El Banco Central Europeo (BCE) dejó ayer en 4,75 por ciento las tasas de interés, a la espera de condiciones más propicias para recortar el precio del dinero.
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En su habitual encuentro quincenal, los 18 miembros del consejo del banco no decepcionaron a los analistas, que habían pronosticado casi unánimemente que las tasas permanecerían inalteradas esta semana.
De esta forma, el BCE se ha separado de los pasos de la Reserva Federal estadounidense, que el 3 de enero sorprendió a los mercados con una reducción de medio punto de las tasas, hasta 6 por ciento, para impedir una recesión económica en EE.UU.
El BCE no ha querido en ningún momento transmitir la imagen de que va a remolque del banco central norteamericano, aunque los expertos creen que se verá obligado a rebajar el precio del dinero a medio plazo si quiere incentivar el crecimiento económico europeo. Hasta marzo próximo, varios economistas alemanes prevén que el eurobanco ya habrá bajado en medio punto las tasas hasta 4,25 por ciento.
Algunos críticos del BCE advierten sobre que el crecimiento de la economía europea pueda ser frenado este año precisamente por las siete alzas de los tipos que ha aplicado desde noviembre de 1999, hasta alcanzar el nivel actual.
Los pronósticos de crecimiento para este año en la eurozona se han rebajado en los últimos meses y oscilan entre 2,7 y 3 por ciento, comparado con 3,5 por ciento de 2000.
Al mismo tiempo, una paulatina recuperación del euro frente al dólar y al yen, tal como auguran los mercados cambiarios para este año, aliviará las presiones inflacionarias en Europa, pero también supondrá una carga para las exportaciones que hasta ahora habían prosperado al amparo de un tipo de cambio del euro más ventajoso.
En cuanto a la inflación, que subió hasta 2,9 por ciento de media en el área euro en noviembre, sus perspectivas son más positivas, si bien por el momento este indicador está aún por encima del tope de 2 por ciento establecido por el BCE.