No es magia: cómo aprender de países que lograron crecer

Economía

En pocos meses iremos a las urnas, con cierta resignación acerca de qué tanto podremos torcer el curso de los acontecimientos. Seguimos en la senda de la decadencia. Mientras el mundo nunca tuvo tanta fluidez de capital, Argentina, casi como aquel que cuando llueve tiene un tenedor, no logrará captarlo y año tras año derrapa sin parar.

Pero me resisto a pensar que si otros países con historias más marcadas y largas de pobreza, lograron salir, nosotros no podamos. De hecho, me dediqué a estudiar los casos de países que hace 70 años eran pobres cuando Argentina era rica. Ellos lograron desarrollarse y crecer. Nosotros solo decaímos, con breves e insostenibles períodos de optimismo pasajero.

La buena noticia es que hay lecciones de las que podemos aprender. Puse el foco en Chile, China, Irlanda, Noruega, Corea del Sur y Alemania, y amén de características propias, todos eligieron sendas parecidas: apostaron a instituciones económicas fuertes, optaron por la libertad para hacer negocios, ejercieron una fuerte disciplina fiscal y abrieron sus economías al mundo.

Corea, mediante un plan económico y el fomento de los conglomerados económicos (chaebols) salió de la más absoluta pobreza, guerras internas y sufrimiento, logrando crecer: hizo de la innovación su principal motor de desarrollo industrial. Con una población similar a la nuestra y sin recursos naturales, logró un crecimiento del PBI per cápita en setenta años de un 3.793%, despegándose de su vecino del norte de una manera pavorosa y ejemplar.

Noruega usó virtuosamente el petróleo de su mar territorial, aprendió a sustraerlo y blindó esa riqueza para la generación actual y futura. Su “maldición”, gracias a un fuerte sentido de responsabilidad colectiva en la gestión responsable de un recurso natural clave, se tradujo en su principal fortaleza. Un buen ejemplo de cómo podríamos abordar la “riqueza potencial” que presenta Argentina con la soja o con Vaca Muerta.

Chile, más allá de las polémicas en torno a sus políticas de derechos humanos, logró crecimiento sostenido con coherencia y aunque hoy manifiesta fuertes interrogantes, creció y se desarrolló de manera notable, abriéndose al mundo y con un férreo equilibrio fiscal.

China, un país comunista y entre los más pobres del mundo hace 70 años, logró abrirse al mundo, haciendo de las exportaciones el motor de su economía.

Irlanda, un país chico, de poca población, clima inclemente y una larga historia de pobreza y dominación, dejó de ser el “vecino pobre” de Inglaterra para pasar a ser el cuarto país del mundo medido por el PBI per cápita. La rebaja significativa de sus impuestos lo convirtió en el centro de negocios de Europa y dinamizó de manera determinante su economía.

Alemania de pos guerra logró un desempeño ejemplar haciendo foco en la productividad, con una fuerte valorización de la cultura del trabajo. Lo hizo, como en el caso coreano, ante la mirada inquisidora e incómoda de su vecino Alemania Oriental. La historia demostró que hubo un camino más virtuoso.

Evidentemente no se trata de culturas o geografías. Los casos son diversos. Tampoco existe ejemplo perfecto. Los 6 países tuvieron y tienen tensiones, pero lograron mejorar la vida de sus ciudadanos de manera masiva y sostenida, sin juegos de suma cero ni privilegios para pocos. Para ninguno fue un camino fácil, ni lineal ni privado de dificultades: en todos hubo altibajos, marchas y contramarchas, pero también hubo consensos básicos sobre la dirección del cambio, liderazgos que habilitaron procesos audaces y actitudes humanas destacables: fueron personas, no superhéroes ni sociedades superdotadas quienes generaron el crecimiento.

Ricas lecciones para nuestro país que se empecina en probar las mismas cosas esperando resultados distintos. La evidencia está sobre la mesa: llegó la hora de exigir a nuestros políticos tomar otras medidas: ellos necesitan de nuestros votos, nosotros necesitamos políticas probadas que llevan al desarrollo. Casi como en nuestros hogares: debemos demandar que se cuide la plata, que no se gaste más de lo que se tiene. Exigir que se arme un fondo de reconversión al tomar deuda, que se trabaje para una moneda estable, que se den ciertos acuerdos mínimos de previsibilidad económica.

Argentina tiene la chance de elegir sendas de crecimiento, con los beneficios que hoy da la innovación, la tecnología y el incremento de la productividad. No somos especiales. Muchos pudieron hacerlo: nosotros también podemos progresar de forma ilimitada y volver a la senda del crecimiento. En parte, de nuestro voto depende.

(*) Economista. Fundador de Inversor Global, Totallia, Poket y South Ventures.

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