Logró Duhalde que FMI admita tipo de cambio fijo
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La economía sufrió un freno en febrero y la industria volvió a ser el sector más golpeado, con caídas de hasta 11%
• Resurgió la idea de la banca off shore, es decir que renazca el sistema financiero con entidades que ofrecen la seguridad de que los depósitos están regidos por leyes de los países de origen de los bancos. Es una idea que ha defendido el economista del CEMA Jorge Avila.
• Duhalde no dio ninguna explicación de las razones del alejamiento de Remes Lenicov y admitió que los gobernadores sean consultados cuando su reemplazante integre su equipo. Hasta se habló de una comisión «de vigilancia» de gobernadores sobre el nuevo ministro, algo que despertó alguna sonrisa. No se habló de nombres del nuevo equipo, y menos cuando a los postres ingresó el único ministro que estuvo hasta la madrugada en Olivos, Rodolfo Gabrielli.
• Varios gobernadores sugirieron fusionar los ministerios de Economía y Producción (cartera promovida por Duhalde cuando era gobernador, nada más que para irritarlos a Carlos Menem y Domingo Cavallo cuando eran gobierno). Varios defendieron la idea de que el área sea ocupada por el cordobés Juan Schiaretti. Quedó pendiente de una gestión personal del presidente, ya que De la Sota se resiste a entregarlo porque lo tiene en Córdoba como jefe de Gabinete.
Duhalde le habló durante la jornada con contenido entusiasmo al grupo de gobernadores, legisladores, sindicalistas y punteros de todos los partidos que lo visitaron -por su invitación- a lo largo de todo el día en la residencia de Olivos. A pesar de tantas promesas, la serie de reuniones fue poco feliz. Pocas veces el Presidente sintió con tanta profundidad el vacío político. Porque la abundancia de presencias no garantizaba apoyos ni respaldos explícitos.
Todo terminó con una cena con los gobernadores -ya despedidos otros invitados- que se extendió hasta la madrugada de hoy y fue el cierre de un maratón de reuniones de las que participaron todos los partidos. En esos encuentros, el Presidente designado, con suerte incierta, buscó apoyos a un nuevo programa que incluye la fijación del tipo de cambio -contra la flotación libre que reclama el FMI-, algo que había producido por la mañana la renuncia del ministro de Economía. También, al ubicar a Alieto Guadagni a dos metros de su silla, persiguió un masivo beneplácito a su designación en Economía: triste error del mandatario, dejó que opinara la asamblea y ésta le bajó el dedo al titular de la Secretaría de Energía. Al cesto su propia iniciativa, ya que la noche anterior le había propuesto a Guadagni ocupar la cartera de Remes. Inexplicable falla de conducción, a menos que ahora insista contra la voluntad de la mayoría de los consultados.
• Peregrinar
La Sala de Situación de Olivos asistió a un peregrinar de dirigentes de todos los colores de los cuales el Presidente esperaba manifestaciones a favor. Por el contrario, debió soportar más de un reproche, los que no pudo responder. Al menos, en público. Aquí una síntesis:
• La reunión principal la mantuvo Duhalde con un grupo de cerca de 70 legisladores y gobernadores del PJ en la Sala de Situación. Ese grupo escuchó un monólogo de Duhalde sobre la necesidad de «anclar» el tipo de cambio. Tenía sentado junto a él al senador José Luis Gioja y al diputado Eduardo Camaño. Cerca, estaban los gobernadores Carlos Reutemann, Rubén Marín, Juan Carlos Romero y el luego fallido candidato a reemplazar a Remes, Guadagni.
• Duhalde señaló que no podía explicar tecnicismos sobre ese anclaje ya que aún carecía de ministro, pero aun así optaba por ese instrumento (al parecer, no soporta la flotación que lo pone nervioso cuando la divisa se dispara hacia arriba). «Me siento más libre con un dólar fijo», expresó como si la moneda perteneciera a la física y no a la economía. Todos miraron a Guadagni, a quien la TV ya había anunciado como nuevo ministro, pero éste no obtuvo siquiera un guiño de Duhalde, con lo que vivió uno de los peores momentos de su vida. Parecía López Murphy, en la misma residencia, el día que lo reemplazó Cavallo. Uno de los gobernadores presentes, el salteño Juan Carlos Romero, había aproximado su principal crítica: las provincias productoras de gas lo acusan a Guadagni de una pesificación de la exportación del fluido (en rigor, Guadagni ya envió una corrección a esa pesificación hace 20 días y el decreto duerme en Economía). Si como secretario de Energía se porta así, le dijo Romero a Duhalde, ¿qué no hará siendo ministro?
El tema salió de nuevo en la cena reservada a los gobernadores del PJ y Duhalde les dijo que no estaba confirmado ninguno de los nuevos integrantes del gabinete. «La única renuncia confirmada es la de Remes, y ahora lo que quiero es darle más participación al Ministerio de la Producción.»
• Siguió una exposición de Gioja que advirtió sobre la gravedad de la situación interna del peronismo. «La discusión de hoy en el Senado sobre el bono ha sido la más dura que se recuerde en años en el peronismo», ilustró. Jorge Capitanich, renunciado jefe de Gabinete, asintió con la cabeza. Aprovechó Duhalde para decirles a todos: «Capitanich sólo se va si su cargo lo ocupa un gobernador». Ya ha fracasado con varias ofertas, de Rubén Marín a José Manuel de la Sota.
• Siguió el jefe de los diputados Humberto Roggero, quien lanzó el primer grito de guerra: «Acá no hay plan y, sin plan propio, el plan te lo hace el Fondo, ¿hasta cuándo?», se emocionó. Desde que tuvo el accidente de auto se ha vuelto cada vez más plañidero. Siguió con la retahíla de reclamos contra el modelo neoliberal y la conveniencia de aislar de una buena vez a la Argentina del mundo. «Hasta ahora el gobierno sólo ha producido parches.»
• Hugo Moyano, que es predicador, se prendió a la movida y lo dejó atrás al «Gringo» cordobés: «Prefiero que nos eche el FMI a que nos eche el pueblo». Simplismo gremial característico. Rodolfo Daer pidió, en la misma cuerda, romper con el FMI y promover el crecimiento. Estuvo tan primario que nadie lo quiso escuchar más. Duhalde ya se preguntaba para qué había invitado a esa gente.
• No calmó los ánimos Graciela Camaño, esposa de Luis Barrionuevo -uno de los gerentes de la caída en el Senado de la ley del bono-; por el contrario, ella expresó: «Estoy hablándole al senador Duhalde que es circunstancialmente presidente de la Nación». El Presidente no supo si sonreír o enojarse, y siguió atendiendo con mal humor: «Usted sabe que hoy hay dos poderes reales en el país, los gobernadores y el Congreso, y tiene que consultarnos porque tenemos mucho que decir». El Presidente asintió, mudo. Después, como el matrimonio ya lo tiene un poco harto, les mandó decir: «Ustedes hablen, pero el que duerme en Olivos soy yo». Camaño, a su vez, miró a los gobernadores y los mortificó: «¿Qué opinan ustedes, que no hablan?». Los diputados se han terminado creyendo que ellos tienen el mismo nivel que los gobernadores y hasta quieren tomarles examen. Por supuesto, ni les contestaron. Apenas uno, y para hacer la propia.
• El pampeano Marín, a quien sus pares le reconocen chapa como para representarlos en las camorras, carraspeó: «Tenemos los mismos problemas que ustedes, y también queremos más participación, y también queremos un plan». Miró a Duhalde, y también lo azotó: «Mi provincia es agropecuaria y pudo beneficiarse de la devaluación, pero con las retenciones hay más desocupación, cierre de bancos, cierre de empresas. Un desastre, Presidente». Como no le respondía Duhalde, se sacó el gusto: «Y le digo, Presidente, que esta reunión es tarde, debió ser el 3 de enero pasado, cuando asumió. Debió ser cuando usted prefirió reunirse con los radicales de la provincia de Buenos Aires, algo que tanto daño le hace al peronismo de todo el país».
• Otra mujer, la puntana Alicia Lemme, le castigó el hígado con un reclamo de pueblo sojuzgado: «Quiero elecciones ya. Esto no da más». Afortunadamente para Duhalde, por el momento, ningún otro se anotó en la petición, aunque ese tema -y él no lo ignora- se viene discutiendo hace tiempo en el Congreso y entre los gobernadores. En rigor, todos evitan el tema porque nadie encuentra candidatos.
Hay un precio para gobernar, le comentaba esta madrugada Duhalde a su mujer, pero cada vez se vuelve más caro pagarlo. No sabe si es por culpa de la excesiva demanda o porque su oferta es demasiado pobre. Tal vez lo resuelva cuando tenga un ministro de Economía. Aunque parece que no le falta eso solo.




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