Mercados aún descreen
No se duda de que las medidas son durísimas, pero correctas, el problema es que no se ve al gobierno con poder político para implementarlas.
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P ero -piensan-, si un gobierno no puede dominar a treinta piqueteros que le cierran una ruta tras otra o le clausuran puentes y por temor no actúa, ¿cómo este gobierno va a enfrentar a sindicalistas que sin llegar a la dura meta del déficit cero ya realizaron cinco paros generales? Muchos países han llegado al déficit cero. Hasta Chile e Italia. Y Grecia está por lograrlo, pero graduaron el esfuerzo durante largo tiempo. Son países, algunos menos belicosos socialmente que la Argentina, con más sentido de nacionalidad arraigado, cuyos pobladores se sienten «ciudadanos y no habitantes», como definió Jorge Luis Borges a los argentinos.
L os gobernadores peronistas entendían ayer la gravedad del momento. No querían sumarse a la sexta convocatoria a la unidad nacional que reformuló el miércoles el presidente De la Rúa, tras cinco intentos fallidos, si no lo hacen primero los radicales y frepasistas que se aliaron para imponer al actual presidente. Los justicialistas temen quedar «pegados» a De la Rúa con un apoyo y que los otros basen su proselitismo para la elección de octubre próximo en despotricar contra el «ajuste salvaje que impone el liberalismo y el FMI al gobierno».
N o hay total seriedad en entender la gravedad del momento. Alfonsín captó el juego político imposible de quienes instalaron este gobierno y ahora querrían pasar a la oposición y comprometió cierto apoyo con una medida que eleva de 200 a 300 pesos las jubilaciones bajas que no se tocarán. También podrían apoyar algunos hombres del Frepaso que tienen cola de paja por haber conformado la Alianza sólo para ganar la elección. Pero habrá siempre una diputada como Elisa Carrió que del radicalismo que la entronizó en la banca pasa a una demagogia, tocando la izquierda, y buscará descaradamente capitalizar el obvio descontento.
Faltarían gestos de grandeza de los argentinos y sobre todo de sus políticos y sindicalistas. También de sus economistas y hombres públicos. Para acelerar el ser creíbles en el mundo en nuestros propósitos de austeridad pública deberíamos restituir a Pedro Pou en el Banco Central, a López Murphy en la Secretaría de Hacienda o a Manuel Solanet en la racionalización del Estado.
P ero ni pensar en ofrecimientos que exigirían tanta generosidad y tampopodríamos pensar en la aceptación. co
P or eso, con apoyos menguados, retaceados, con un presidente -en esto casi todos coinciden-que es necesario retener en el cargo porque en su debilidad y no competencia política directa reside que -quizá- lo apoyen en la encrucijada del momento, vamos a seguir avanzando con sinsabores.
A quí y en el exterior nos verán actuar frente a una austeridad pública extrema, impuesta por las circunstancias y no por la racionalidad. Por eso tendrá el esfuerzo graves acechanzas, desde la demagogia hasta la violencia.




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