25 de abril 2007 - 00:00

Más temor económico: le quitan poder al Central

La misión principal de un banco central en cualquier parte del mundo es preservar el valor de la moneda. Una inflación de dos dígitos como la que en realidad tiene hoy la Argentina -sin maquillajes, obvio- no se condice con esa misión. La solución encontrada a esta cuestión sorprende: desde el Congreso, legisladores oficialistas quieren modificar la carta orgánica del Banco Central, supeditando el comportamiento de los precios a sostener un alto crecimiento de la economía y el empleo. Hace recordar todo a la frase de Raúl Alfonsín de que «un poco de inflación no está mal», con el final ya conocido. Hasta se habla de que el Banco Central debe coordinar sus decisiones con el presidente de la Nación, dejando atrás y definitivamente en la teoría lo que debe ser su accionar independiente. Más alimento para las expectativas inflacionarias.

Mercedes Marcó del Pont
Mercedes Marcó del Pont
La Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados emitió ayer el dictamen de un proyecto que virtualmente habilita al Banco Central a ser más flexible con la inflación. Puntualmente se modifica el artículo 3 de la Carta Orgánica de la entidad subordinando su función esencial de preservar el valor de la moneda -como hoy establece esa ley- a sostener un nivel de actividad económica alto y asegurando el máximo empleo, en un «contexto de expansión sustentable de la economía». Eso implica autorizar al Central a supeditar la emisión monetaria y sus objetivos de inflación al nivel de actividad que el gobierno crea conveniente. Ese panorama no es alentador en un país con problemas serios de inflación y un alto nivel de intervención en el mercado de cambios a través de compras de la autoridad monetaria.

El proyecto, que fue firmado por cuatro kirchneristas -Mercedes Marcó del Pont, presidenta de la comisión, Patricia Vaca Narvaja, vicepresidenta de Diputados, entre otros- y contó con el aval del arista Carlos Raimundi y la oposición absoluta del macrista Federico Pinedo, tiene además otro cambio inquietante.

En un párrafo se incorporó la obligación al Banco Central de coordinar con el Poder Ejecutivo «la formulación de las políticas monetaria, financiera y cambiaria», aunque manteniendo que «sin estar sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones».

Hasta hoy la función primordial del Central fue mantener el valor de la moneda. Esa reserva es inclusive histórica: sobre el ingreso del público de la sede de la entidad en la calle Reconquista puede leerse ese cometido en letras de bronce. Pero no siempre fue así.

Hasta 1992 la Carta Orgánica del Central permitía no sólo amplios márgenes de emisión sino también utilizar sus recursos como prestamista del Tesoro.

  • Límites

    Tras la hiperinflación y en la necesidad de garantizar el valor de la moneda, en medio del lanzamiento del plan de convertibilidad, se establecieron límites para esas actividades de la autoridad monetaria. Fue entonces cuando se fijó que la función única y excluyente del BCRA sería la preservación del valor de la moneda y se limitaron los préstamos al Tesoro, posibilidad que volvió a ser flexibilizada durante el gobierno de Eduardo Duhalde.

    Esa medida, si bien fue sancionada en relación con la convertibilidad, ayudó a consolidar la credibilidad en el funcionamiento del Central en torno a la política monetaria, un activo valorable en cualquier sistema.

    La reforma que se propone ahora, entonces, es una vuelta atrás de esos cambios de 1992. Sólo por eso tiene garantizado el aplauso en el recinto de Diputados: «Con esto terminamos definitivamente con la década del 90», decía ayer eufórico un kirchnerista.

    Pero no todo el Congreso opinó lo mismo. Pinedo fue el opositor más acérrimo a la idea durante la reunión de la Comisión de Finanzas: «El proyecto es de una gravedad institucional absoluta. Me parece claro que el gobierno va por el Banco Central. La última vez que los gobiernos metieron mano en el Central tuvimos 50 años de inflación. Obligar a coordinar a una autoridad que es autónoma es lo mismo que hacerle perder la autonomía, porque se pasa de un poder de uno a un poder de dos», dijo.

    Se atribuye a Alberto Balestrini el haber alertado que sería necesaria una consulta previa del proyecto con Martín Redrado, presidente del Central. Pero ayer la comisión avanzó con el dictamen, que cuenta con suficientes firmas del kirchnerismo como para avalar un visto bueno de la Casa Rosada.

    Además, si bien Marcó del Pont, autora del proyecto, explicó las similitudes de su iniciativa con otros sistemas monetarios en el mundo, la experiencia de la falta de independencia del Banco Central durante muchos años de la historia del país le juega en contra.

    De hecho, en la mayor autoridad monetaria del planeta, el Sistema de la Reserva Federal en los EE.UU. -ejemplo citado también por la autora-se establece como función esencial conducir la política monetaria influenciando las condiciones monetarias y crediticias con el objetivo del máximo empleo, estabilidad de precios y tasas de interés moderadas en el largo plazo. Esa premisa, esencialmente distinta de lo ahora planteado para el Banco Central, tiene además otro ingrediente: una independencia a toda prueba del poder político a lo largo de toda su historia, al límite que sus responsable son hasta temidos por el presidente de los Estados Unidos, como quedó claramente explicitado durante la gestión allí de Alan Greenspan.

    Lamentablemente, la Argentina no cuenta con ese historial, sino todo lo contrario.
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