El Congreso nacional rechazó ayer la inclusión de las Malvinas en la Constitución de la Unión Europea. Pero hay otro tema no menor que debe incluirse en el reclamo: se les da rango constitucional a los subsidios agrícolas que los países europeos otorgan, que ocasionan miles de millones de dólares en pérdidas a la Argentina. Se anuncian siempre avances cada vez que se reúne la Organización Mundial de Comercio -ayer lo hizo Lavagna desde París-, pero la Constitución Europea sostiene todo lo contrario: genera el marco para que siga distribuyendo subsidios y estableciendo precios compensatorios en beneficio de sus productores. La Carta Magna europea habilita a todos los países a ejercer la misma competencia «desleal» con extracomunitarios. Sin duda, este dato, que también pasó inadvertido por el gobierno, generará nuevas rispideces con EE.UU., país que ya manifestó que no desarticulará su esquema de subsidios hasta tanto no lo haga el bloque comunitario. Preocupante.
Pese a que el gobierno sostiene que «la liberación del comercio agrícola avanza», la nueva Constitución europea ratifica que no está en los planes de la Unión Europea la eliminación de los subsidios que afectan a la agricultura.
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En la sección 4 del capítulo III sobre Agricultura y Pesca, la Carta Magna comunitaria establece que los objetivos de la política agrícola común serán incrementar la productividad del sector, garantizar un nivel de vida equitativo a su población, estabilizar precios, garantizar la seguridad de los abastecimientos y asegurar al consumidor suministros a precios razonables. Para lograr dichos fines se establece que la «organización común... podrá comprender todas las medidas necesarias para alcanzar los objetivos... en particular la regulación de precios, subvenciones a la producción y a la comercialización de los diversos productos, sistemas de almacenamiento y de compensación de remanentes y mecanismos comunes de estabilización de las importaciones o exportaciones». Esta facultad para seguir manteniendo los subsidios agrícolas determinaría la continuidad de la guerra de los subsidios que enfrenta a europeos con los estadounidenses. Estados Unidos ya advirtió que no desarticulará su esquema de compensaciones y subsidios hasta tanto los europeos no hagan lo mismo.
El proteccionismo europeo también se extenderá, obviamente, a la pesca. «El Consejo, a propuesta de la comisión, adoptará los reglamentos o decisiones europeos relativos a la fijación de los precios, las exacciones, las ayudas y las limitaciones cuantitativas así como la fijación y el reparto de las posibilidades de pesca», se advierte.
• Compensación
Finalmente, la Constitución europea manifiesta que cuando «en un Estado miembro un producto esté sujeto a una organización nacional de mercado o a cualquier reglamentación interna de efecto equivalente que afecte a la situación competitiva de una producción similar en otro estado miembro, los estados miembro aplicarán un gravamen compensatorio a la entrada procedente del estado miembro que posea la citada organización o reglamentación».
Con dicho texto, los comunitarios garantizan también el subsidio por países y dejan la puerta abierta al proteccionismo de cada miembro en desmedro de países extra comunitarios sin necesidad de consensuar la medida con los estados integrantes de la comunidad.
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