Metamorfosis: proyecto opositor se convierte en proyecto oficial
• Más voces disidentes en el oficialismo. Se calculan en 42 los votos que expresan diferencias en la bancada kirchnerista. • El ex presidente Néstor Kirchner insistió en dar la batalla para defender a su esposa, con expresiones como "vayan adelante", "no tengan miedo" o la imprecisa pero imperiosa "pónganla" (se supone que es la voluntad). • Hoy finalizan las presentaciones de catarsis en las comisiones, el próximo miércoles habría sesión para determinar si se abre o no la iniciativa oficial sobre las retenciones móviles. • Aunque no se sabe de ningún oficialista que vote en contra, es probable que se acepte otro proyecto que reduzca las retenciones y elabore una nueva ley de granos. • Quizás esta variante, de que un proyecto opositor se convierta en proyecto oficial, evite una fractura entre los peronistas y maquille el fracaso del gobierno.
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Néstor Kirchner
El ex presidente no ayudó ayer en la política de negociar contra reloj para conseguir consensos dentro de su bloque a fuerza de ofrecer paliativos en carne, leche, trigo, arrendamientos, cítricos o subsidios, que el kirchnerismo promete a cada diputado propio que debe convencer de apoyar el proyecto de Cristina de Kirchner. Eso, más algunas flexibilizaciones posibles en las regulaciones sobre liquidación de exportaciones y una garantía de precio real a los productores es lo que el kirchnerismo llama cambio. «Cada diputado tiene que llevarse algo a su provincia; de lo contrario no convencemos a nadie», confiaban anoche en el bloque oficial.
Por el contrario, Néstor Kirchner ordenó desde la tribuna de una asamblea de bancarios que se apoye a su esposa y no se afloje en la pelea. Por si faltaban algunos elementos, insistió contra quienes los quieren desestabilizar desde el campo.
Ese apriete del ex presidentefue recibido como un baldazo de agua helada en la conduccióndel bloque kirchneristaque se esfuerza en crear un nuevo idioma para que la palabra «modificación» tenga otros significados. Sobre todo para los diputados de las provincias agropecuarias, que deberán volver a sus ciudades con algún triunfo en las manos, si no quieren ser expulsados después de levantar la mano para aprobar las retenciones de Cristina de Kirchner.
La oposición tampoco parece entender lo que sucede. Olvidan que fue regla del peronismo en todos sus gobiernos no perder una sola votación en el Congreso.Le pudo pasar a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa, pero no a ellos. Por eso no se entiende cómo los partidos opositores no han unificado aún criterios para un proyecto alternativo común, creyendo que es mejor esperar a que el kirchnerismo acepte cambios y entonces negociar una versión unificada. Menos aún que no repararán en que algunas de las ideas opositoras que han estado dando vuelta pueden terminar conformando el proyecto final del oficialismo, aunque más no sea como complementos que hagan más digerible y modifiquen en los hechos la decisión central de mantener la Resolución 125.
En ese tren pocos recordaron ayer un caso testigo parecido al que se vive hoy en el Congreso con las retenciones: la privatización de YPF. Cuando Carlos Menem le pidió al Congreso aprobar la venta de la petrolera estatal tenía a medio país en contra, incluida buena parte de los diputados peronistas. El radicalismo se negaba a apoyarla, a Menem los votos no le alcanzaban, los trabajadores de la empresa entraron en guerra, hubo cortes en rutas del norte y el sur del país y rebeliones en las destilerías. Comenzó entonces una tarea titánica: el riojano y sus operadores le reconocieron deudas a las provincias y promesas de regalías no pagadas -Santa Cruz fue una de las primeras, convirtiendo a Néstor Kirchner en un adalid de la privatización-, para los empleados hubo acciones y garantías de mantener la acción de oro para controlar los balances desde el Estado. Y hasta se prometió cubrir las necesidades sociales en el interior que hasta entonces financiaba la petrolera. Finalmente, y con medio país en contra, YPF se privatizó.



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