Más allá del acuerdo del FMI

Economía

Por Manuel Adorni.-

Finalmente el Fondo Monetario Internacional accedió a renegociar (y finalmente a aprobar) un nuevo acuerdo, en virtud de la necesidad imperiosas que surgieron entre los amargos resultados de la política económica argentina vistos durante las últimas semanas. Algo más de dinero disponible para nuestra patria y algo de aceleración los futuros desembolsos sellaron la paz financiera para la Argentina y el mundo (al menos por ahora), todo esto entre las nubes provocadas por la renuncia de Luis Caputo al frente del Banco Central y la mirada esquiva del mercado que a pesar del claro apoyo internacional recibido a través del FMI y Estados Unidos, desconfía del camino que los argentinos debemos recorrer. Y no es para menos.

Argentina tiene un sinfín de malos comportamientos en su joven historia: defaults de deuda, crisis políticas e institucionales de magnitud, severas crisis de deuda pública, hiperinflaciones, déficit fiscales crónicos, emisiones monetarias descontroladas y por sobre todo una tendencia a recurrir al populismo cada vez que las cosas no pretenden salir como queremos. Suponiendo que los mercados hagan un esfuerzo y crean que la historia argentina es solo parte de nuestro irresponsable pasado y que a partir de aquí cualquier futuro cercano será algo innovador, debemos entender que antes de una nueva crisis que repita nuestros escalofríos del pasado, solo tenemos una oportunidad y esa oportunidad muestra su cara hoy.

El mercado de crédito internacional para los países emergentes se encuentra virtualmente cerrado: las tasas de interés en EEUU no dejan de subir y lo seguirán haciendo durante todo el 2019 lo que transforma a la economía americana en una aspiradora de dólares, dólares éstos que desaparecen lentamente de países como Argentina. La aversión al riesgo que hoy rige las finanzas mundiales hace que en tierras como la nuestra el camino de Argentina no sea del todo llano, menos aun cuando nuestra idiosincrasia nos haga creer que siempre alguien estará dispuesto a financiar nuestros despilfarros.

Si el FMI nos asegura los fondos para no caer en otra debacle de deuda colosal en default y a su vez nuestro compromiso de déficit cero (algo tan elemental como no gastar más de lo que tenemos) se cumple a rajatabla, todo debería funcionar relativamente bien hasta las próximas elecciones: luego de algunos meses que vendrán plasmados de recesión nos espera un 2019 (al menos a partir del segundo trimestre) que de no mediar catástrofes climáticas ni políticas nos debería encontrar entre las bondades de una excelente producción agropecuaria, una más que deseable producción de energía y un leve repunte del consumo interno.

La pregunta que debemos hacernos es que pasará de allí en adelante: Argentina ostenta un 30% de pobreza, un 10% de desocupación y una economía que no crece desde hace 7 años donde el PBI per cápita se mantuvo constante cuando se lo mide punta a punta. Para que Argentina funcione (y no solo sobreviva entre miserias) no solo debemos cumplir las ecuaciones fiscales y monetarias (lo que solo daría estabilidad relativa), sino que debemos poner esfuerzos (que nunca hemos logrado realizar) en pos de reducir drásticamente el gasto público para lograr una baja pronunciada en la carga tributaria que sufrimos y otorgarle al sector privado, único generador de riqueza, lo único que éste solicita: que lo dejen producir, que lo dejen crear riqueza, que lo dejen crear empleo genuino y que lo dejen brindar un futuro de prosperidad a los argentinos, cuestión que solo se logra dejándolos de ahogar con impuestos y burocracia ineficiente, que la única la única finalidad que tienen es sostener una estructura improductiva en un país que pide a gritos, salir adelante.

* Docente universitario

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