¿Fin a enemistad? El secretario de Comercio Interior, Guillermo
Moreno, y la ministra Felisa Miceli se dirigen -entre
ellos, el vocero Silvio Robles- al salón del hotel donde se
efectuó el seminario contra el FMI.
La ministra de Economía, Felisa Miceli, una vez más criticó fuertemente las políticas de ajuste del Fondo Monetario (FMI), y anticipó que la Argentina, junto a otros países del Mercosur, propondrá en la próxima asamblea del FMI en Singapur, que el organismo adopte un rol de «supervisor» en pos del crecimiento económico mundial y que readecue su estructura administrativa.
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Miceli cerró ayer el seminario que ella misma organizó: «Desbalances globales y arquitectura financiera internacional». Contó con un panel de economistas, que tampoco escatimaron críticas al desempeño del Fondo Monetario Internacional en el manejo de las últimas crisis financieras mundiales.
El economista Jan Kregel, de las Naciones Unidas, defendió la decisión del pago anticipado al organismo: «Fue una medida muy buena ya que permite a la Argentina tener una política independiente, sin las condicionalidades que pone el FMI». «Eliminar el problema de financiamiento, sin depender del Fondo, permite negociar en una posición de mayor fortaleza», indicó.
En tanto, Federico Sturzenegger, ex secretario de Política Económica en la gestión de Domingo Cavallo, sostuvo que «el FMI no pudo cumplir cabalmente su rol como prestamista de última instancia, no pudo proveer de fondos rápidamente ante las crisis».
También criticó que ese organismo no haya «nunca lanzado una línea de crédito que cuando el país tenga problemas no pague los intereses».
Conceptos salientes
Las principales declaraciones de Miceli ayer fueron las siguientes:
La complejidad y singularidad de los actuales desbalances globales requiere hoy más que nunca una acción coordinada de la comunidad económica internacional que establezca criterios precautorios.
El crecimiento de la economía mundial continúa siendo vigoroso como consecuencia del aumento de la demanda asiática y del crecimiento de los Estados Unidos, aun cuando los desequilibrios externos se han vuelto más agudos y representan una incipiente amenaza para el mediano plazo.
Debemos aprovechar este ciclo económico favorable para introducir los reajustes necesarios en las políticas con el objeto de revertir los desequilibrios globales, evitando efectos adversos en el crecimiento y en el empleo.
El FMI puede ayudar en forma decisivaa lograr un entendimiento multilateralque permita a las principales economías armonizar gradualmente sus políticas económicas. Sólo hace falta que forme parte de la solución, y no del problema; queremos que proponga soluciones a los desequilibrios que tiendan a potenciar el crecimiento de la economía mundial y no se limite a fórmulas de ajuste que terminan siendo perjudiciales para la economía.
La posición que la Argentina ha sostenido es que los países asiáticos deberían incorporar paulatinamente las normas de la Organización Internacional del Trabajo en su regulación laboral para permitir una reducción gradual del desbalance en los costos laborales, a la vez que mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Los superávits de los países que financian los desbalances globales son el resultado en muchos casos de una tendencia al autoaseguramiento, fruto de la mala experiencia en las salidas de las crisis de los últimos 15 años, donde el supuesto prestamista de última instancia, el FMI no ofreció soluciones a las crisis.
Se necesitan cambios en el FMI para reflejar mejor la importancia relativa de los países en desarrollo dentro de la economía mundial. Sin duda, esto contribuiría a mejorar la credibilidad del Fondo Monetario. Pero dudamos que sea posible realizar una reforma significativa sin revisar la fórmula de cálculo de las cuotas que se utiliza actualmente.
El enfoque según el cual un determinado grupo de países recibirá aumentos selectivos, dejando para una segunda fase la revisión de la fórmula, no sería más que una fachada para mantener el statu quo.