Metamorfosis: proyecto opositor se convierte en proyecto oficial

Economía

• Más voces disidentes en el oficialismo. Se calculan en 42 los votos que expresan diferencias en la bancada kirchnerista. • El ex presidente Néstor Kirchner insistió en dar la batalla para defender a su esposa, con expresiones como "vayan adelante", "no tengan miedo" o la imprecisa pero imperiosa "pónganla" (se supone que es la voluntad). • Hoy finalizan las presentaciones de catarsis en las comisiones, el próximo miércoles habría sesión para determinar si se abre o no la iniciativa oficial sobre las retenciones móviles. • Aunque no se sabe de ningún oficialista que vote en contra, es probable que se acepte otro proyecto que reduzca las retenciones y elabore una nueva ley de granos. • Quizás esta variante, de que un proyecto opositor se convierta en proyecto oficial, evite una fractura entre los peronistas y maquille el fracaso del gobierno.

El kirchnerismo del Congreso estaba empecinado ayer en generar un clima de negociación contra reloj para definir el próximo martes el dictamen del proyecto de ley sobre retenciones móviles que pidió Cristina de Kirchner. Ese es el único resumen posible de todos los anuncios de supuestos cambios en el proyecto que ventilaron durante todo el día hasta los diputados oficialistas. Más que una diferenciade criterios dentro del kirchnerismo y con la oposición, los distintos planteos en torno a la ley parecieron una discusión premeditada entre personas que no hablan el mismo idioma.

De ahí la confusión buscada por el oficialismo: aún no es posible entender qué significa «abrir el proyecto» o «modificarlo». Todo depende de quién lo diga y en qué momento. Que la oposición sostenga la necesidad de reformar la Resolución 125 parece un paso lógico para su estrategia, pero ¿a qué se refieren Alberto Cantero Gutiérrez, el presidente de la Comisión de Agricultura, o Agustín Rossi cuando hablan de modificaciones?

Para los productores agropecuarios que los escuchan, especialistas ya en protestas en las rutas, pero no en lenguaje parlamentario, esas afirmaciones pueden dar alguna esperanza sobre un cambio en las alícuotas que el gobierno no quiere aceptar.

Pero no parece ser así: el gobierno sigue montando en el Congreso una cortina de humo a la espera de lograr convencer a los rebeldes de su bloque con una batería de reformas que terminen modificando la Resolución 125 por afuera, pero sin tocar esa norma ya emblemática para el matrimonio Kirchner. Esa tarea estuvo a cargo de las comisiones de Agricultura y Presupuesto y Hacienda, pero los debates terminan y el tiempo parece ahora comenzar a apremiar.

  • Apuro

    Por eso apareció el apuro en el kirchnerismo por bajar al recinto, un intento de cerrar la cuestión cuando aún no cuentan con el número necesario para la votación, forzando definiciones. Hasta amenazan ahora con intentar una votación sobre tablas el próximo miércoles en Diputados. El mensaje que quiere imponer Rossi, entonces, no está dirigido sólo a la propia tropa, sino también a Néstor Kirchner, que sigue exigiéndole a su bloque una votación sin aceptar ninguno de los cambios que pretenden los productores o la oposición.

    El ex presidente no ayudó ayer en la política de negociar contra reloj para conseguir consensos dentro de su bloque a fuerza de ofrecer paliativos en carne, leche, trigo, arrendamientos, cítricos o subsidios, que el kirchnerismo promete a cada diputado propio que debe convencer de apoyar el proyecto de Cristina de Kirchner. Eso, más algunas flexibilizaciones posibles en las regulaciones sobre liquidación de exportaciones y una garantía de precio real a los productores es lo que el kirchnerismo llama cambio. «Cada diputado tiene que llevarse algo a su provincia; de lo contrario no convencemos a nadie», confiaban anoche en el bloque oficial.

    Por el contrario, Néstor Kirchner ordenó desde la tribuna de una asamblea de bancarios que se apoye a su esposa y no se afloje en la pelea. Por si faltaban algunos elementos, insistió contra quienes los quieren desestabilizar desde el campo.

    Ese apriete del ex presidentefue recibido como un baldazo de agua helada en la conduccióndel bloque kirchneristaque se esfuerza en crear un nuevo idioma para que la palabra «modificación» tenga otros significados. Sobre todo para los diputados de las provincias agropecuarias, que deberán volver a sus ciudades con algún triunfo en las manos, si no quieren ser expulsados después de levantar la mano para aprobar las retenciones de Cristina de Kirchner.

    La oposición tampoco parece entender lo que sucede. Olvidan que fue regla del peronismo en todos sus gobiernos no perder una sola votación en el Congreso.Le pudo pasar a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa, pero no a ellos. Por eso no se entiende cómo los partidos opositores no han unificado aún criterios para un proyecto alternativo común, creyendo que es mejor esperar a que el kirchnerismo acepte cambios y entonces negociar una versión unificada. Menos aún que no repararán en que algunas de las ideas opositoras que han estado dando vuelta pueden terminar conformando el proyecto final del oficialismo, aunque más no sea como complementos que hagan más digerible y modifiquen en los hechos la decisión central de mantener la Resolución 125.

  • Recuerdos

    En ese tren pocos recordaron ayer un caso testigo parecido al que se vive hoy en el Congreso con las retenciones: la privatización de YPF. Cuando Carlos Menem le pidió al Congreso aprobar la venta de la petrolera estatal tenía a medio país en contra, incluida buena parte de los diputados peronistas. El radicalismo se negaba a apoyarla, a Menem los votos no le alcanzaban, los trabajadores de la empresa entraron en guerra, hubo cortes en rutas del norte y el sur del país y rebeliones en las destilerías. Comenzó entonces una tarea titánica: el riojano y sus operadores le reconocieron deudas a las provincias y promesas de regalías no pagadas -Santa Cruz fue una de las primeras, convirtiendo a Néstor Kirchner en un adalid de la privatización-, para los empleados hubo acciones y garantías de mantener la acción de oro para controlar los balances desde el Estado. Y hasta se prometió cubrir las necesidades sociales en el interior que hasta entonces financiaba la petrolera. Finalmente, y con medio país en contra, YPF se privatizó.
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