28 de marzo 2006 - 00:00

Moyano emplazó a Kirchner: en 10 días aumento salarial

Hugo Moyano visitó ayer en dos oportunidades la Casa Rosada. Se reunió con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Algunos de sus colegas dijeron que lo hizo también con Néstor Kirchner. Pero era importante negar, como hizo el gobierno, que el Presidente participó del encuentro. Sucede que el camionero fue a esos encumbrados despachos con un ultimátum: quiere que antes del 6 de abril haya un aumento del salario mínimo, vital y móvil. Pretende llevarlo a cerca de 1.000 pesos, pero depende de que el Ejecutivo convoque al Consejo que fija esa suma, clave en tiempos de inflación. ¿Por qué tanta urgencia? Para ese día está prevista la reunión del Comité Central Confederal, y muchos gremios amenazan con no concurrir. Están irritados porque el camionero se ha llenado los bolsillos de «conquistas» sin que los beneficios de su acuerdo con el gobierno se derramen sobre el resto del sindicalismo. Celos por prebendas, claro. A los representantes de trabajadores con más salarios ya les llegó su beneficio con el aumento del mínimo no imponible de Ganancias. Ahora presionan los de ingresos más modestos, y Moyano quiere satisfacerlos con la suba del mínimo vital y móvil para no quedar sin quórum en su propio congreso.

El secretario general de la CGT, Hugo Moyano, atraviesa días tormentosos, más allá de algún que otro festejo, como el que le proporcionó Hugo Curto el jueves pasado a él y a su segundo, José Luis Lingieri, para celebrar la estatización de Aguas Argentinas. Sufre Moyano, como si hubiera perdido el control del proceso que, supuestamente, debería conducir. Ayer visitó la Casa Rosada para reunirse con Néstor Kirchner y Alberto Fernández. El encuentro estuvo minado por la confusión: mientras los funcionarios hablaron de que la entrevista fue sólo con el jefe de Gabinete, cables de agencias noticiosas inspirados en el sindicalismo (entre ellos uno de la oficial, «Télam») no sólo referían la participación del Presidente en el encuentro sino, también, un entredicho con el camionero por las presiones salariales que provienen de los gremios del transporte.

Mientras tanto, Moyano convocó al plenario de secretarios generales para mañana, con el argumento de ir organizando el Comité Central Confederal que está previsto para el 6 de abril. Está inquieto el camionero. Sabe que el «efecto riqueza» que alcanza a los camioneros durante el gobierno santacruceño no derrama hacia los demás capitostes sindicales, que han comenzado a planear lo peor: ausentarse del Comité Central Confederal que se organiza para abril.

Para evitar ese papelón, Moyano piensa seducir a los distintos sindicatos con algunas «conquistas»: como si se tratara del Congreso de la Nación, él debe seducir a los representantes gremiales para conseguir quórum. O, por decirlo con sus propias palabras, tendrá que «arreglarlos con la Banelco».

En este caso, «la Banelco» es un aumento del salario mínimo, vital y móvil, dispuesto por el Consejo que debe ser convocado por el Estado. De eso habló ayer Moyano con el jefe de Gabinete, Fernández. «El consejo debería haberse reunido ayer», dijo, exigente, el sindicalista. ¿También habló con Kirchner? Es probable que no. La demanda de un incremento en ese sueldo mínimo tiene lógica en la interna sindical. Los trabajadores con mejores salarios ya se beneficiaron con el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, que es un equivalente a un aumento en sus ingresos. En cambio, los asalariados con haberes más modestos pertenecen a sindicatos con poca capacidad de negociación y dependen del poder del Estado para conseguir mejoras: para ellos, Moyano quiere conseguir la reunión del Consejo.

Para la Casa Rosada se trata, aunque suene políticamente incorrecto, de ir a pedir un aumento de precios (en este caso, los salarios) en un momento en que todos los esfuerzos están dirigidos a controlar políticamente la inflación.

• Versiones

Sin embargo, los sindicalistas más pícaros dejaron filtrar ayer a la prensa que moyano pegó unos gritos ante Kirchner. Por eso era tan importante desmentir la entrevista. Las versiones, originadas en la propia CGT, afirmaron que el jefe de la central obrera le dijo al Presidente: «Yo no puedo bajarme del reclamo salarial de 28% para mis trabajadores». Quien pensó la posibilidad de esta conversación, negada anoche por todas las partes, conoce otro drama de la vida de Moyano: por motivos diversos, el vínculo con su hijo Pablo se está deteriorando. Fue precisamente el irascible Pablo Moyano quien afirmó que «del 28% no nos bajamos», mientras ponía fecha cierta a la jubilación de su padre como dirigente sindical: «Dentro de 10 años Hugo se va y yo quedo al frente de la Secretaría General». Por lo visto, los Moyano han constituido una monarquía. De elecciones, ni palabra. Más allá de esas modalidades en el manejo institucional, lo importante que dijo Pablo Moyano es que su sindicato, el de camioneros, está dispuesto a ignorar el tope salarial que sigilosamente fijó el Presidente para la homologación de las paritariaspor parte de Carlos Tomada, el ministro de Trabajo: 15% como máximo.

Más allá de parricidios, peleas por la desigual atención que el gobierno presta al sindicalismo y reclamos por el Consejo del Salario, tanto Alberto Fernández como Julio De Vido presionan sobre el sindicalismo del transporte para evitar una nueva crisis en Aerolíneas Argentinas. Como se consignó en este diario, los sindicatos sobre ruedas (esto incluye a pilotos y técnicos de aviones) han sido los mimados del gobierno y, a la hora de la devolución, los más conflictivos. Moyano afirmó ayer que no había recibido ninguna solicitud de Kirchner para que moderara a los gremios en conflicto de Aerolíneas. Pero esa negativa no incluyó a Fernández. Una curiosidad insólita: le reclaman al secretario general de la CGT que modere a pilotos y mecánicos de avión, cuando estos últimos son conducidos por un sindicalista, Rubén Cirielli, quien a la vez se desempeña como subsecretario de Transporte Aerocomercial del gobierno.

Para que no todas sean intrigas, intoxicaciones de prensa, extorsiones por celos en el reparto de bienes que realiza el gobierno y peleas en el seno familiar, Moyano pudo solazarse el jueves pasado en casa de otro Hugo, Curto. El intendente de Tres de Febrero, por años tesorero de la UOM, reunió a varias decenas de dirigentes sindicales y políticos para festejar la estatización de Aguas Argentinas.

Peronismo del '50 para todos, alentado por este heredero de Lorenzo Miguel. Rey de la fiesta, José Luis Lingieri, el sindicalista en cuyas manos fue puesta la gestión de la nueva empresa estatal. Lo agasajaron Moyano, José María Díaz Bancalari ( abogado histórico de la UOM), Carlos Acuña (estaciones de servicio), Omar Viviani (taxistas) y otra treintena de dirigentes gremiales. ¿Lo más importante de la celebración? La presencia de Julio De Vido, el estatizador, quien ahora recibe también la gratitud de Lingieri casi tanto como de Moyano.

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