10 de julio 2001 - 00:00

Mal pronóstico para Mercosur

Si la Argentina no baja su riesgo-país por debajo de los 1.000 puntos pueden comenzar a darse sucesivas devaluaciones competitivas en el Mercosur, tal como sucedió en el sudeste asiático a mediados de 1997. La advertencia fue realizada ayer por Fundación Capital en su informe semanal, donde explica que «el actual nivel de riesgo-país es insostenible para la Argentina, y su evolución en el futuro podría plantear una disyuntiva entre devaluaciones competitivas en la región contra certidumbre cambiaria en Brasil».

En cambio, si se pudiera lograr un notorio descenso en el nivel de riesgo, «es bien claro que el factor de empalme, creado para las operaciones de comercio exterior, plantea a Brasil un llamado de atención en términos de devaluación del real, y por lo tanto lo lleva a tratar de generar una relativa certidumbre cambiaria, pudiendo así evitar el círculo virtuoso de devaluaciones competitivas».

A través de su informe, titulado «Las devaluaciones competitivas desplazan a la certidumbre cambiaria dentro del Mercos ur», la entidad que dirigen Carlos Pérez y Martín Redrado trazó un paralelismo entre las dos principales economías del Mercosur, Brasil y la Argentina. En ese sentido, precisó que la Argentina y Brasil tienen relaciones de su deuda pública con respecto a su PBI bastante parecidas: 47,4 y 49,5 por ciento respectivamente, como así también déficit fiscales nominales similares: -3,8 y -3,3 por ciento del PBI respectivamente.

• Razón

«¿Entonces por qué solamente se teme que sea la Argentina quien pueda dejar de hacer frente a sus obligaciones de endeudamiento público y no se vaticina lo mismo para Brasil?», se preguntó la entidad.

La razón estaría en que, a diferencia de Brasil, tiene la mayor parte de su deuda (96,5 por ciento) en moneda extranjera, mientras que en Brasil, esa relación es de sólo 24 por ciento.

En tanto, 60 por ciento de la deuda argentina está en manos de inversores no residentes, mientras que en Brasil, esa porción es de 19,4 por ciento.

«Esto convierte a la Argentina en forma muy extrema en un país muy 'ingreso de capitales-dependiente' para poder hacer frente al pago de su deuda», según el informe de la institución.

La Fundación Capital consideró que después de enero de 1999, cuando se produjo una devaluación del real, la Argentina «continuó aplicando una política fiscal expansiva y con un tipo de cambio rígido, al tiempo que Brasil comenzó a corregir su situación a través de mayores esfuerzos fiscales que su vecino y adoptando un tipo de cambio de libre flotación frente al dólar».

«De esto surge una asignatura pendiente: el logro de la solvencia fiscal en ambos países. Pero la gran diferencia entre los dos reside en que Brasil tiene tiempo para solucionar sus problemas fiscales, compensando ajustes con grados de libertad en materia cambiaria, algo que no puede realizar la Argentina», agregó.

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