28 de abril 2022 - 00:00

Pese a las últimas ventas, la banca central mundial sigue apostando al oro

El nuevo contexto macro de alta inflación, altas tasas de interés y conflictos bélicos en Europa promete tener al metal precioso como uno de los protagonistas en la administración de las reservas de los bancos centrales.

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El oro sigue jugando un papel relevante en la gestión de las reservas de los bancos centrales de todo el mundo, que son importantes tenedores del metal precioso. Basta señalar que, según las últimas estadísticas compiladas por el IFS del FMI, el BIS, el WGC, y otras entidades y organismos financieros internacionales, los bancos centrales tienen en sus reservas casi 35.590 toneladas, de las cuales, por ejemplo, 10.774 toneladas están en manos de la UE, incluyendo el BCE a cargo de Christine Lagarde. Es así que el stock total de reservas de oro de la banca central mundial representa, aproximadamente, más de u$s2,23 billones, algo así como cinco veces el PBI argentino. A modo de referencia, el total de oro en las reservas de los bancos centrales equivale a una quinta parte de todo el oro extraído en el mundo, lo que habla de su influencia.

Desde que comenzó la pandemia global, la banca central aumentó su tenencia de reservas de oro en más de 800 toneladas y en más de 4.600 toneladas en los últimos diez años. De modo que las apuestas al metal precioso datan de, por lo menos, una década atrás, es decir después de la crisis financiera global pero se intensificaron en los últimos años. Según explican los principales expertos de este mercado, la perfomance del oro en lo que val de 2022 responde a la creciente aceleración infalcionaria, a las tasas de interés más altas y al riesgo geopolítico inesperado, léase la guerra ruso-ucraniana. Y si bien los organismos como el FMI compilan las estadísticas a partir de las tenencias informadas por los diferentes países, por lo que suele haber cierto desfasaje con la realidad, los datos globales se van nutriendo de las compras y ventas informadas por los bancos centrales, el mercado y distintos convenios existentes como el Central Bank Gold Agreements (CBGA). En tal sentido, de acuerdo con operaciones detectadas e informadas por el mercado, las reservas mundiales de oro de la banca central cayeron 4 toneladas en marzo siendo el segundo mes consecutivo de ventas netas, algo que no se veía desde 2020.

Sin embargo, a pesar de una disminución acumulada de 18 toneladas, las reservas mundiales de oro se mantienen cerca de las 35.600 toneladas, su nivel más alto desde 1990. Kazajstán fue el mayor vendedor del mes, reduciendo sus reservas de oro en 12 toneladas (ya había vendido otras 5 toneladas en febrero) y ahora sus reservas suman 368 toneladas (son el 69% de las reservas totales), mientras que Uzbekistán vendió una modesta tonelada (sus reservas de oro aún representan el 60% de las reservas totales, suman 338 toneladas). Por el lado de las compras, se vio que estuvieron dominadas por Turquía, que agregó 5 toneladas más a sus reservas de oro en marzo (sumando 37 toneladas en el año y elevando sus reservas a 431 toneladas, representan 28% de las totales), mientras que India compró 2,5 toneladas elevando sus tenencias totales a 760 toneladas e Irlanda agregó 1 tonelada más, siendo la séptima compras mensual consecutivas desde septiembre de 2021, lo que eleva sus reservas totales de oro a 12 toneladas (6% de las reservas totales).

Respecto a los CBGA, cabe explicar que surgieron a raíz de la alta concentración de las tenencias en las economías avanzadas de Europa Occidental y de América del Norte, lo que para algunos expertos es un legado de los días del patrón oro. Lo que sí está claro es que esto significa que los bancos centrales tienen un inmenso poder de fijación de precios en los mercados del oro. En reconocimiento de esto, los principales bancos centrales europeos firmaron el primer CBGA en 1999, conocido como el Acuerdo de Washington, que limita la cantidad de oro que los signatarios pueden vender colectivamente en un año. Este acuerdo se produjo después de un período de creciente preocupación de que las ventas de oro descoordinadas de los bancos centrales estaban desestabilizando el mercado, lo que provocó una fuerte caída del precio del oro. En ese momento, los bancos centrales poseían casi una cuarta parte de todo el oro que se estimaba en superficie, equivalente a unas 33.000 toneladas, y tenían una posición de enorme influencia en los mercados del oro. Desde entonces ha habido tres acuerdos más, en 2004, 2009 y 2014. De modo que los bancos centrales tienen el compromiso de ser administradores de mercados estables, en particular cuando se trata de su propio comportamiento de inversión. Quienes ponderan las bondades de estos acuerdos señalan que los cambios bruscos en el precio del oro antes del primer CBGA muestran cómo sería un mundo sin ellos, por lo que estos pactos han brindado al mercado del oro transparencia y el compromiso de los bancos centrales mundiales de no participar en ventas de oro a gran escala sin coordinación. Además sostienen que los acuerdos han sido beneficiosos para todos los integrantes del mercado del oro desde los productores, fabricantes, inversores y consumidores y, en particular, para los países pobres muy endeudados, varios de los cuales son grandes exportadores de oro. Claro que también los bancos centrales se han beneficiado de los acuerdos debido a la mayor estabilidad que han aportado al mercado del oro y al valor de mercado de las reservas.

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