El tiempo pasa, la recuperación de la Bolsa se consolida, la pandemia suma muertes pero ralentiza su marcha. España registra más altas médicas que nuevos contagios. Italia revela el menor número de occisos en cinco semanas; Nueva York, una merma sostenida de hospitalizaciones. En Gran Bretaña, Boris Johnson se sanó y regresa al trabajo. Y Dyson, firma líder en aspiradoras, canceló los 10 mil respiradores que tenía en fase de desarrollo a instancias del Servicio Nacional de Salud. No se necesitan. Sir James Dyson sufragará de su bolsillo las 20 millones de libras que insumió la iniciativa de urgencia. La economía mundial se cayó a plomo -y los indicadores líderes no lideran todavía, salvo las acciones- pero se aplana la pavura, que es una curva sin banquinas.
Esta vez es diferente. ¿Nace una estrella?
¿Qué pasará con el rally bursátil que zarpó el 23 de marzo a toda prisa a contramano de la mala salud y la recesión, ahora que nos curamos de espanto?
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La cuarentena, el impuesto sanitario a la actividad económica global, comienza a relajarse, más y más países saldrán de su encierro tímidamente, y alimentan mejores expectativas. ¿Qué pasará con el rally bursátil que zarpó el 23 de marzo a toda prisa a contramano de la mala salud y la recesión, ahora que nos curamos de espanto? ¿Esta vez será diferente? El mercado viral acumula una carpeta llena de fenómenos notables acaecidos por única vez. Nunca antes se gestó un mercado bear en sólo 22 días. Nunca la economía se detuvo de golpe y se precipitó vertical (ni con las guerras mundiales o en la Gran Depresión). ¿Será que el rally que surgió de las entrañas del mercado bajista no es la trampera usual para cazar incautos? ¿Nace una estrella, un nuevo mercado bull?
Relajar el encierro enciende una esperanza. No obstante, hay que tener cuidado con lo que se desea, ahora que por primera vez en meses puede conseguirse. Lo dijo Angela Merkel, que tomó la decisión en Alemania munida de medio millón de tests diarios: “No es la fase final de la crisis, todavía estamos en el comienzo. Tendremos que vivir con el virus por largo tiempo”. El presidente Trump quiere levantar la veda por las suyas y rápido. No escucha a sus consejeros en salud. Quiere volver priorizar la economía. Podría atender a lo que dice un equipo multidisciplinario de 45 expertos reunidos por el Centro de Ética de la Universidad de Harvard. Salir a ciegas puede ser un búmerang, y el prólogo de otro encierro. EE.UU. debería realizar 20 millones de pruebas de diagnóstico diarias hacia fines de agosto para ir sobre seguro. De hecho, Bank of America sostiene que, para el rally, el levantamiento de la cuarentena será el tiro del final.
Esta vez fue diferente. De todos los shocks petroleros que se gestaron desde la década de los 70 ninguno como el de la semana pasada. El colapso puntual de la cotización del barril de crudo WTI, y su hundimiento en terreno negativo no tiene antecedentes. Espectacular, pero no tan significativo como que una canasta amplia de commodities repita los precios de 1974. Aquella vez las cotizaciones volaban en alza; hoy confirman que el coronavirus recorta producción e ingresos, y por más estímulos que se viertan, es una tromba deflacionaria a pleno. Wall Street superó el examen de estrés. Retrocedió apenas. La volatilidad no se encabritó. Terminó la semana por debajo de la mitad de los máximos de marzo. Que el Tesoro analice capitalizar al sector de energía calma los nervios. También ver líquidas a las majors, las grandes compañías, siempre listas para sumar reservas a precio de liquidación. Todavía la Fed no compró un solo bono de empresas. No hizo falta su respirador. Con los anuncios, el mercado de deuda salió del congelador por sus propios medios. Marzo cerró con 263 mil millones de dólares de nuevas emisiones.
A este ritmo rebasará el récord de colocaciones de bonos corporativos grado de inversión, 1,45 billones de dólares en todo 2017. Créase o no, el oxígeno fresco derrama a los créditos especulativos que están fuera del alcance de la Fed. Y también llegó a los emergentes que sufrieron salidas de capital récord en la zozobra y no encajan en los planes de salvamento de nadie. México, Perú y Paraguay dan testimonio. Las quiebras se demoran. Y se evitó el apretón crediticio. Es temprano para bautizar al rally como un nuevo mercado bull. Pero qué mejor padrino que un mercado de deuda que restablezca la irrigación en todos sus estamentos de riesgo.




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