Solamente hacía falta una cierta brisa contraria, que pudiera provenir bajo cualquierade las formas en danza, como para que la tímida corriente de reacciones -después del primer desastre en martes, el 27 de febrero- en los mercados se viera nuevamente sepultada por las ventas.
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Y fue en la víspera, haciendo honor a la leyenda del «martes 13», cuando no partió esto del Asia, sino que algunos indicadores que preocuparon de la economía norteamericana patearon el tablero por todo el mundo. A partir de un Dow Jones con durísima merma de 2%, el recuento de las víctimas resultó contundente y solamente quedó lo anecdótico: de quiénes caían más y cuáles algo menos.
En la vecindad regional, el Bovespa estuvo con un derrape de 3,4% y más o menos de igual intensidad es lo que se sufrió en Buenos Aires. Un Merval que alcanzó a decaer en un par de puntos del cierre previo -en su expresión de máxima- con 2.006, pero que cuando tomó por la pendiente se fue derecho a perforación del piso de los 2.000.
Y ya no pudo emerger; el mínimo del día de 1.988 solamente se acomodó a 1.990 en el momento de cerrar operaciones. El primer sondeo acerca de la calidad de la recuperación de los mercados resultó decepcionante: todo se desploma sin miramientos. Razones se invocan de todo tipo, pero todo confluye en una sola realidad.
Y es que el quiebre de confianza en todas las napas inversoras no se restituye con un par de ruedas de rebotes. Así se conforman estos movimientos que pueden causar más daño que el primer impacto, arrasando con la convicción que quedaba. El volumen estuvo en $ 72 millones de efectivo en acciones, para generar una brecha de 3,8% en los precios. Y Tenaris, cuarta baja del día con su 4,7%, ayer participó de lleno, pero la locomotora aplastó a los vagones. Y la Bolsa, descarrilada.
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