13 de julio 2001 - 00:00

Mercados aún descreen

No se duda de que las medidas son durísimas, pero correctas, el problema es que no se ve al gobierno con poder político para implementarlas.

Con un riesgo-país que cerró a 1.519 puntos era evidente que ayer los mercados financieros nacionales y externos seguían descreyendo de la Argentina. No lo hacen de las severas medidas de austeridad encaradas en el gasto público con la meta de déficit cero de aquí a fin de año.

Descreen de la capacidad política del gobierno para implementarlas. También de la capacidad de sacrificio de los argentinos, porque nos han visto durante años subsistiendo con un abultado déficit financiado, sin rubores, con deuda pública. Nos vieron que ni siquiera intentamos bajarlo y racionalizar el país en la época de vacas gordas, como fueron los 77.000 millones de dólares de ingreso externo en la era Menem.

Tanto sorprendemos al exterior que nos han aconsejado el sillón de psicoanalista a los 35 millones de argentinos. No entienden a políticos hablando de «repartir» sin pensar en «producir» primero. No dudan de que nuestra economía no está mal y mejor que la de Brasil por caso; que nos sobra la energía que a ellos les falta; que exportamos hidrocarburos; que casi sin crédito el campo tiene cosechas récord, coincidentes con precios internacionales en alza.

P
ero -piensan-, si un gobierno no puede dominar a treinta piqueteros que le cierran una ruta tras otra o le clausuran puentes y por temor no actúa, ¿cómo este gobierno va a enfrentar a sindicalistas que sin llegar a la dura meta del déficit cero ya realizaron cinco paros generales? Muchos países han llegado al déficit cero. Hasta Chile e Italia. Y Grecia está por lograrlo, pero graduaron el esfuerzo durante largo tiempo. Son países, algunos menos belicosos socialmente que la Argentina, con más sentido de nacionalidad arraigado, cuyos pobladores se sienten «ciudadanos y no habitantes», como definió Jorge Luis Borges a los argentinos.

L
os gobernadores peronistas entendían ayer la gravedad del momento. No querían sumarse a la sexta convocatoria a la unidad nacional que reformuló el miércoles el presidente De la Rúa, tras cinco intentos fallidos, si no lo hacen primero los radicales y frepasistas que se aliaron para imponer al actual presidente. Los justicialistas temen quedar «pegados» a De la Rúa con un apoyo y que los otros basen su proselitismo para la elección de octubre próximo en despotricar contra el «ajuste salvaje que impone el liberalismo y el FMI al gobierno».

Mucho egoísmo y lo peor es que el ex presidente Raúl Alfonsín, radicales extremos de su partido, más frentistas y ex frentistas aspiran a operar así, aprovechando para el electoralismo que el ajuste le dolerá mucho a la gente.

N
o hay total seriedad en entender la gravedad del momento. Alfonsín captó el juego político imposible de quienes instalaron este gobierno y ahora querrían pasar a la oposición y comprometió cierto apoyo con una medida que eleva de 200 a 300 pesos las jubilaciones bajas que no se tocarán. También podrían apoyar algunos hombres del Frepaso que tienen cola de paja por haber conformado la Alianza sólo para ganar la elección. Pero habrá siempre una diputada como Elisa Carrió que del radicalismo que la entronizó en la banca pasa a una demagogia, tocando la izquierda, y buscará descaradamente capitalizar el obvio descontento.

Yestán los tentados a cada momento para sumarse a la Carrió porque es fácil hacer oposición.

Cavallo pagó sus pecados. Fue soberbio, despreció a los «miopes» de los mercados, creyó que su sola presencia y sus relaciones bastaban, pero hoy se reivindica permaneciendo en un cargo ministerial que nadie quiere en esta Argentina en crisis. Además, Cavallo brindó un importante desprendimiento político: si se quedaba en el llano y hacía oposición frente a esta crisis, desde el lado opuesto a la Carrió, habría llenado de legisladores el Congreso en octubre próximo. Hoy se encuentra en medio de un gobierno aliancista que busca que lo salve y además volver a ganar una elección como si se pudiera repetir una experiencia como la que hoy se vive.

Faltarían gestos de grandeza de los argentinos y sobre todo de sus políticos y sindicalistas. También de sus economistas y hombres públicos. Para acelerar el ser creíbles en el mundo en nuestros propósitos de austeridad pública deberíamos restituir a Pedro Pou en el Banco Central, a López Murphy en la Secretaría de Hacienda o a Manuel Solanet en la racionalización del Estado.

P
ero ni pensar en ofrecimientos que exigirían tanta generosidad y tampopodríamos pensar en la aceptación. co

P
or eso, con apoyos menguados, retaceados, con un presidente -en esto casi todos coinciden-que es necesario retener en el cargo porque en su debilidad y no competencia política directa reside que -quizá- lo apoyen en la encrucijada del momento, vamos a seguir avanzando con sinsabores.

A
quí y en el exterior nos verán actuar frente a una austeridad pública extrema, impuesta por las circunstancias y no por la racionalidad. Por eso tendrá el esfuerzo graves acechanzas, desde la demagogia hasta la violencia.

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