Una vieja estratagema de los que trabajan en esto de analizar los mercados es como hacía aquel obstetra, que les decía a su pacientes que sus hijos iban a ser de un sexo mientras anotaba el otro en su libreta (total, si venía el reclamo, argumentaba que la mujer había escuchado mal y presentaba la prueba escrita), decir que las cosas cuecen de una forma en el corto plazo y la opuesta en el largo. Es así como con 4% que perdió en promedio el mercado en los últimos cinco días (3,44% de baja para el Dow, 3,81% para el S&P 500 y 5,96% para el NASDAQ, la mayor merma semana en 17 meses) hasta alcanzar prácticamente el punto más bajo en casi un mes, la mayoría de los comentarios que escuchamos presenta una visión no del todo optimista en el corto plazo, mientras se cubren con el argumento de que pasado octubre seguramente todo será de color de rosa. Lo curioso es que apenas se necesitaron tres ruedas, con la del viernes cuando el Promedio Industrial perdió 0,33%, para quedar en 9.313,08 puntos, para revertir lo que era un escenario eufórico. Es cierto que cualquier encuesta informal que se haga encontraría a la mayor parte de los inversores de la idea de que las acciones norteamericanas están hoy sobrevaluadas. También es cierto que octubre siempre genera algo de resquemores, después de todo ha sido históricamente el mes de las mayores debacles. En la misma dirección podríamos hablar de las ganancias que se espera comiencen a reportar las empresas por su tercer trimestre y que no lucen tan bien como las previas. Incluso podríamos mencionar otras variables que parecieron aparecer de la nada castigando a los tenederos de acciones. Pero no olvidemos una cosa, si el día 30 el Dow cierra ganador, nadie se acordará de nada de esto.
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