El senador Roberto Urquía es uno de los dueños de Aceitera Deheza, la principal empresa exportadora de aceite de soja del país. En las últimas elecciones se presentó como candidato a diputado nacional por el kirchnerismo cordobés y fue electo, pero la Presidente le pidió que no asuma ese cargo y pase a presidir la estratégica Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado hasta 2009. Por su ultrakirchnerismo no lo dudó ni un instante. Pese a esta alineación oficial, es un interlocutor válido de los temas del sector agropecuario. A continuación, los tramos salientes del reportaje concedido a Ambito Financiero.
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Periodista: ¿Cree que la Argentina está blindada y que no se verá en absoluto afectada por la actual crisis internacional y la previsible desaceleración del crecimiento de EE.UU.?
Roberto Urquía: Quizá «blindada» es un término demasiado absoluto; creo más bien que la economía argentina está fuerte, con superávit permanente de balanza comercial y nivel de reservas histórico, casi de 50.000 millones de dólares, y mi impresión es que va a ser difícil que llegue a la Argentina este serio problema financiero que está atravesando la economía mundial.
Irrupción
P.: ¿Cree que los precios de los commodities se van a mantener altos?
R.U.: Soy un convencido de que estos precios llegaron para quedarse y son precios muy altos. Claro que mi padre siempre decía: «Haceme mago, que te hago rico». Pero creo que son precios que han llegado para quedarse fundamentalmente por la irrupción en el mercado de commodities de un conjunto de países con muchos habitantes, que empezaron a aumentar su nivel de vida, como China e India. Cuando viene una recesión o una desaceleración del crecimiento, la gente puede postergar la compra de un electrodoméstico, la pintura de su casa y muchas otras cosas, pero no la comida.Entonces, puede haber en el mundo una desaceleración en el precio de los minerales y de todo aquello que puede ser medianamente prescindible, pero no en las commodities de la alimentación.
P.: Usted dijo alguna vez que conviene más un tipo de cambio como el actual con retenciones que un peso igual a un dólar sin retenciones. ¿Sigue pensando lo mismo luego del aumento de retenciones del año pasado?
R.U.: Lo que digo es que lo que tenemos que ver no es si hay o no retenciones, sino el tipo de cambio final para el hombre de campo. Pienso que con la coyuntura internacional de precios, que han venido subiendo permanentemente, hoy el campo tiene una rentabilidad interesante.
P.: ¿Considera que estos derechos de exportación deben reducirse a mediano o largo plazo? La realidad es que son muy cuestionados a nivel internacional.
R.U.: Todo depende del nivel del dólar, porque si dejan en cero estos derechos y el tipo de cambio en lugar de ser de 3,15 o 3,20 es de 2,40, la verdad no es lo mejor. En la Argentina lo hemos vivido muchos años. Por eso hay que ver cuál es el tipo de cambio relativo y todo está en relación con los precios internacionales. Chile, por ejemplo, que es un importador de los productos de los que hablamos, tiene bandas de precios y a medida que el precio internacional sube, el derecho de importación baja para que el precio en góndola no se mueva tanto. A la inversa que nosotros. A medida que el precio internacional baja, en Chile el derecho sube para ir compensando. No me disgustaría hacia futuro ir a un sistema de retenciones móviles, que tenga una relación directa con los precios internacionales. Esto daría certeza a los productores, porque si la soja sigue valiendo lo que vale, estos derechos son soportables. Si la soja cae como ocurrió años atrás, seguramente esos derechos serán demasiado altos.
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