19 de febrero 2001 - 00:00

Los Oppenheimer se quedaron con el negocio de los diamantes

Johannesburgo (Bloomberg) - El abuelo de Nicholas Oppenheimer creó De Beers: un cartel que controló el mundo de los diamantes durante 70 años. Su padre, a quien Ian Fleming tomó como modelo para su personaje Goldfinger, amplió aquel imperio de minas y metales de Sudáfrica a Siberia y el Yukón canadiense.
Hasta el mes pasado este nieto de 55 años, presidente de De Beers Consolidated Mines desde hace dos años, parecía estar más interesado en desmantelar que en levantar el negocio familiar. El año pasado De Beers cerró el cartel después de que la competencia erosionara su control del mercado de diamantes sin tallar, de $ 8.000 millones, abriendo nuevas minas.

Esta semana Nicholas demostró al resto del mundo que no era ése el caso. Los Oppenheimer, Anglo-American Corp. y el gobierno de Botswana acordaron comprar De Beers por $ 17.600 millones, con lo que la familia se hacía con un control en el mundo de los diamantes que jamás había tenido desde que Ernest Oppenheimer comenzara la forja del imperio en 1926.

«A nosotros como familia, nos gusta poner el dinero donde tenemos influencia», dijo Oppenheimer, conocido por Nicky, que dejará el cargo de vicepresidente de Anglo para ocupar el puesto de director no ejecutivo. «La posibilidad de tomar parte de ese dinero y ponerlo en el negocio de los diamantes, donde participamos activamente, es muy atractiva».

Con esta operación, los Oppenheimer refuerzan su presencia en la industria de los diamantes brutos, donde De Beers tiene un control ahora superior a 65 por ciento del mercado, una pérdida significativa respecto de la cuota de mercado que el grupo llegó tener el siglo pasado, de hasta 90 por ciento.

El negocio convirtió a los Oppenheimer en la familia más rica y famosa de Sudáfrica. La re-vista «Forbes» calcula que el patrimonio familiar asciende a unos $ 3.000 millones.

Nicholas dio sus primeros pasos en el terreno profesional en 1968, como ayudante personal de su padre Harry, ocupando distintos cargos en las divisiones de oro y diamantes de Anglo. En 1981 entró a formar parte del comité ejecutivo de Anglo-American para convertirse en vicepresidente dos años más tarde.

En 1984 también fue nombrado vicepresidente de la organización Central Selling Organization, alcanzando el puesto de presidente en 1985.

«Comparado con su padre (Harry), al que todos reconocían como la autoridad máxima, Nicky ocupó el asiento de atrás en la dirección de Anglo American y De Beers», comentó Mark Madeyski, analista de Afrifocus Securities. «Pero no se le puede subestimar».

El creador de este imperio de diamantes fue Ernest Oppenheimer hacia los años '20, prime-ro con Consolidated Diamond Mines de SouthWest Africa y después con la compra de su interés en su competidora De Beers. En 1933 Ernest consolidó su participación en la industria de los diamantes en Sudáfrica, la mayor del mundo, al crear un monopolio de compra de diamantes en 1933. Ernest falleció en 1957 y el negocio quedó en manos de Harry, quien había sido oficial de inteligencia en una división de tanques en Africa del Norte durante la Segunda Guerra Mundial.

Harry, que hablaba cuatro idiomas y coleccionaba pinturas de Renoir y Picasso, se convirtió en el empresario más conocido de Sudáfrica y luchó tanto contra el régimen del apartheid como de las sanciones que Occidente impuso sobre el país. Su estrategia: controlar el abastecimiento mundial de diamantes en bruto. Para ello sus empresas comenzaron a comprar diamantes de minas en Canadá, Rusia y Australia además de Sudáfrica, Namibia, Botswana y Tanzania.

Harry dejó el puesto de presidente en 1984 y fue reemplazado por Julian Ogilvie Thompson, quien continúa en el cargo. Nicky, que descendió por primera vez a la oscuridad de una mina de diamantes a los cinco años, nació en Johannesburgo y estudió en el internado británico de Harrow y posteriormente en el colegio universitario de Christ Church, ambos en Oxford.

Conocido por su afición al cricket (tiene un equipo personal, el Nicky Oppenheimer XI, que abre tradicionalmente la temporada contra los equipos internacionales) a veces acude al trabajo en helicóptero. Su hijo Jonathan, de 31 años, vicedirector del equipo de adquisiciones de Anglo, juega ocasionalmente como capitán en el equipo de cricket de su progenitor.

«Nicky es una persona muy relajada y cordial», comentaba un banquero que había participado en las negociaciones. «Había unos 30 banqueros y ejecutivos sentados en una mesa, y él con su suéter viejo».

Pero ese toque informal no significa que a este Oppenheimer no le importe el negocio. En un discurso a los alumnos de la Escuela de Negocios de Harvard, de visita en Ciudad del Cabo, en 1999, Oppenheimer no se disculpó por las prácticas empresariales de su familia, y afirmó que a la empresa le gustaba pensar que era «el monopolio más famoso y duradero del mundo».

«Nicky ascendió con cuidado a través de distintos cargos», dijo Peter Bruce, editor del periódico «Business Day», de Johannesburgo. «No se ha ganado el cargo simplemente por contactos familiares».

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