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4 de mayo 2006 - 00:00

No gravitante reunión Lula, Chávez, Morales y Kirchner

Standard & Poor's -la famosa calificadora norteamericana- le mantuvo igual nota internacional a Repsol YPF. La acción de la brasileña Petrobras se mantiene alta y si ayer retrocedió apenas 0,21% es por la caída mundial del precio del petróleo (-3,1%). Esto ratifica lo que publicamos ayer: la actitud de Bolivia hacia su gas y el mucho menos gravitante petróleo no alarma. Más aún, se la considera una forma de discutir mejor el precio por sus productos, nada más que a «la manera latinoamericana»: anunciando el deseo con «nacionalización» y envío de soldados para ocupar algunos edificios de empresas petroleras, algo que sirve para el consumo interno. Con toda esa aparatosidad el mandatario Evo Morales quiso decir que quiere aumentar el precio del gas. No parece ilógico. Con mezquindad empresas extranjeras se llevaban 82% y dejaban en Bolivia 18%. Por las protestas -cuando aún Morales estaba en el llano político- pasaron a 50 y 50. Ahora quiere 82% que quede en Bolivia y 18% a las empresas extractoras. Puede ser elevado este intento. Puede mantenerse o subir para las empresas, según productividad de cada yacimiento. Además se hará previa auditoría del gobierno boliviano que precederá a la discusión. Todo en 180 días. Habrá que pagar más. La Argentina importa poco, 5%, y tendrá un costo bajo, unos 100 millones de dólares por año, que equivalen a alguno de los más baratos subsidios que otorga hoy internamente el gobierno. Para Brasil un poco más, mil millones. La riqueza boliviana, el gas, no es fácil de vender a distancia. Los países vecinos, en cambio, tienen productos como soja, carne, cobre que han tomado excepcional valor y llegan donde sea. Por tanto, los bolivianos ven en el mejor precio de su baluarte una forma de coparticipar la riqueza de países próximos enriquecidos. No puede ser muy objetado esto más allá de que se discuta un valor a acordar. Por eso la reunión de hoy de Iguazú tiene escaso sentido. Un socialista como Lula no puede enojarse porque un pobre quiera aumento de su ingreso. Se apuró, convocó, Kirchner lo acompaña, pero ambos van a terminar fortaleciendo a Hugo Chávez, que juega a las dos puntas y siempre gana. Más que el precio nuevo lo que preocupa es que para producir más gas, Bolivia tiene que lograr inversiones de empresas que podrían quedar enojadas y retacearlas. Pero difícil que alguien se vaya porque tendría rápidos sustitutos internacionales y con capital fijo valioso ya instalado. Además Bolivia crecerá en años a medida que se vaya agotando el gas en la Argentina.

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Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, con Hugo Chávez como mediador, recibirán hoy explicaciones de Evo Morales por la decisión anunciada el lunes de nacionalizar el negocio de los hidrocarburos en su país. La reunión, concretada a pedido del brasileño, comenzará alrededor de las 10 de la mañana en el Hotel Casino Iguazú y terminaría cerca de las 15.00, luego de un almuerzo en el que los cuatro presidentes piensan presentarse al público como los integrantes de un bloque energético sin mayores problemas.

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Esto sucederá sólo si Morales lleva a las Cataratas un argumento sólido sobre por qué no avisó con tiempo su decisión, además de, obviamente, presentar los datos que quieren recibir la Argentina y Brasil. Esto es, que no habrá incrementos importantes en el precio del gas en el mediano plazo y que las inversiones de Petrobras en territorio boliviano están a salvo. Cualquierotra posición por parte de Morales será tomada como un fracaso por parte de Kirchner y Lula, con lo cual incluso no se descarta que se suspenda el almuerzo. Quizá para que todo transcurra en armonía en el encuentro de hoy en Iguazú, anoche se encontraban en La Paz el venezolano Chávez con el boliviano Morales. La idea de este encuentro previo es que el caribeño ayude al líder cocalero a cerrar un discurso que, más o menos, sea amigable ante el argentino y el brasileño.

  • Moderador

  • Chávez se considera a sí mismo un conocedor cercano de Kirchner y Lula, además de ser un introductor de Morales en la vida política latinoamericana. Con estos argumentos, el venezolano quiere convertirse hoy en una especie de moderador multilateral para manejar el conflicto por la nacionalización de los hidrocarburos. No tendrá una tarea fácil, especialmente por el clima negativo que traerá la delegación brasileña. Ayer se conoció en la Cancillería argentina el dato de que en las últimas horas algunos funcionarios muy cercanos al presidente Lula da Silva habían hablado de no sólo llevar el caso boliviano al tribunal internacional de Nueva York (donde se tratan las diferencias comerciales internacionales basadas en violaciones de contratos) sino que además se mencionaba la alternativade expulsar a Bolivia del Mercosur como socio adherente. Esto fue luego desmentido a la Argentina por el canciller brasileño, Celso Amorim, pero se supone desde Buenos Aires que la idea en algún momento circuló por otras carteras del país vecino.

    Sucede que el gobierno brasileño es el que más preocupaciones expresó por la decisión de Morales, y aunque Lula aceptó que es «legítima y soberana», uno de sus ministros planteó la posibilidad de recurrir a tribunales internacionales (ver páginas 14 y 15). La nacionalización dispuesta por Morales impactó en Brasil y la Argentina, porque dependen del suministro de gas boliviano y por las empresas de ambos países vinculadas al sector energético.

    El gobierno boliviano anticipó que seguirá suministrando gas a Brasil y a la Argentina pero a un precio superior al que abonan hasta ahora. Esto fue confirmado ayer por el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB), Jorge Alvarado Rivas, que declaró por la mañana que su país se propone « aumentar el precio de venta» del gas «tanto a la Argentina como a Brasil». Las autoridades de Brasilia rechazaron esa posibilidad de inmediato.

    Rivas agregó que «es lógico que España y Brasil expresen su preocupación en defensa de sus empresas Repsol y Petrobras», pero recordó que el incremento del precio de exportación del gas había sido «anunciado en reiteradas oportunidades» por Morales, primero durante la campaña electoral y luego desde el gobierno.

    Petrobras es la firma extranjera con mayor presencia en Bolivia, donde explota 46% de las reservas de gas y produce 100% de la gasolina que se consume en ese país. Lula da Silva dijo que «no se deben exagerar los efectos de la decisióndel gobierno boliviano», y prometió que «el interés de una empresa o de un diplomático no va a prevalecer en la política externa de América latina». La frase, obviamente, está dirigida a que el clima en el encuentro de hoy en Iguazú al menos comience distendidamente. Luego, todo dependerá de las decisiones que explique Morales.

    La nacionalización bolivianatambién incrementará el precio del gas que recibe la Argentina, aunque con menos resonancia o gravedad que en Brasil, ya que ambos gobiernos habían acordado renegociar los contratos vigentes desde marzo de 2004. Esto era garantizado ayer por el ministro de Planificación, Julio De Vido, que había viajado recientemente a La Paz para asegurarse la provisión del fluido durante 2007 y para rediscutir el «precio solidario» que la Argentina abonaba por el fluido.

    Sin embargo, el aumento puede paralizar el futuro Gasoducto Nordeste entre ambos países, ya que empresas constructoras argentinas involucradas en el proyecto junto con Repsol de España anticiparon que un nuevo precio del gas boliviano torna «inviable» su realización por la supuesta falta de «rentabilidad».

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