27 de julio 2007 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

  
  • «A los botes», fue la frase más escuchada ayer en las mesas de dinero locales por el hundimiento de las cotizaciones. Ya en la apertura se sabía que se estaba frente a una de las peores jornadas en los mercados internacionales por lo menos en la década. Y en la plaza local no había cómo contener al tsunami de ventas que hubo desde las 10. Así como era inevitable la caída, era evitable que los papeles argentinos estuvieran una vez entre los más castigados de la región. Es que las declaraciones de Néstor Kirchner (ver página 4) embistiendo contra bancos y defendiendo el INDEC fueron una invitación a vender todo lo que esté relacionado con el riesgo argentino, desde Lebac hasta cualquier título público.   

  • Precisamente, uno de los efectos colaterales de la manipulación en el INDEC es que había quienes no creían totalmente en el comunicado del Banco Central con el resultado de la pérdida de reservas tras la intervención en el mercado cambiario (fue cero). Es que en Wall Street llegó a tal nivel la desconfianza sobre la palabra oficial que se descree de las cifras de inflación, de gasto público y ayer se contagió el dato de ventas de dólares del gobierno. Pero lo que los confundió fue la forma de intervención del BCRA en la plaza que lo hizo de la mano del Nación, el Provincia de Buenos Aires y el Neuquén. Desde primera hora estos cuatro mosqueteros salieron a barrer todos los pedidos de compra que había, y por ello al cierre de la rueda se llegó al récord de volumen de negocios en el Forex-MAE. «La Argentina siempre a contramano: el dólar bajó aquí cuando en todo el mundo subió», graficó un cambista, extenuado por cierto, al momento de ir a almorzar a las 18.

  • Como siempre ocurre en épocas de alzas o derrumbes, el interrogante ayer era: ¿cuánto más puede durar esto? El problema es que, más allá de los condimentos -muy picantes por cierto- que se introducen localmente (INDEC, embestida presidencial, «ladrillos» en baños, etc.), el pánico vendedor obedece a la delicada situación de la economía norteamericana y la crisis inmobiliaria. ¿Qué pasa si aparece la caída de un hedge fund al estilo Long Term Capital? Simple: destruiría cualquier análisis que se pudiera hacer sobre la rentabilidad del Discount en pesos, el buen camino del cupón PBI y cualquier visión optimista que se pueda hacer por más que sea con fundamento. Por ello es que hay extremada cautela, muchas cicatrices abiertas y seguramente puede demandar jornadas hacer olvidar este jueves 26.

  • Del otro lado del mostrador puede haber también señales que alienten una recuperación: ¿qué pasaría, por ejemplo, si Néstor Kirchner, a la luz de lo sucedido, adoptara una estrategia de duplicar el ahorro fiscal? Podrían resucitar los papeles locales (ceteris paribus, sin más malas noticias del exterior) con fuerte despegue de los precios. Pero claro, se requiere de mucha imaginación para que se transforme en realidad este escenario, hoy cerca de la ciencia ficción.

  • En la mente de los ahorristas argentinos está muy fresco aún el recuerdo de la crisis de 2001. Por ello es que hubo consultas sobre el impacto que podía tener este derrumbe de las cotizaciones en el sistema financiero local. Y lo positivo es que en la cartera de las entidades hoy la cartera de títulos públicos es muy reducida, por lo que el impacto de esta crisis financiera en sus estados contables es muy acotado. Completando esta visión está el hecho de que en ese porcentaje hay préstamos garantizados sin cotización en la plaza y, por ende, que no reflejan caídas de paridad. Bastante diferente a lo sucedido hace casi seis años.

  • Otro interrogante en la plaza que llamó la atención fue la performance del oro, que cerró ayer con baja de 1,6%. ¿No era que en momentos de crisis los grandes inversores se refugian en el oro y su precio sube? Ayer los bancos centrales de Japón, de Inglaterra, de Alemania y la Reserva Federal salieron a calmar coordinadamente vendiendo tenencias de este metal. Por eso es que no se cumplió con ese tradicional movimiento de los mercados internacionales.

  • Otro tema tratado ayer en la plaza era el del comportamiento de la Reserva Federal de los EE.UU. Como siempre, había quienes extrañaban a Alan Greenspan cuando domesticó rápidamente el derrumbe accionario en 1987. Allí se ganó la credibilidad de todo Wall Street. Ben Bernanke aún tiene mucho por recorrer, pero el comentario en las mesas era que hizo bien en reservarse y no salir a efectuar declaraciones ayer para calmar a inversores. «Esa baraja debe guardarse para situaciones muy extremas, no para lo de hoy (por ayer)», reconoció un economista devenido en fuerte operador de la plaza. De hecho, es el trabajo del secretario del Tesoro norteamericano o de los ministros de Economía en la Argentina. Por eso es que ayer habló Henry Paulson y también Néstor Kirchner (a última hora dijo que «no eran preocupantes los movimientos del dólar»).

  • Lo que muchos analistas miran es, más que el riesgopaís, la sobretasa que pagan los bonos argentinos a 5 años de plazo. Y ahí ese «riesgo» se ubicaba por encima de los 500 puntos básicos. A partir de esto, se tiene en cuenta la siguiente conclusión: habrá varias jornadas de tasas altas, más si se considera que el gobierno deberá financiarse en la plaza local para hacer frente a los vencimientos de deuda que tiene por delante. Por ello es que quien sacó un crédito a tasa fija tiempo atrás estará disfrutando de la cobertura de tener una cuota sin cambio por delante, contra el contratiempo que implica este fenómeno para quien se endeudó a tasa variable. ¿Puede subir mucho la Badlar, por la que ajustan buena parte de los préstamos? Pese al clima negativo imperante ayer, se estimaba que el incremento sería a 11% o 12%. Pero claro, si esta situación internacional se revierte, rápidamente puede volver a sus niveles normales. Se lo desea.
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