Más temor económico: le quitan poder al Central
La misión principal de un banco central en cualquier parte del mundo es preservar el valor de la moneda. Una inflación de dos dígitos como la que en realidad tiene hoy la Argentina -sin maquillajes, obvio- no se condice con esa misión. La solución encontrada a esta cuestión sorprende: desde el Congreso, legisladores oficialistas quieren modificar la carta orgánica del Banco Central, supeditando el comportamiento de los precios a sostener un alto crecimiento de la economía y el empleo. Hace recordar todo a la frase de Raúl Alfonsín de que «un poco de inflación no está mal», con el final ya conocido. Hasta se habla de que el Banco Central debe coordinar sus decisiones con el presidente de la Nación, dejando atrás y definitivamente en la teoría lo que debe ser su accionar independiente. Más alimento para las expectativas inflacionarias.
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Mercedes Marcó del Pont
Tras la hiperinflación y en la necesidad de garantizar el valor de la moneda, en medio del lanzamiento del plan de convertibilidad, se establecieron límites para esas actividades de la autoridad monetaria. Fue entonces cuando se fijó que la función única y excluyente del BCRA sería la preservación del valor de la moneda y se limitaron los préstamos al Tesoro, posibilidad que volvió a ser flexibilizada durante el gobierno de Eduardo Duhalde.
Esa medida, si bien fue sancionada en relación con la convertibilidad, ayudó a consolidar la credibilidad en el funcionamiento del Central en torno a la política monetaria, un activo valorable en cualquier sistema.
La reforma que se propone ahora, entonces, es una vuelta atrás de esos cambios de 1992. Sólo por eso tiene garantizado el aplauso en el recinto de Diputados: «Con esto terminamos definitivamente con la década del 90», decía ayer eufórico un kirchnerista.
Pero no todo el Congreso opinó lo mismo. Pinedo fue el opositor más acérrimo a la idea durante la reunión de la Comisión de Finanzas: «El proyecto es de una gravedad institucional absoluta. Me parece claro que el gobierno va por el Banco Central. La última vez que los gobiernos metieron mano en el Central tuvimos 50 años de inflación. Obligar a coordinar a una autoridad que es autónoma es lo mismo que hacerle perder la autonomía, porque se pasa de un poder de uno a un poder de dos», dijo.
Se atribuye a Alberto Balestrini el haber alertado que sería necesaria una consulta previa del proyecto con Martín Redrado, presidente del Central. Pero ayer la comisión avanzó con el dictamen, que cuenta con suficientes firmas del kirchnerismo como para avalar un visto bueno de la Casa Rosada.
Además, si bien Marcó del Pont, autora del proyecto, explicó las similitudes de su iniciativa con otros sistemas monetarios en el mundo, la experiencia de la falta de independencia del Banco Central durante muchos años de la historia del país le juega en contra.
De hecho, en la mayor autoridad monetaria del planeta, el Sistema de la Reserva Federal en los EE.UU. -ejemplo citado también por la autora-se establece como función esencial conducir la política monetaria influenciando las condiciones monetarias y crediticias con el objetivo del máximo empleo, estabilidad de precios y tasas de interés moderadas en el largo plazo. Esa premisa, esencialmente distinta de lo ahora planteado para el Banco Central, tiene además otro ingrediente: una independencia a toda prueba del poder político a lo largo de toda su historia, al límite que sus responsable son hasta temidos por el presidente de los Estados Unidos, como quedó claramente explicitado durante la gestión allí de Alan Greenspan.
Lamentablemente, la Argentina no cuenta con ese historial, sino todo lo contrario.




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