión que tuvieron ayer el presidente Bush y el máximo ejecutivo del sistema bancario norteamericano, Alan Greenpsan, poco y nada sirvió para clarificar las cosas. Si bien hubo quien se apoyó en ella para especular con la idea de que el comité abierto de la Fed podría no subir su tasa de referencia cuando se reúna el día 20, el cierre de la tasa de 10 años en 4,027% sugiere que una parte del mercado apuesta a que las inversiones para la recuperación de las zonas devastadas y el incremento del costo de la energía son motivos más que suficientes para no cambiar la política oficial (a lo sumo, se repetiría lo hecho cuando pasó el huracán Andrés, citando a Katrina en los comunicados oficiales, pero sin que esto implique ninguna modificación de fondo). Mientras tanto, el mercado bursátil sigue mostrando la racionalidad de quienes consideran que la suba del petróleo -que ayer aumentó 0,7%, a u$s 69,47 por barril- llegó para quedarse (el sector energético trepó 2,7%). Esto, sin embargo, no bastó para evitar que el Promedio Industrial perdiera 0,21% al cerrar en 10.459,63 puntos. De todas formas, con un volumen anormalmente alto para la época, lo más notable sigue siendo la paridad entre las fuerzas bajistas y alcistas, algo que refleja 0,1% ganado por el S&P 500.
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